CROAK. Obra de teatro para actores y títeres. 2ª parte

Leer la primera parte de este guion teatral

Escena 4

(Aparecen nuevamente las RATAS cantoras.)

RATA 1: ¡Ay, qué susto nos pegamos!

AMBAS RATAS: ¡Ay, qué susto nos pegamos!

RATA 2: Zafamos por un pelito.

AMBAS RATAS: Zafamos por un pelito.
Gato negro, gato blanco…
¡andá a comerte un huesito!
¡Ea ea ea ea, ea ea ea é!Escena 4
¡Ea ea ea ea, ea ea ea é!

RATA 1: La historia se pone buena.

AMBAS RATAS: La historia se pone buena.

RATA 2: Si la bruja los ayuda.

AMBAS RATAS: Si la bruja los ayuda.
Furibunda, te diremos…
¡ay, qué bruja macanuda!
¡Ea ea ea ea, ea ea ea é!
¡Ea ea ea ea, ea ea ea é!

RATA 1: Los dejamos disfrutando.

AMBAS RATAS: Los dejamos disfrutando.

RATA 2: Volvemos en un ratito.

AMBAS RATAS: Volvemos en un ratito.
Mientras tanto preguntamos…
¿dónde estás, lindo gatito?
¡Ea ea ea ea, ea ea ea é!
¡Ea ea ea ea, ea ea ea é!

(Una voz en off grave y ronca les responde: “¡¡Acá!!”. Y vuelve a salir la pata de gato con garras.
Las ratas empiezan a temblar y a gritar. Al instante, huyen despavoridas, muertas de risa. Entran el REY y SILVERIO.)

REY: ¡Silverio, Silverio!

SILVERIO: Diga, majestad.

REY: Majestad.

SILVERIO: ¡Oh, qué tonto soy, volví a caer!

REY: Levántese.

SILVERIO: ¿De dónde, su majestad?

REY: ¡De la caída, infeliz!

SILVERIO: ¡Oh, doblemente tonto! (Pausa.) ¿En qué puedo servirle, excelencia?

REY: Hágame reír.

SILVERIO: ¿Cómo dice, mi rey?

REY: Que me divierta, vamos, ¡estoy aburrido! A veces se torna un poco aburrido ser rey y viudo.

SILVERIO: (Entre dientes.) Y malo.

REY: ¿Cómo dijo?

SILVERIO: Que sí, su majestad, que debe ser malo eso… eh… esa… ¡combinación!

REY: ¡Te daría un coscorrón! Ya me alteraste… ¡fuera de aquí!

SILVERIO: Pero, señor, le juro que lo que quise decir…

REY: ¡Fuera de aquí, ingrato!

SILVERIO: Como diga, excelencia. (Comienza a salir.)

REY: ¡¡Silverio!!

SILVERIO: Sí, majestad.REY: ¿¿Adónde vas, infeliz?? Decime, ¿cómo está Casimira?

SILVERIO: Muy triste, mi señor, extremadamente triste.

REY: ¡Así me gusta, así me gusta! ¡Ese beso en la frente le va a costar muy caro! ¿Pero quién se cree que es? ¿Blancanieves? Lo único que me faltaba, que se enamore del hijo del panadero… ¡una princesa con un panaderito! ¡Habrase visto, habrase visto!

SILVERIO: Pero sus padres elaboran unas masas riquísimas, majestad, y un pan flauta que ni le cuento…

REY: ¡A la flauta!

SILVERIO: También hacen muy rico el pan lactal.

REY: Ese siempre me cae mal.

SILVERIO: ¡Y ni le digo el pan de centeno!

REY: Me da miedo que tenga veneno.

SILVERIO: ¡Otro riquísimo es el pan de viena!

REY: Prefiero las salchichas.

SILVERIO: ¡Y ni le cuento el pan francés!

REY: ¡Eso es, eso es! ¡Un francés! ¡Para mi hija, un francés! Está decidido: quiero que mi hija se case con un francés, pero que hable inglés.

SILVERIO: Me temo, su excelencia, que no va a encontrar un francés que hable inglés. Los franceses son muy nacionalistas y detestan el inglés.

REY: (Empiezan a jugar con palabras en francés mezcladas con el inglés.) ¡S’il vous plaît, s’il vous plaît!

SILVERIO: S’il te plait…

REY: ¡Je suis the best! ¡The best!

SILVERIO: The best, sí. You are the best, majestad. You are the best…ia. (Al público.) ¡La bestia!

REY: Además, volviendo a mi pequeña heredera, no veo por qué tanta tristeza. ¡Castigos eran los de antes! Yo me acuerdo que mi querida abuela… ¡qué Dios la sostenga a la santa Gloria! Porque se llamaba Gloria y era una santa, y ojalá la sostenga, porque siempre se caía hacia un lado, pobre, era tan viejita…

SILVERIO: (Con marcado acento inglés.) No se vaya por las ramas, my King. Go on, go on, s’il vous plait…

REY: Le contaba que mi grandmother, la Gloria, cuando se enojaba, a mis hermanos y a mí nos mandaba al “rincón de la reflexión”, y nos hacía arrodillar sobre granos de maíz, así por dos o tres horas…

SILVERIO: ¡Gloriosa penitencia!

REY: Un día se olvidó que nos tenía allí, y a mí se me incrustó un grano de maíz en la rodilla, y al cabo de tres días brotó una planta enorme, llena de choclos. Era la atracción del pueblo.

SILVERIO: Su majestad, ¿tomó la pastilla hoy?

REY: ¿Cuál me tocaba, Silvery?

SILVERIO: La rojita, my Lord, la rojita. “Aplacax Delirium”. (Sale a buscar la pastilla.)

REY: Ah… muy bien. ¡Con un scotch on the rocks, please!

SILVERIO: Sírvase, my Lord.

REY: ¡Merci!

(La bandeja es una pandereta. El REY toma la píldora y empieza a escuchar una música. Empieza a cantar. SILVERIO lo acompaña tocando el pandeiro.)

REY:
Con medio peso, compré una chancha,
y esa chancha, me dio un chanchito.
Ya tengo chancha, tengo chanchito.
Y todo eso, con medio peso.
Y todo eso, con medio peso.
Con medio peso, compré una mosca,
y esa mosca, me dio un mosquito.
Ya tengo chancha, tengo chanchito,
tengo mosca, tengo mosquito.
Y todo eso, con medio peso.
Y todo eso, con medio peso.
Con medio peso, compré una rata,
y esa rata, me dio un ratito.
Ya tengo chancha, tengo chanchito,
tengo mosca, tengo mosquito,
tengo rata, tengo un ratito.
Y todo eso, con medio peso.
Y todo eso, con medio peso.

(Se van bailando y cantando.)

Escena 5

(Mientras tanto, en la altísima alcoba del palacio, se ve asomada a la altísima ventana a la bella CASIMIRA.)

CASIMIRA: El reloj de la plaza ya dio cinco campanadas, y aquí no ha pasado nada. ¿Dónde andará mi joven pretendiente? ¿Se estará cepillando los dientes? ¿Será que su amor se apagó de repente? ¿O lo habrá mordido una serpiente? Ahhhh… si pudiera tener una alfombra mágica como en los cuentos de Oriente… todo sería diferente.
(Suspira. A la escoba.)
¡Ay, amiga mía, si tan solo pudieras hablarme, seguramente tus palabras me servirían de consuelo!

ESCOBA: (Con voz muy dulce.) ¡Ay, m’hijita! Desconsuelo, alma al suelo. Mi hermosa princesita, yo solo sé barrer, soy la tercera generación de una familia que lo único que hace es fregar y fregar. La vida es más simple de lo que vos pensás.

CASIMIRA: ¡Ay, escobita, escobita! Estoy tan angustiada que hasta me parece escucharte. Creo que estoy loca de tanto amar.

ESCOBA: Paciencia, m ́hijita. Tarde o temprano, todo se acomoda de acuerdo a nuestros deseos, ya verás.

(Golpean la puerta de la alcoba.)

CASIMIRA: ¿Quién es?

SILVERIO: (En off.) ¡Cartero!

CASIMIRA: ¿Cómo?

SILVERIO: ¡Ja, ja! ¡No, niña, Silverio!

CASIMIRA: ¡Qué improperio!

SILVERIO: (Sigue en off.) Le traigo su refrigerio.

CASIMIRA: ¡Voy! (Se queda unos instantes en la ventana.) Levanto mis ojos al infinito cielo y le pido tan solo tres deseos: que baje un ángel para mi desconsuelo, que mi padre deje derretir su corazón de hielo y que Felipillo encuentre mi pañuelo. ¡Adiós!
(Arroja un pañuelito blanco. Desaparece de la ventana.)

SILVERIO: (Se escucha la llave abriendo la puerta. Con ironía.) Tome niña, ¡y siga disfrutando el cautiverio, jo, jo, jo!

Escena 6

(Llega FELIPILLO con una margarita. Se para enfrente de la ventana. Al instante, llega OCTAVIO.)

FELIPILLO: ¡Uhhh! ¡La hermosa Casimira no está más! ¿Será que ya no me pretende?

OCTAVIO: Pero pibic-to. Pensá en posic-tivo… ¡croak!

FELIPILLO: Voy a consultarle a la madre Naturaleza. La maestra siempre nos dice: “La Naturaleza es sabia”, así que seguro me va a dar una respuesta. (Comienza a deshojar la margarita.) Casimira me quiere mucho, poquito, nada. (A cada posibilidad, arranca y sopla un pétalo.) Me quiere mucho, poquito, nada… mucho, poquito, nada…

FURIBUNDA: (Interrumpe.) ¡Terminá con esa pavada! ¡Y dejá de arruinar las flores! ¡Vamos, recojan todos esos pétalos que los voy a usar en mi próximo ungüento!

OCTAVIO: Bueno, Furic-bunda, aflojá con tanto enojo.

FURIBUNDA: ¡Vos cerrá la boca o te doy un té de hinojo! ¡Y ya sabés lo que les pasa a los sapos con el hinojo!

OCTAVIO: Furic-bunda, tené ojo, que te voy a denunciar a la Asociación Protectora de Animales, ¡croak!

FELIPILLO: ¿Y? ¿Lo meditaste, Furi? ¿Nos vas a ayudar o no?

FURIBUNDA: ¡Pero sí, inútiles, por eso vine! Vamos a hacer lo siguiente…
(Suena el celular de FURIBUNDA . FURIBUNDA presiona un botón y atiende una grabación con su voz:
“Usted se ha comunicado con Furibunda, solucioneSInmundas. Para mal de amores, presione uno.
Para emergencias, presione dos. Para videncia telefónica, presione tres. Para amarres con sapos, presione cuatro”. Luego escuchar la última opción, FURIBUNDA mira fijo a OCTAVIO . Suena un bip y mira el teléfono.)

FURIBUNDA: ¡Oh, el dos! ¡Es una emergencia! Buenas tardes, mi nombre es Furibunda, ¿en qué puedo ayudarle?

VOZ EN OFF: (Del otro lado del teléfono.) Dejate de macanas y vení urgente que nos están morfando el rancho.

FURIBUNDA: Pero… ¿quién es el ordinario que habla? ¿Clave?

VOZ EN OFF: De queruza la merluza.

FURIBUNDA: Ah, sos vos lechuzón, ¿qué pasó?

VOZ EN OFF: ¡Venite urgente para acá, que hay una tal Gretel con otro ñato que se están morfando la casa! ¡Volá, volá!

FURIBUNDA: ¡Voy volando! (Se monta en su escoba, activa el GPS y le da instrucciones mientras presiona los botoncitos.) ¡Escóbula, escobícula, vuela rápido, ridícula!

VOZ DEL GPS: Recalculando, recalculando. No se reconoce el destino “ridícula”. Recalculando.

(FURIBUNDA se esfuma.)

FELIPILLO y OCTAVIO se miran.

FELIPILLO: ¿Y ahora qué hacemos?

OCTAVIO: Estamos eNApuros, pibic-to. Ahora que Furibunda se había dignado a darnos una mac-nito… ¡croak!

FELIPILLO: Bueno… dicen que la tercera es la vencida. ¿Si intentamos concentrarnos una vez más?

OCTAVIO: No hay dos sin tres. Intentémoslo otra vez, ¡croak!

FELIPILLO: Pero pensemos claramente en un HA-DA MA-DRI-NA.

OCTAVIO: Sí, sí, que sea joven, bella y esbelta.

FELIPILLO: Simpática y llena de energía. ¡Que irradie mucha luz!

OCTAVIO: Bueno, vamos pibic-to, a la cuenta de tres…

FELIPILLO: ¡A la una, a las dos y a las… tres!

(Ambos se concentran. Vuelve a sonar una dulce melodía. Comienza a salir humo y, entre el humo, aparece NACHO , un lobo demacrado, como recién apaleado.)

OCTAVIO: ¡Buec-no, buec-no! ¡Sapo que canta en enero se va despacio por el sendero! ¡Yoc me rajo, croak!

FELIPILLO: (Lo retiene.) ¡No te vayas, Octavio! ¡No me dejes solo con este bicho peligroso!

NACHO: ¡Ja! ¡Hazte la fama y échate a dormir! No soy un tipo malo, nene, eso es puro cuento… Decime una cosa, ¿a vos te gustan los perros?

FELIPILLO: ¡Sí, claro! ¡Me encantan los pichichos!

NACHO: Bueno, al igual que el perro, yo también soy un cánido.

FELIPILLO Y OCTAVIO: (A coro.) ¿Un qué?

NACHO: Un cánido, de la familia de los canes.

FELIPILLO Y OCTAVIO: (A coro.) ¡Ahhh!

NACHO: Los perros son nuestra descendencia…

OCTAVIO: Son una versión refinada… ¡croak!

FELIPILLO: Más civilizada…

OCTAVIO: Mejorada… ¡croak!

NACHO: ¡Bueno, basta, que me van a sacar el lobo que llevo adentro! ¡Esas son puras patrañas!
(Reflexiona.) Después de todo, un perro no es más que un lobo al que se le abrió la puerta de la casa. Un perro es un lobo consentido.

OCTAVIO: Con sentido… común, ¡croak!

NACHO: ¡Consentido, sobreprotegido! Ese animal nos arruinó la vida… Eso sí, fueron más inteligentes, los muy pícaros se hicieroNAmigos del hombre y ¡zas! dieron el batacazo. Ahora viven como reyes, no pasan hambre ni frío como nosotros y todo el mundo los quiere. Hasta me contaron que les inventaron una comida especial y algunos hasta tienen cama propia, ¡estamos todos locos!
Ahora resulta que son “mascotas”, pero mirá vos… Antes, una mascota era un talismán para la buena suerte, ahora no, ahora una mascota es un perro… ¿Adónde iremos a parar? Y encima, tienen el tupé de decir: “¡qué vida de perros!”. ¡Qué vida de perros! Pero, por favor… ¡si se dan la gran vida! ¡”Qué vida de lobos”, debería ser! Nosotros sí que la peleamos, pasamos hambre, frío y encima, tenemos mala fama. Pero bueno, esa es otra canción. (Lo mira a FELIPILLO .) ¿Y vos quién sos, nene? ¿Pedrito?

FELIPILLO: ¡Ja, ja! No, yo me llamo Felipillo, mucho gusto.

OCTAVIO: Y yoc, Octavio, para servirle, ¡croak!

NACHO: Yo soy Nachón, Lobo Nachón, mucho gusto. Me pueden decir Nachón, o Nacho. (Pausa.)
¿Y para qué me llamaron? Aunque hicieron bien, eh, porque acabo de comerme una vieja y me cayó re pesada…

FELIPILLO: ¡¿Cómo?!

OCTAVIO: No te preocupes, pibic-to, ese cuento es viejo…

NACHO: ¡Me tenía harto de tanto apalearme! Porque esa parte de la historia nadie la cuenta, pero la verdad es que me daba sin piedad con la escoba por el lomo, me cansé y me la comí. Y listo el pollo, y pelada la gallina.

OCTAVIO: No me digas nac-da, seguro que también te comiste a su nieta, ¡croak!

NACHO: (Mirando a los costados por si viene alguien. Luego, susurrando enojado.) ¡Shhhhhhh! ¿Y vos cómo sabés, eh? (Vuelve al volumen y al tono de voz anterior.) Y bueno… cosas que pasan… capaz que estaba escrito… Otra que también me sacó de quicio con tantos insultos. Que tenía la nariz demasiado grande, que mi boca era un buzón, que era un orejudo, ¡ehhh, viejo!… ¿Hasta cuándo? (Se acaricia la panza en círculo.) ¡Ajjjjjj… tengo una acidez! ¿No tienen un efervescente, no? Siento como si tuviese una piedra en el estómago…

OCTAVIO: No, una piedra no. Tenés varias piec-dras, ¡croak!

NACHO: ¿Pero a qué se debe ese agravio, don Octavio?

OCTAVIO: No es uNAgravio, Nacho, lo que pasa es que para salvar a la anciana y a esa pitusa, que hace trescientos años se pasea con su caperuza, te abrieron la pancic-ta y te pusieron unas cuantas piedric-tas, ¡croak!

FELIPILLO: ¡Pobre Nacho! ¿Querés que te cure el empacho?

NACHO: ¿Sabés curar el empacho vos?

FELIPILLO: Sí, claro… ¡como lo hacía la abuelita!

NACHO: ¡No la nombres, no la nombres! Que esa me arruinó la carrera…

FELIPILLO: A ver, acercate.
(Saca una cinta métrica, coloca un extremo en el codo y la lleva hasta la punta de los dedos, así tres veces, mientras dice unas palabras.) Empacho, empacho, pesado como el quebracho, fuera del cuerpo de Nacho, que es un gran amigacho. Empacho, empacho, duro como el lapacho, fuera del cuerpo de Nacho, que no es ningún borracho. (NACHO bosteza.) ¡Listo!
Ahora te vas a sentir mucho mejor. (El lobo bosteza cada vez más.)

OCTAVIO: Se dice “gracias”.

NACHO: Gracias hacen los monos.
(Irrumpe nuevamente FURIBUNDA . Entra tosiendo, los pelos rizados, la cara renegrida, toda chamuscada. Todos la miran estupefactos.)

FURIBUNDA: (Gritando descontrolada.) ¡¡Ahhhhhh!! ¡Gretel, Gretel ¿Dónde estás, pequeño demonio? ¿Adónde te metiste? ¡Petisa maleducada! ¿Dónde estás, piojosa? ¡Más vale que no te encuentre, criatura del infierno, porque vas a saber quién es la verdadera Furibunda! (Quiebre. Solemne.) Furibunda, en una crisis profunda. (Vuelve a gritar encolerizada.) ¡¡Me comiste la ventana, el picaporte de la puerta, los dos enanos de jardín, y encima, mirá como me dejaste!!…. Más vale que no te encuentre, porque una cucaracha será una reina al lado tuyo si te agarro… ¿Sabés por qué sos tan mala vos, “esquifusa”? ¡Por la envidia que le tenés a Alicia, sí, señor! Yo lo sé, y ¿sabés cuál es la diferencia? ¡La diferencia, petisa envidiosa, es que ella corría al conejo y vos corrías la coneja! ¡Qué hambre que hay que tener para comerse una casa, ahhhhh! Escuincla insolente, ladrona de hogares, ¡litófaga! (A FELIPILLO y OCTAVIO .) ¿Y ustedes qué miran con esos ojos de huevo duro, eh? ¡¿Nunca vieron una bruja rostizada?!

NACHO: (Interviniendo en defensa de los otros dos.) Sí, claro, porque lo más común del mundo es ver una bruja recién horneada…

FURIBUNDA: (Se percata de la presencia del lobo. Sorprendida y enfurecida.) ¿Y a vos quién te tiró un hueso para que ladres, perro salvaje? ¿Qué diablos estás haciendo acá, eh? ¿Buscando protagonismo? Si te conoceré… Te voy a aclarar algo, perro de Neandertal, ¡la única mala de toda esta historia soy yo! ¿Te quedó claro? Vos… andate con tu pastorcito o tus siete cabritas, o mejor aún, seguí intentando con los tres chanchitos que, por ahí, quién te dice, algún día te puedas comer alguno. Pero fuera de aquí, ¡no hay cartel para dos!

NACHO: ¡Pero pará un poco, trastornada! ¡No estás entendiendo nada! No tenía la más mínima intención de venir. Los muchachos querían un hada, y aparecí yo, bruja desquiciada.

OCTAVIO: ¡Es cierto, Furibunda! No tiene sentido esta barahúnda, ¡croak!

FELIPILLO: Lo mismo que nos pasó con vos… no te pongas furiosa, Furi.

NACHO: ¡Eso, bajá un cambio, che! Que te va dar un pico de presión, y ahí sí que estamos en el horno…

FURIBUNDA: ¿Me estás cargando, infeliz?

Nacho: ¡Pero no, mujer! Es solo una frase hecha. Vos sabés muy bien que a mí también quisieron cocinarme, pero por suerte, pude escapar. (Falsamente triste.) Eso sí, perdí mi pobre colita…

FURIBUNDA: ¡Pero no las mañas! ¡Y no me vas a conmover! ¡Fuera de aquí! ¡Esta historia es mía, y cueste lo que cueste, esta vez tiene que tener un final feliz para mí también!

NACHO: ¿Y vos qué te pensás, que vine a comerme a todos y hacer de esto una tragedia griega?
(Reflexiona.) Final feliz, final feliz… depende para quién, porque generalmente el final es feliz para algunos, yo siempre termino mal, no es fácil la vida del lobo…

OCTAVIO: Tampoco lo es para mí…

FURIBUNDA: ¡Mucho menos para mí! Pero es así… toca, toca…

OCTAVIO: (Completa.) …la suerte loca, ¡croak!

NACHO: Dame una oportunidad, Furibunda… yo también quiero ser un poco más feliz, y de paso, cambiar esta fama que me hicieron, che. ¿Qué te cuesta, morocha?

FURIBUNDA: No sé, no sé, a llorarle al autor. Yo tengo mi libreto y lo respeto. Y vos no tenés nada que hacer acá.

NACHO: Dejate de embromar, que ahora mandamos nosotros. Tenemos la posibilidad de torcer el destino, Furibunda. ¿O vos estás contenta con ser siempre la mala de la película? Es nuestra oportunidad para reivindicarnos. ¡Imaginate tener tu propio club de fans, tu página en el Facebook, tus seguidores en Twitter! (Susurrando pícaramente.) Le podemos dar una vuelta de tuerca al guion y acá no ha pasado nada…

FELIPILLO: ¡Dale una oportunidad, Furi, que se quede con nosotros!

OCTAVIO: Quizás pueda ayudarnos, Furibunda.

(FURIBUNDA gesticula demostrando convencimiento.)

NACHO: (Dando por sentado el permiso de FURIBUNDA .) ¡¡Listo!! ¿¿A quién me tengo que morfar, eh??

FURIBUNDA: (Repentinamente decepcionada.) ¿¿Ven?? ¿¿Escucharon?? Así no se puede proyectar nada, ¿se dan cuenta?

NACHO: (Tierno.) Pero no, tontita, ¡estaba jugando, au, auuu!

OCTAVIO: El lobo lúdico, ¡croak!

FURIBUNDA: ¡¡Definitivamente no!! Este bicho no me resulta confiable… ¡Fuera de esta historia!

NACHO: Y vuelve la burra al trigo… ¡Era una bromita, che! Lo que vos necesitás es un cambio de perspectiva. Estás muy tensa…

OCTAVIO: Furibunda, no te pongas densa, ¡croak!

FELIPILLO: No empieces de nuevo, Furi.

NACHO: Además, yo no pedí venir, a mí me invocaron, así que ahora, ¡háganse cargo! Y ya sabés que soy porfiado, así que no me voy a ningún lado. Y si tanto te molesto, usá tu varita mágica…

FURIBUNDA: ¡¿Te creés que no lo había pensado?! ¡Si hubieses estado en el guion original, ya la hubiese usado, una y cien veces!

NACHO: (Con tono galán.) Lo que pasa es que soy un tipo imprevisible, sorpresivo, original… soy un lobo genial.

FURIBUNDA: ¡¡Basta, me cansaste!! Yo así no sigo. (Quiebra. Rompe la escena. A los gritos.) ¡¡Director!! ¡¡Director!! ¿Estás por ahí?

VOZ EN OFF DEL DIRECTOR: ¿Qué pasa, Furibunda?

FURIBUNDA: (Desafiante.) ¿¿Vos ves lo que está pasando?? ¡¡Tenemos un infiltrado!! ¿Me podés decir cómo la remamos? Yo intenté elegantemente seguir adelante, pero ya se me fue de las manos. ¡¡Este tipo es un ocupa!! ¡¡Policía, policía!!

VOZ EN OFF DEL DIRECTOR: Bueno, ¡calmate un poco que te va a hacer mal!

FURIBUNDA: ¿¿Pero qué es todo esto?? ¡¡Un complot en mi contra!!

VOZ EN OFF DEL DIRECTOR: ¿Querés un vasito con agua?

FURIBUNDA: No, quiero una olla con agua, ¡pero hirviendo, así meto a este infeliz!

VOZ EN OFF DEL DIRECTOR: Bueno, bueno, a ver… estás muy nerviosa… Se toman cinco minutos, se van a foro y resuelven esta cuestión. ¿Entendido? ¡Vamos! ¡Cinco minutos! Disculpen, muchachos, pero está desbordada. Háganme el favor, ¿sí?

FELIPILLO: ¡Sí, dire, como usted diga!

OCTAVIO: No hay problec-ma, de paso, tomo un poco de agua, ¡croak!

NACHO: Gracias, capo…

(Salen de escena. FURIBUNDA , protestando entre dientes.)

VOZ EN OFF DEL DIRECTOR DE ESCENA: ¡Gracias, chicos! ¡Seguimos! ¡Cambiamos de escena y entran las ratas!

Leer el desenlace de esta obra.

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