CROAK. Obra de teatro para actores y títeres

Ilustración el Rey y las ratas

Primera parte del guion de teatro.

Autor: Gaby Fiorito

Personajes

  • RATA 1
  • RATA 2
  • REY MAXIMALÍSIMO DE LAS PESADILLAS BRAVAS
  • SILVERIO
  • FELIPILLO DE LAS AGUAS BUENAS
  • OCTAVIO
  • FURIBUNDA
  • CASIMIRA
  • ESCOBA
  • NACHO

Escena 1

(Se escuchan en off las voces de dos RATAS hinchas de fútbol que vienen cantando. El cántico tiene una melodía popular, como las de las hinchadas. Una de las ratas es bien flaquita, y la otra, bien rellenita. Ambas llevan puestas camisetas de equipos de fútbol y gorritos improvisados con pañuelos.)

RATA 1: Aquí llega la alegría.

AMBAS RATAS : Aquí llega la alegría.

RATA 2: Que no es poca y es bien mucha.

AMBAS RATAS : Que no es poca y es bien mucha.
¡Sí, señores, con ustedes…
(Aparecen dando un salto.)
aquí están las dos ratuchas!
¡Ea ea ea ea, ea ea ea é!
¡Ea ea ea ea, ea ea ea é!

RATA 1: Les traemos una historia.

AMBAS RATAS : Les traemos una historia.

RATA 2: Pintada con acuarelas.

AMBAS RATAS : Pintada con acuarelas.
¡Como las que nos contaban nuestras queridas abuelas!
¡Ea ea ea ea, ea ea ea é!
¡Ea ea ea ea, ea ea ea é!

RATA 1: Y ahora sí ya nos marchamos.

AMBAS RATAS: Y ahora sí ya nos marchamos.

RATA 2: Nos persiguen de hace rato.

AMBAS RATAS : Nos persiguen de hace rato.
Porque anoche le pusimos
¡un gran cascabel al gato!
¡Ea ea ea ea, ea ea ea é!
¡Ea ea ea ea, ea ea ea é!

(De repente, se escucha un maullido tremendo. Aparece solamente la pata de un gato, con sus garras, dando un zarpazo que casi toca a las ratas, quienes huyen fugazmente, muertas de risa.)

Escena 2

(Con una carcajada siniestra, aparece de golpe el REY MAXIMALÍSIMO DE LAS PESADILLAS BRAVAS.)

REY: Yo soy el Rey Maximalísimo de las Pesadillas Bravas. ¡Soy el amo de todo este imperio! ¡Y lo digo muy en serio. A veces me pongo ebrio, ¡ja, ja!, y gobierno sin criterio. Nunca estudié magisterio, y me escapé de un monasterio. Me encantan los misterios y odio los cementerios, ¡por eso prendo sahumerios! Detesto los ministerios, por eso reino el imperio.

(Pausa. Susurrando.)

Tengo un mayordomo, Silverio, y una hija en cautiverio. Soy el dueño de toda esta manzana, y también de algunas naranjas. Tengo un gran sentido del humor… negro, lo sé, lo sé. Soy el amo de este pueblucho, que está lleno de aguiluchos; los impuestos dejan mucho y, al que no paga, ¡serrucho!
A ningún súbdito escucho, odio el helado en cucurucho y nunca vi a Larguirucho. Soy el rey de la comarca, soy el único monarca; quiero llenarme las arcas y ser un gran oligarca, comprarme una gran barca y rajarme a Purmamarca. No le temo a la parca, y uso ropa de marca. Yo soy un as, y me escapé de Alcatraz, me dicen que soy falaz, voraz y cachafaz, pero soy el capataz, ¡y me encanta mandar fax! Soy un verdadero as… queroso, y me encanta serlo… ¡ja!

SILVERIO: (Extremadamente refinado.) Disculpe la interrupción de su magnánimo soliloquio, su majestad, pero tengo un mensaje muy importante.

REY: ¡Fuera de aquí!

SILVERIO: Pero, su majestad… ¡es realmente importante!

REY: No puedo atenderte ahora, Silverio, algo terrible está por ocurrir…
(Se da vuelta, y en un segundo se coloca una máscara de lobo.)

SILVERIO: (Temblando asustadísimo.) ¡Su majestad, qué ojos tan grandes tiene!

REY: Para poder ver mejor este mundo en decadencia.

SILVERIO: ¡Y qué orejas tan grandes tiene!

REY: Me quedaron así de escuchar tantas estupideces.

SILVERIO : Su excelencia, ¡qué boca tan grande!

REY: ¡Bueno, basta, infeliz! Podrías decir algo más original. (Confesándole un secreto.) ¡Esta noche habrá luna llena, y ya me estoy transformando en lobo! (Aúlla desaforadamente.) ¡¡Auuuuuuu!! ¡¡Au, au, auuuuuuu!!

SILVERIO: ¡¡Au-auu- auxilio!! ¡¡So-so-socorro!!
(Huye despavorido.)

REY: (Se saca la máscara.) ¡Calma, calma, infeliz! Era una broma, tontuelo… (Al público.) ¡Hace treinta años que es mi mayordomo y sabe muy bien que odio que me interrumpan cuando estoy hablando! ¿Dónde habíamos quedado? Mmmm… ¡ah, sí, estaba hablando de mí! ¿Les dije mi nombre, no? Yo soy Maximalísimo de las Pesadillas Bravas, ejem, perdón, soy el Rey Maximalísimo de las Pesadillas Bravas. ¡Yo, yo, yo! Soy un yoyó. Y soy el rey, pero con mayúsculas… EL REY.
¿Quedó claro? (Busca y señala a alguna niña del público. Gritando desaforado.) Clarita, ¿te quedó claro? Clara, respondeme, ¡respondé Clara! ¿Te quedó claro? ¿Claro como el agua, Clara? (Quiebre rotundo.) Vivo un poco nervioso porque no puedo conciliar el sueño, y tengo bravas pesadillas… hace veintinueve años que no duermo. (Repite nervioso y cada vez gritando más alto.) ¡Veintinueve años que no duermo! ¡Veintinueve años que no duermo! (Pausa.) Y ahora, como estoy viendo tantos niños horribles, me voy…

(Sale y vuelve a entrar al instante.)

Voy a vigilar a mi hija, que la tengo encerrada en la alcoba, creo que está un poco loca, porque habla con la escoba. En un ratito vuelvo. Y espero que cuando regrese ustedes… estén un poco más lindos… ¡feos, feos, feos!

(Se va.)



Escena 3

(Aparece FELIPILLO DE LAS AGUAS BUENAS, el pretendiente de la hija del Rey. La particularidad de este personaje es que es extremadamente tierno. Esta cualidad está reflejada fundamentalmente en su modo de hablar: pronuncia todas las “s”, “c”, “z” y “ll” con el sonido “sh”. Por ejemplo, en vez de “buenas, buenas”, él dice; “buenash, buenash”, y en lugar de “Felipillo” dice: “Felipisho”.)

FELIPILLO: Buenas, buenas, yo soy Felipillo de las Aguas Buenas, y estoy enamoradísimo de Casimira, la bellísima hija del Rey Maximalísimo. Pero desde que el Rey vio que yo le daba un besito en la frente, se enojó muchísimo y la encerró en la alcoba, y solo habla con su escoba. De esto hace siete días, ¡y me parte el corazón! Pobre Casimira… ¡Encima este tipo que no duerme! Te juro que agarraría un palo y se lo daría por la cabeza… para que duerma cinco horas seguidas por lo menos.
Quiero hacer algo por mi enamorada, pero no se me ocurre nada… ¡si tan solo encontrara un hada! A ver, a ver… (Piensa.) ¡Se me ocurrió una gran idea! Si todos nos concentramos y pensamos en un hada, ¡quizás aparezca una y me ayude a rescatar a Casimira! (Al público.) ¿Me ayudan?

(Suena música dulce y suave. De un salto, aparece OCTAVIO , el sapo.)

OCTAVIO: (Con marcado acento de sapo tanguero.) Buec-nas, buec-nas… ¡croak!

FELIPILLO: (Con muchísimo asombro.) ¡Uhhh! ¡Un sapo! ¡Y encima habla!

OCTAVIO: ¿Cóc-mo te va, pibic-to?, ¡croak!

FELIPILLO: Mmm… más o menos, señor sapo… (Al público.) Me parece que alguno de ustedes hizo trampa, y en vez de pensar en un hada, ¡pensó en un sapo! (Al sapo.) ¿Qué está haciendo por acá?

OCTAVIO: Yoc venía dando mi pac-seo matinal, y de rec-pente alguien me llamó con el pensacmiento, ¡croak!

FELIPILLO: ¡Pero si yo pensé en un hada, no en un sapo!

OCTAVIO: Buec-no, no te habrás concentrado lo sufic-ciente. Entonces… sigo de paseo, ¡hasta luego, croak!

FELIPILLO: ¡No, sapito, no te vayas, que estoy muy triste!

OCTAVIO: Mi nombre es Oc-tavio y en realidad… no soy un sac-po, ¡croak!

FELIPILLO: Yo soy Felipillo de las Aguas Buenas, ¡encantado de conocerte!

OCTAVIO: ¡Encantado estoy yoc, croak!

FELIPILLO: ¡Muchas gracias! ¡No es necesario que diga eso!

OCTAVIO: ¡Sí, es nec-cesario porque es la pura verdad! Estoy… ¡encantado, hechic-zado! (Cambia el modo de hablar y el tono de voz. Suspira.) Ahhh… en realidad soy un príncipe, el famoso príncipe verde de los cuentos.

FELIPILLO: ¡Ja, ja, ja! Querrás decir… ¡el príncipe azul!

OCTAVIO: No, pibe, no… ese tuvo más suerte que yo. Yo siempre fui un inmaduro…

FELIPILLO: ¿Y por qué tenés aspecto de sapo?

OCTAVIO: Te voy a contar un secreto.

FELIPILLO: ¡Me encantan los secretos!

OCTAVIO: ¡Basta de decir esa palabra! Yo soy… yo soy… un personaje de cuento.

FELIPILLO: ¡¡Qué buenísimo!!

OCTAVIO: Los personajes de los cuentos gozamos de una vida feliz si los cuentos se leen… hasta el final. Si dejan de leerse, nos pueden pasar estas desgracias. (Pausa. Respira hondo.) Hay una niña que hace una semana abandonó la lectura de mi cuento, y desde ese momento soy sapo. Si esa niña no termina de leer el libro, nunca podré sacarme el hechizo que me hizo la malvada bruja Furibunda. (Vuelve a respirar hondo.) Esa niña tiene que llegar al final, al final feliz.

FELIPILLO: ¡Uh, pobre…! Bueno, si te sirve de consuelo, yo también estoy en problemas…

OCTAVIO: (Retoma su modo de hablar de sapo tanguero.) ¿Qué te pasa, amiguic-to? ¡Croak!

FELIPILLO: ¡Estoy muy enamorado de Casimira!

OCTAVIO: ¡Mira, mira! ¿Y cuál es el problec-ma, croak?

FELIPILLO: Que es la hija del Rey Maximalísimo de las Pesadillas Bravas, y desde que el Rey vio que yo le daba un besito en la frente, la encerró en la alcoba, y está tan pero tan sola que habla con su escoba. De esto hace siete días, ¡y me parte el corazón! Pobre Casimira…

OCTAVIO: ¿Siec-te días? ¡Croak!

FELIPILLO: Si, una semana.

OCTAVIO: Interec-sante, interec-sante… y dónde vive Casimira? ¡Croak!

FELIPILLO: Junto a su padre, claro. En el palacio que está allá. (Señala hacia atrás.)

OCTAVIO: ¡Nooo!

FELIPILLO: ¡Siií!

OCTAVIO: ¡Nooo!

FELIPILLO: ¡Siií!

OCTAVIO: ¡NOOO!

FELIPILLO: ¡Pero qué porfiado, te digo que siií!

OCTAVIO: ¡Por toc-dos los príncipes de toc-dos los cuentos! ¡Croak! ¡Re croak! ¡Recontra croak!
(Empieza a girar sobre sí mismo y no para de croar.)

FELIPILLO: (Al público.) ¡Sonamos! ¡Se volvió loco!

OCTAVIO: (Cambia nuevamente el modo de hablar.) ¡Allí vive la niña que abandonó la lectura de mi cuento! (Pausa. Reflexiona.) Ahora entiendo… ¡pobre Casimira!

FELIPILLO: ¡Sí, pobrecita! ¡Y pobre de mí, que la extraño muchísimo!

OCTAVIO: ¡Y de mí, que tengo que seguir siendo un batracio! (Se pone solemne y absurdamente poético.) ¡Oh, desgraciado de mí que he caído una vez más bajo los influjos malévolos de la bruja Furibunda! ¡Nunca había vivido encerrado tanto tiempo en el cuerpo rugoso y rasposo de este sapo que ahora soy! ¡Nunca antes lector alguno de mis cuentos había abandonado la lectura en ese punto de la historia, tan amargo como la hiel, que me pone en esta piel! (Solloza.) ¿Qué haré sin el amor de la bella Filomena, mi amada de rojiza melena?

FELIPILLO: ¡Se me ocurrió una grandísima idea! Ahora que somos más, si nos concentramos fuerte fuerte, quizás un hada aparezca ¡y nos ayude a resolver los dos problemas!OCTAVIO: ¡Es una magnífica idea! Yo conozco muchísimas hadas, y seguro que alguna nos va a venir a ayudar.

FELIPILLO: A la una, a las dos y a las… ¡tres!

(Ambos se concentran. Vuelve a sonar una dulce melodía. Comienza a salir humo y, entre el humo, aparece Furibunda, la bruja. Es malísima y siempre busca pleitos.)

FURIBUNDA: (Mirando al público.) ¡Ay, cuántas criaturas horribles! ¿Pero qué es esto, un concurso de feos? Yo, por el contrario, soy tan bella… (Se percata de la presencia de los otros dos.) ¿Y ustedes, que también son bastante feuchines… para qué me invocaron, eh? ¿¡Para queeé!? (FELIPILLO y OCTAVIO la miran sorprendidos, sin pronunciar una palabra.) ¡Interrumpieron mi clase de aerobics!
(Comienza a sonar música tecno y la bruja empieza a hacer ejercicios rítmicos con los brazos y la cabeza.)
¡Vamos todos! ¡Un, dos, tres, cua! ¡Un, dos, tres, cua! (FELIPILLO y OCTAVIO la miran azorados. Ella los arenga.) ¡Vamos, infelices! ¡Un, dos, tres, cua! ¡Vamos todos, eso!

OCTAVIO: ¡Bueno, basta! Uff, estoy fuera de estado…

FELIPILLO: Disculpe la interrupción, señora Bruja…

FURIBUNDA: (Gritando.) ¡¡Señorita, atrevido, señorita!! (Se pone solemne.) Yo soy Furibunda, una dama vagabunda. (Retoma su enojo.) Hable con propiedad, señorito…

FELIPILLO: Felipillo, me llamo Felipillo.

FURIBUNDA: ¡Te veía cara de pillo! Y cabellos de cepillo. Y esos ojos tienen brillo, ¿qué te pasa, Pepinillo?

FELIPILLO: ¡Ja, ja, me llamo Felipillo!

FURIBUNDA: Pero tenés cara de pepino. ¡Pe-pi-ni-llo! (Mira al sapo.) ¿Y ese bicho espantoso, rugoso y rasposo? ¡Qué mascota espeluznante!

FELIPILLO: No, no es mi mascota, es mi nuevo amigo Octavio, y estamos en una situación muy desgraciada…

OCTAVIO: (Irónico, poniéndola al descubierto.) Soy yo, Furibunda, no te hagas la distraída… me conocés muy bien.

FURIBUNDA: ¡Ah, bueno… otro atrevido! ¿Cómo me iba a dar cuenta que eras el príncipe verde? ¡El pueblo está lleno de sapos espantosos! Además, ya sabés, yo no puedo hacer nada hasta que continúen leyendo el cuento hasta el final, así que ¡lo lamento, esperpento! (Vuelve a sonar música tecno y la bruja retoma sus ejercicios rítmicos.) ¡Vamos todos! ¡Un, dos, tres, cua! ¡Un, dos, tres, cua!

FELIPILLO: (Salta en defensa de su nuevo amigo.) ¡Eh, Furibunda, no seas mala! ¡Sacale el hechizo, pobrecito! ¿Qué te cuesta, vieja?

FURIBUNDA: (Enojadísima.) ¡La boquita, querido, la boquita! ¡Que te convierto en termita! (Se dispone a realizar un hechizo.) Ebra cadebra, patas de cebra… a la cuenta de tres, te convertirás en…

FELIPILLO: (Interrumpiendo.) Pero, Furi… ¡te lo dije amablemente! (Halagándola para calmar su enojo.) ¡Nunca había visto una brujita tan… tan… inteligente!

FURIBUNDA: ¡Te voy a volar los dientes! ¡A mí nadie me dice vieja! Además, eso es una gran mentira, tengo apenas 325 años, estoy en la preadolescencia… ¡y soy soltera! (Suspira.) ¡Ahhh, desde que el brujito de Gulubú me dejó, estoy tan pero tan sola!

OCTAVIO: Como nosotros, entonces… bienvenida al club de solos y solas.

FELIPILLO: ¡Eso! ¡Estamos tan solos! Por eso, Furi, queríamos que venga un hada, no una… ¡bruja!

FURIBUNDA: (Gritando asustada.) ¡Aaaaaahhhhhh! ¡Una bruja, una bruja! ¿Adónde, adónde? ¡Les tengo pánico a las brujas!

OCTAVIO: Furibunda, dejá de hacerte la desentendida… la bruja que se nos apareció ¡sos vos!

FURIBUNDA: ¿Ah, sí? (Saca un espejito de bolsillo y se mira.)

FELIPILLO Y OCTAVIO: (A coro.) Siiiiiiiií.

FURIBUNDA: (Al espejo.) ¡Espejito, espejito! ¿Quién es la más bella del reino?

VOZ DEL ESPEJO: ¿Y quién va a ser? ¡Filomena, querida! ¡Filomena! (OCTAVIO y FELIPILLO se ríen.)

FURIBUNDA: ¡Ajjjjjjjjjjj! ¡¡No te rompo contra el suelo porque son siete años de mala suerte, porque si no…!! (Vuelve a la conversación.) ¿Así que ustedes querían la presencia de un hada?

FELIPILLO Y OCTAVIO: (A coro.) Siiiiiiiií.

FURIBUNDA: ¿No de una bruja?

FELIPILLO Y OCTAVIO: (A coro.) ¡Nooooo!

FURIBUNDA: (Solemne, a sí misma.) Furibunda, la bruja errabunda. Así que… ¿prefieren un hada?
(Enojadísima.) Muy bien, entonces… ¡concéntrense mejor la próxima vez! (Se monta en su escoba, activa el GPS y le indica la ubicación mientras presiona los botoncitos.) ¡Escóbula escobícula, llévame a un bosque encantado de película!

VOZ DEL GPS: Recalculando, recalculando. No se reconoce el destino “bosque encantado de película”. Recalculando.

FELIPILLO: ¡No te vayas, Furi!

OCTAVIO: Quizás puedas ayudarnos… si quisieras…

FELIPILLO: ¡Eso! ¡Sacando a Casimira del cautiverio terminaría de leer el cuento! ¡Y matamos dos pájaros de un tiro!

FURIBUNDA: ¡Ah, no! ¡Eso sí que no! ¡No cuenten conmigo para eso! ¡Yo no te mato un pajarito ni loca! ¡Soy una bruja ecologista y naturista, preparo todos mis hechizos y pócimas a base de hierbas, aloe vera y flores de Bach, Beethoven, Mozart!

FELIPILLO: ¡No, Furi, no me entendiste!

OCTAVIO: Quiso decir que resolveríamos dos problemas al mismo tiempo, de una sola vez. Liberando a Casimira, él puede volver a estar con ella, ella terminaría de leer el cuento, y yo volvería a ser el príncipe verde y a conquistar el amor de mi prometida, Filomena.

FURIBUNDA: ¡Ahhhh… esa cabeza de cereza! ¡Esa pelirroja me tiene harta con tanta belleza! ¿Y yo? ¿¿Y yo?? ¡Pero miren qué bonito! ¡Todos felices, todos contentos, y yo seguiré sola como un perro… caniche! (Solemne, a sí misma.) Furibunda, en soledad rotunda.

FELIPILLO: ¡Dale, viejita, activá tu varita y danos una ayudita!

OCTAVIO: Dale, Furibunda, hace años y años que soporto tus hechizos…

FURIBUNDA: No sé, no sé, me iré a meditarlo un rato… (Solemne, a sí misma.) Furibunda, la bruja meditabunda. Y para que vean que en el fondo soy buena, les voy a dejar algo para que puedan endulzar este momento tan amargo… Ibra cadibra, cabezas de Hidra… ¡a la cuenta de tres, que aparezcan caramelos de frambuesa y nuez! ¡A la una, a las dos y a las… (Hace unos movimientos ligados en círculo, acompañados de sonidos un poco extraños, culminando en un golpe seco en el aire.) …tres! (Aparece un enanito estornudando.)

FELIPILLO Y OCTAVIO: (Azorados.) ¡Ohhh!

FURIBUNDA: ¡Mocoso! Pero… ¿qué hacés acá?
(Mocoso hace un movimiento de hombros como diciendo “no sé” y estornuda fuertemente. A cada estornudo FURIBUNDA , FELIPILLO y OCTAVIO pegan un salto.)
¡Fuera de aquí! ¡Este no es tu cuento! ¡Fueraaa!
(Vuelve a dar un golpe seco con la varita al aire y el enanito desaparece.)
Vamos de nuevo… Obra cadobra, colmillos de cobra… ¡a la cuenta de tres, que aparezcan caramelos de frambuesa y nuez! ¡A la una, a las dos y a las… (Repite la rutina de movimientos ligados en círculo, culminando en un golpe seco.) …tres! (Aparece un enanito durmiendo.)

FELIPILLO Y OCTAVIO: ¡Ja, ja, ja! ¡Otro enanito! (Mueren de risa.)

FURIBUNDA: ¡Dormilón! ¡Tampoco te llamé a vos! (Dormilón ni la escucha, sigue en pleno sueño, roncando fuertemente. A cada ronquido FURIBUNDA , FELIPILLO y OCTAVIO pegan un salto.) ¡Fuera de aquí, fueraaa!
(Vuelve a dar un golpe seco con la varita al aire y el enanito desaparece. Enojadísima.)
Y ahora, por reírse de mí, cabezas de sanguijuela, los caramelos de frambuesa y nuez, ¡pídanselos a su abuela! ¡Adiós! (Se monta en su escoba, activa nuevamente el GPS y le da instrucciones mientras presiona los botoncitos.) ¡Escóbula, escobícula, vámonos de aquí, antes de que me explote la vesícula!

VOZ DEL GPS: Recalculando, recalculando. No se reconoce el destino “vesícula”. Recalculando.

(FURIBUNDA se esfuma.)

FELIPILLO: (Asombrado.) ¡Uhh, se enojó en serio! ¡Y desapareció como por arte de magia!

OCTAVIO: Es el arte de la magia, pebete.

FELIPILLO: ¿Qué hora será, sapito?

OCTAVIO: Mmm… dejé el reloj junto a mi traje de príncipe, pero por la posición del sol, deben ser las cinco de la tarde.

FELIPILLO: ¡Santo cielo! ¡Me voy corriendo! Todos los días a las cuatro en punto me espera Casimira en la ventana, que es altísima, para mandarme un besito, y yo le tiro una margarita. (Se va.)

OCTAVIO: (Suspira ensimismado y retoma su acento de sapo tanguero.) Ahhhhh… ¡las coc-sas que uno hace por amor, croak! (Se da cuenta de que FELIPILLO se fue.) ¡Ey, Pepic-nillo, esperame! ¡Pepicnillooo! ¡Croak, croak!

(Se va saltando.)

¿Te ha gustado? Continúa a la segunda parte del guion.

 

Acerca del autor/a

Archivado en: Guiones, obras de teatro y cuentos

Etiquetas: , ,

Puedes comentar a través de Disqus o de Facebook seleccionando la opción más arriba.