CROAK. Obra de teatro para actores y títeres. 3ª parte.

Ilustración de castillo y ratones

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Escena 7

(Aparecen nuevamente las RATAS cantoras.)

RATA 1: ¡Nos tomaron por sorpresa!

AMBAS RATAS: ¡Nos tomaron por sorpresa!

RATA 2: ¡Esto es como un cachetazo!

AMBAS RATAS: ¡Esto es como un cachetazo!
Spanlo: esto en teatro…
más que toro ¡es un torazo!
¡Ea ea ea ea, ea ea ea é!
¡Ea ea ea ea, ea ea ea é!

RATA 1: ¡Estamos desorientadas!

AMBAS RATAS: ¡Estamos desorientadas!

RATA 2: Y la historia está en la cima.

AMBAS RATAS: Y la historia está en la cima.
Algún niño inteligente…
¡que nos dicte algunas rimas!
¡Ea ea ea ea, ea ea ea é!
¡Ea ea ea ea, ea ea ea é!

RATA 1: Ahora sí ya nos marchamos.

AMBAS RATAS: Ahora sí ya nos marchamos.

RATA 2: A comer unas bellotas.

AMBAS RATAS: A comer unas bellotas.
Mientras tanto preguntamos:
¿dónde estás, gato con botas?
¡Ea ea ea ea, ea ea ea é!
¡Ea ea ea ea, ea ea ea é!
(Esta vez nada ocurre. Las RATAS se sorprenden. Miran hacia ambos lados y, al ver que nada aparece, repiten los últimos versos. Esta secuencia se hace dos veces.)
Mientras tanto preguntamos:
¿dónde estás, gato con botas?
¡Ea ea ea ea, ea ea ea é!
¡Ea ea ea ea, ea ea ea é!

(Entran FURIBUNDA , FELIPILLO , OCTAVIO y NACHO .)

FURIBUNDA: (A los gritos.) ¡Bueno, bueno, basta de canturrear! ¿No se dan cuenta de que esta entrada no estaba prevista? ¡El gato nunca va a aparecer! Además, recién lo vimos al muy cretino durmiendo detrás de bambalinas. ¡Vamos, fuera, ratuchas, fuera! (Las RATITAS salen muertas de risa.) ¡Vamos, muchachos! Aguardaremos hasta que salga el Rey, y ni bien lo veamos, ¡entramos en acción! ¡A sus puestos!

(Cada uno toma un lugar, se esconden y espían.)
(Entra el REY haciendo movimientos al aire con su espada, como practicando un combate feroz. SILVERIO por detrás.)

REY: Ahora no puedo, Silverio. Tengo mi clase de esgrima.

SILVERIO: ¡Pero escúcheme, majestad! ¡Un segundo!

REY: Bueno… ¡uno! Ya pasó, ¡adiós! (Sale haciendo movimientos de pelea en el aire.)

SILVERIO: Soy un desdichado, y él, un rey maleducado.

(Lo intercepta el lobo disfrazado de anciana.)

NACHO (ANCIANA): ¡Jovenzuelo! No se altere y cómase una manzana, las vendo solo a un pesito.

SILVERIO: Gracias, anciana, pero no como frutas.

NACHO (ANCIANA): Lo mal que hace, lo mal que hace. Debe comer frutas, jovenzuelo. Aportan muchos nutrientes y mantienen fuertes los dientes.

SILVERIO: (Se interesa.) Mmm… ¿No me miente?

NACHO ( ANCIANA ): ¡No le miento! ¡Pruébela! Por solo dos pesitos es suya, jovenzuelo…

SILVERIO: ¡Pero recién me dijo un peso!

NACHO ( ANCIANA ): Usted sabe cómo es esto, jovenzuelo, cuanto más codiciado es el objeto de deseo, más se cotiza… (Perdiendo la paciencia.) ¿Y? ¿La va a probar o no? (Con su propia voz de lobo.) ¡Vamos, que no tengo todo el día!

SILVERIO: ¡Mmm! No me convence… acá hay gato encerrado…

NACHO: (Harto. Sacándose el disfraz.) ¡Error! ¡¡Lobo encerrado!! ¡Auuuuu! ¡Auuuuu!(SILVERIO se desmaya al instante. Todos se asoman.)

NACHO: ¡Listo!

FURIBUNDA: ¡Apurate, infeliz! ¡Sacale la llave, vamos! (NACHO le saca la llave a SILVERIO , se la da a FURIBUNDA y esta, a FELIPILLO.) ¡Felipillo, urgente, a por ella antes de que regrese el Rey!

(FELIPILLO corre hacia la entrada del palacio. Desaparece.)

OCTAVIO: ¡Que no se olvide de sacar el lic-bro de cuentos, croak!

FURIBUNDA: ¡Nachón, atento, que no se despierte! Yo echaré un vistazo por este lado por si vuelve el Rey. (Al cabo de unoSInstantes.) ¡Oh, no lo puedo creer, ahí viene! ¡Y los chicos no han salido todavía! ¡Nachón, ayudame antes de que me agarre un ataque de nervios!

NACHO: Calma, Furi, calma. Dejámelo a mí. Vos ocupate de ayudar a Felipillo.

FURIBUNDA: ¡Distraelo, demoralo! ¡Voy por Pepinillo y Casimira! (Sale corriendo hacia el interior del palacio.)

(NACHO se prepara para interceptar al REY , tratando de ocultar a SILVERIO . Vuelve a su personaje de anciana. Entra el REY , totalmente ido en su combate imaginario.)

REY: Un derecho, un revés y ¡pincho! Un derecho, un revés y ¡pincho! ¡Qué maravilla, soy el Rey de Espadas!

OCTAVIO: ¡Truco! ¡Croak!

NACHO (ANCIANA): ¡Oiga, jovenzuelo! ¡Pare un poco, pare un poco… y por solo un pesito pruebe esta manzana deliciosa!

REY: ¡No puedo, vieja ociosa! (Sigue en su combate, totalmente concentrado.) Un derecho, un revés, un derecho, un revés y ¡pincho!

NACHO ( ANCIANA ): Pero son realmente deliciosas, no le miento.

REY: No puedo, debo seguir con mi entrenamiento. (Sigue entrenando. De pronto, se ve interrumpido por un alarido. Es CASIMIRA gritando desde la ventana.)

CASIMIRA: ¡Auxilio! ¡Auxilio! ¡Una araña gigante, con patas espeluznantes! ¡Alguien que me ayude!

REY: ¡Esa voz me resulta conocida! ¡Voy corriendo, hija querida! ¡Un derecho, un revés y pincho!

FELIPILLO: ¡Socorro, socorro! ¡Nos va a comer una araña con cara de abejorro!

NACHO ( ANCIANA ): (Al REY , cortándole el paso.) ¡Joven, joven, una manzana por solo dos pesitos!

REY: ¡Gracias! ¡Que se la pague el sapito! ¡Adiós! (Le arranca la manzana de la mano y se encamina hacia el palacio.)

CASIMIRA: ¡¡Auxilio, auxilio!!

FURIBUNDA: (En off.) Callate, niña tonta, la araña soy yo, “la Furibunda”, y estoy acá para ayudarlos.

FELIPILLO: ¡Qué grande, Furi! ¡Yo sabía que no noSIbas a fallar!

FURIBUNDA: ¡Silencio! No hay tiempo que perder. Tejeré una telaraña en menos de lo que canta un gallo, y ustedes, descenderán por ella. ¡Rápido, antes de que llegue el Rey!

(Se asoman por la ventana dos patas de araña con agujas de tejer. Una telaraña empieza a descender por la ventana y en unos segundos llega al suelo. FELIPILLO y CASIMIRA , con el libro, comienzan a bajar. NACHO y OCTAVIO , los esperan abajo. Luego de ellos, desciende la araña, que ni bien toca el suelo vuelve a ser FURIBUNDA . Se escucha en off la voz del REY . Todos se esconden, espían y escuchan muy atentos.)

REY: ¡Casimira, hija mía! ¿Dónde estás? ¡Hija, contestame! ¡Casimira, Casimira! (Se asoma por la ventana. Reflexiona.)
Si no escuché mal, ella dijo algo de… ¿araña gigante? ¡Sí, araña gigante! ¡Oh, allí está su pañuelo blanco, en el suelo, lo veo, lo veo! ¡Claro, las arañas no comen pañuelos! ¡Oh, no, se la devoraron! (Empieza a llorar desconsoladamente.) ¡Silverio! ¡Silveriooo! ¿Dónde te metiste? ¡Contestame!
(Vuelve a salir del palacio. SILVERIO , ante tanto griterío, comienza a despertar.)
¡Silverio, esto es una tragedia! (El Rey se acerca a Silverio y lo sacude.)

SILVERIO: ¿Quién es usted? ¿Qué quiere? ¡No me toque! ¡Le dije que no quiero manzanas!

REY: ¿Pero qué decís, infeliz? ¡Reaccioná, Silverio, por favor!
SILVERIO: ¿Cómo dijo? ¿Infeliz? Sí, soy yo, mucho gusto, pero… ¿¿Silverio?? ¿Quién es ese? ¿Qué hago acá? ¿Quién soy?

REY: ¡Sos Silverio, mi asistente, mi mano derecha, mi gran amigo!

SILVERIO: ¿Ah, sí? ¡Tanto tiempo, amigazo!
(El lobo, sin que el REY lo vea, coloca lentamente una tinaja con agua al alcance de su mano. Este la toma y le arroja el agua a SILVERIO , quien finalmente reacciona.)

SILVERIO: ¡Su majestad! ¿Ya estamos en Carnaval? ¡Qué lindo, iupi, iupi!

REY: ¡Silverio, escuchame, una araña gigante se comió a mi bellísima Casimira!

SILVERIO: ¿Co-co? ¿Co-co? (Comienza a cacarear.) Co-co-co-co-co, ¿cómo dijo, mi señor?

REY: Tal como lo oíste. ¡Una araña gigante, del tamaño de mi palacio, con veinte patas espeluznantes y colmillos de elefante, se comió a mi única heredera, mi queridísima hija Casimira!

SILVERIO: (Quiebra en llanto.) ¡Oh, mi señor! ¡Qué suerte para la desgracia! ¿Una araña, dijo?

REY: ¡Una araña!

SILVERIO: ¡Qué cosa tan extraña! ¿Está seguro?

REY: Como que me llamo Arturo. Pero como decía mi abuela Gloria, “aún en el peor de los momentos, debes luchar por la victoria”. Saldré a buscar a ese bicho por mar y tierra, y no me daré por vencido hasta aplacar el dolor que mi corazón encierra, y si es necesario, por mi hija, ¡declararé una guerra!

SILVERIO: Yo me pregunto por qué no recuerdo nada, ¿habré probado una manzana envenenada?
(Reflexiona.) Lo último que recuerdo es… ¡sí, claro! ¡La anciana que vendía manzanas!

REY: ¡Ah, sí, sí! Yo también la vi, y una de sus manzanas me comí, ¡pero la verdad es que estaba riquísima! ¡Vamos, Silverio! No hay tiempo para recordar. Rápido, buscá mi otro florete, el más barato, el que parece de juguete, y salgamos a rescatar a Casimira. ¡Y cuando la encuentre, estrecharé mis brazos y le daré el mejor de los abrazos! ¡Le perdonaré todos los besos en la frente, en las mejillas, en las manos, en los tobillos, y respetaré su amistad con Felipillo, aunque le falte un tornillo! Quiero demostrarle cuánto la amo y gritar a los cuatro vientos ¡que mi vida no es más vida sin su vida!

SILVERIO: ¡Y viva la vida!
(Se escuchan aplausos incipientes que irán in crescendo. El REY mira desconcertado. Van apareciendo de a uno OCTAVIO, FELIPILLO, NACHO –que continúa disfrazado de anciana–, FURIBUNDA y la última en salir es CASIMIRA.)

REY: (Cae de rodillas al suelo.) ¡Casimira, hijita querida! ¿Dónde estabas, chiquitina? ¿Te sentís bien? (Estrechándola entre sus brazos.) ¡Qué susto! ¡Qué gran susto! ¡Qué grandísimo susto!

SILVERIO: ¡Con esta niña, no se gana para disgustos!

REY: ¿Dónde estuviste, mi angelito? ¿Combatiste a esa araña gigantesca?

FELIPILLO: (En complicidad con CASIMIRA y FURIBUNDA .) ¡Casimira es muy valiente, aunque no parezca!

CASIMIRA: ¡Un derecho, un revés, y pincho! ¡Un derecho, un revés, y pincho! (Imita los movimientos de espada de su padre. Todos ríen.)

REY: ¡Pero muy bien! ¡Esa es mi niña! ¡Te amo muchísimo!

CASIMIRA: ¡Yo también, papá, aunque seas tan Maximalísimo!

OCTAVIO: ¡Buec-no, buec-no! Son casi las siec-te de la tarde y el pescado sin vender, ¡croak!

SILVERIO: (Al REY , susurrando.) Majestad, creo que el golpe me ha dejado un poco turuleco, porque juraría que escuché hablar al batracio.

REY: (Respondiendo en susurro también.) Mmm… entonces los turulecos somos dos, porque me pareció lo mismo que a vos.

CASIMIRA: (Saca el libro de cuentos y se dispone a leer.) “Y así, tomándolo en sus manos, la más bella y codiciada de todo el reino, la rojiza Filomena, dio el beso más tierno jamás dado a un batracio, y el sapo volvió a ser su eterno enamorado, el príncipe verde”.
(Suena una mágica melodía. Comienza a salir humo y, entre el humo, el sapo empieza a girar hacia abajo, y emerge el Príncipe Verde.)
“Y colorín, colorado, este cuento ha terminado”.

FURIBUNDA: ¡Otra vez sopa! ¡Esa pelirroja me tiene harta y siempre me deja mal parada! ¡Y yo que pensé que esta vez iba a ser distinto! ¡Estoy decepcionada! ¡Lo mismo de siempre! ¿No les dije yo?
¡Todos felices, todos contentos, y yo termino otra vez sola como un perro… (Lo mira al lobo.) de Neandertal!

NACHO: ¡Ya tenía que dar la nota, y meterme en el baile! ¡Pará de pelearte con el mundo, che! ¿No querías un final feliz, infeliz? Entonces, ¡comportate!

SILVERIO: (Al REY , susurrando.) A este me parece que lo tengo visto… Lo que no me queda claro es si es un lobo disfrazado de vieja o una vieja disfrazada de lobo…

FELIPILLO: Es cierto lo que dice Nacho. ¡Tenés que estar contenta! ¡Nos ayudaste muchísimo!

OCTAVIO: ¡Es verdad!

CASIMIRA: ¡Sos una genia! ¡Aplausos! (Empiezan a aplaudir. FURIBUNDA se sonroja.)

REY: (Que estuvo escuchando muy atento.) ¡Chst, chst! ¡Un momento! ¿Cómo se llama la dama que quería un final feliz?

FURIBUNDA: (Que no quiere decir su nombre.) ¿Yo? Yo… eh… sí, yo, majestad, yo quería un final feliz…

REY: Sí, sí, eso ya lo entendí, pero… ¿cómo te llamás?

FURIBUNDA: ¿Yo? (Mientras piensa una respuesta.) Yo solo quería un final feliz… feliz… ¡Felisa! ¡Me llamo Felisa!

(Todos ríen, excepto el REY y SILVERIO.)

REY: Muy bien, entonces… Felisa, ¿te gustaría casarte conmigo?

FURIBUNDA: ¿¿¿Queeeeé???

REY: Lo que escuchaste, Felisa. ¿Querés casarte conmigo? ¡Me gustan mucho las mujeres temperamentales!

FURIBUNDA: ¡Ay… y me lo dice así, su majestad! (Mientras trata de arreglarse el pelo chamuscado.)
Y yo… con estas puntas florecidas… ay, no sé… debería dejar los hábitos… déjeme pensarlo… (Sin pausa alguna.) ¡¡Sí, quiero!!

REY: ¡Muy bien, me encantan las mujeres decididas! ¡Silverio! Para los niños, jugos y refrescos, y para nosotros… ¡champagne, s’il vous plaît!

(Comienza a sonar una versión “modernosa” de la marcha nupcial. El REY toma del brazo a FURIBUNDA y se dirigen a un pequeño altar improvisado. Todos se disponen en abanico, expectantes.
El sacerdote se da vuelta: es NACHO. Pantomima de la ceremonia. SILVERIO vuelve con las bebidas.
Aparecen las ratas. Y todos ríen y bailan, felices, mientras cae el telón.)

FINAL FELIZ

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