La siesta de una tarde de verano

Ilustración de José Bolorino

(Estamos en un bosque, todo él lleno de árboles y arbustos, incluso vemos algún que otro matorral).

(Entran Oberón y Titania).

OBERÓN.-
Por favor, Titania; yo te amo.

TITANIA.-
Tú Oberón, rey de los duendes, no quieres a nadie.

OBERÓN.-
Tú eres mi reina.

TITANIA.-
De eso nada. Yo soy la reina de las Hadas.

OBERÓN.-
Te amo.

TITANIA.-
Sólo te quieres a ti mismo. Quieres estar conmigo para presumir con tus amigos de que has estado con la reina de las Hadas.

OBERÓN.-
Pero…

TITANIA.-
Adiós, Oberón. Hasta nunca.

(Sale Titania).

OBERÓN.-
Nadie me había rechazado jamás.
(Está furioso).
Me vengaré, ya lo verás.
(Llamando).
¡Puck, ven aquí!

(Entra el duende Puck de inmediato, como si hubiese estado escondido muy cerca).

PUCK.-
Mi señor… Y no he oído nada.

OBERÓN.-
¿Nada de qué?

PUCK.-
Nada de las calabazas que le ha dado Titania. ¡Oh, mi señor!

OBERÓN.-
Calla.

PUCK.-
Nada diré.

OBERÓN.-
Ve a buscar la flor del amor. En cuanto la tengas se la harás oler a Titania, y ella se enamorará del primer bichejo que vea.

PUCK.-
Eso es malvado, señor.

OBERÓN.-
Así es.

PUCK.-
Pobre bichejo. Perseguido día y noche por la reina de las Hadas.

OBERÓN.-
Calla, insensato.

PUCK.-
Nada diré.

OBERÓN.-
Ve.

PUCK.-
¿A dónde?, ¿a por el bichejo?

OBERÓN.-
¡Por el bichejo, no! A por la flor del amor para dársela a oler a Titania.

PUCK.-
Oh si, mi señor.

(Sale Puck).

OBERÓN.-
Ya verás Titania, te enamorarás de la primera cosa asquerosa que veas al despertar.

PUCK.-
(Que entra).
¿Y si no está dormida?

OBERÓN.-
¿Todavía estás aquí? Debes dársela a oler cuando Titania duerma.

PUCK.-
No lo sabía.

OBERÓN.-
Ve.

(Puck queda en escena sin saber a donde ir).

OBERÓN.-
¡A por la flor!

PUCK.-
Estaba a punto de decirlo.

(Sale Puck).

OBERÓN.-
Estoy rodeado de inútiles.

(Entran cuatro Duendes que dan vueltas en torno a Oberón).

OBERÓN.-
¿Quienes sois?, ¿qué hacéis?
LOS 4.-
Somos los inútiles del uno al cuatro. Y lo rodeamos, señor.

OBERÓN.-
¡Marchaos!

LOS 4.-
No podemos, somos unos inútiles, señor.

OBERÓN.-
(Mientras sale, rodeado de inútiles).
Y luego dirán que ser rey es una maravilla…

(Salen todos).
(Suena una música mágica y romántica. Una flor sobrevuela la escena. Todo es suave, romántico y muy bonito).
(Al rato, y rompiendo el romanticismo, entra Puck que trata de coger a la flor, sin conseguirlo).

PUCK.-
Ven aquí, flor de las narices.
(Se le escapa).
(Salta y se da un batacazo).
Asco de amor, la verdad. Con lo bien que se está solo.
(Salta y brinca inútilmente tras la flor).
Está bien. Desisto, no soy tan listo como tú.
(Sale).
(La flor vuela un poco, ya tranquila, para posarse al rato sobre el suelo. Es una flor mágica, bonita y resplandeciente).
(De improviso aparece Puck da un salto y atrapa a la flor).

PUCK.-
¡Te engañé! Yo jamás me rindo… Bueno, sólo cuando me han ganado.

(Sale con la flor).
(Entra un grupo de cuatro Hadas que llevan cogido de la mano a un asno con cuerpo humano, o un ser humano con cabeza de asno; nadie notará la diferencia).

ASNO.-
¿A dónde me lleváis, bellas señoritas?

HADA 1.-
Al lugar más bello del bosque.

ASNO.-
Me pesa la cabeza.

HADA 2.-
Es culpa del conjuro de una bruja.

ASNO.-
¿Eso es malo?

HADA 3.-
Nada te pasará. Te daremos a beber un agua mágica.

ASNO.-
¿Eso es bueno?

HADA 4.-
Calla y no hables.

ASNO.-
Eso me dice mi madre, que estoy más guapo callado.

HADA 1.-
Sabia mujer tu madre.

(Sale el Hombre Asno con dos de las Hadas y quedan otras dos en escena).

HADA 1.-
No hubiese hecho falta hacer el conjuro para que tuviese cabeza de asno. Ya lo es.

HADA 2.-
Cualquier bruto es ms listo que él.

HADA 1.-
Cualquier cosa es más inteligente que él.

ASNO.-
(En off).
¿Eso es malo?
HADA 1.-
¡Por las santas hadas!

(Salen las dos Hadas).
(Entra Oberón).

OBERÓN.-
¿Dónde estará ese endemoniado de Puck? Lo he buscado por todo el bosque. Estoy cansado… Tengo sueño… Dormiré un rato mientras llega ese bobo de Puck.

(Ve un matorral entre unos árboles y allí se tumba a dormir, y queda semi oculto en la vegetación).
(Entran Hada 3 y Puck, éste último con la flor).

HADA 3.-
Tú no me quieres.

PUCK.-
Claro que te quiero.

HADA 3.-
Si me quisieras, me darías esa flor tan hermosa.

PUCK.-
Es para el rey Oberón.

HADA 3.-
Mientes. Seguro que es para otra hada.

PUCK.-
No hay hada como tú.

HADA 3.-
Demuéstramelo y dame la flor.

PUCK.-
Si tu me das un beso…

HADA 3.-
Eres un pillo.

PUCK.-
¿Me darás un beso?

HADA 3.-
Tal vez. Si me das antes la flor.

(Puck le da la flor al Hada, que enseguida sale a todo correr).

PUCK.-
Dijiste que me darías un beso.

HADA 3.-
Dije tal vez…
(Ríe).
Aunque tendrás que venir a por él.

(Sale Puck por donde saliera el Hada).
(Entra Titania con la flor y se aproxima hasta donde duerme Oberón y acerca la flor hasta el durmiente rey).

TITANIA.-
(Con sugestiva voz).
Oberón, huele la fragancia.
(Acerca aún más la flor al otro).
Huele…
(Luego se aleja).
Aprenderás la lección. Si me quieres, tendrás que aprender a enamorarme y si no, a olvidarme.

(Sale Titania).
(Entra Hada 1 con el Asno Humano).

HADA 1.-
Ese hombre que duerme te enseñará el camino para salir del bosque.

ASNO.-
¿Y eso es bueno?

HADA 1.-
Es lo mejor para que la malvada bruja que te ha hechizado no te encuentre de nuevo.

ASNO.-
Vale.

(Asno se acerca a Oberón y el Hada sale).

ASNO.-
Señor, ¿puede ayudarme?

OBERÓN.-
(Aún sin ver al otro).
¡Maldición! ¿Quién se atreve a despertarme?
(Ve al asno).
Hola, maravillosa criatura, ¿quién eres?

ASNO.-
Soy Ambrosio, el chatarrero.

OBERÓN.-
¡Qué bello eres!

ASNO.-
¿Y eso es bueno?

OBERÓN.-
Es maravilloso.

ASNO.-
Vale.

OBERÓN.-
Te presentaré a mis padres. Quiero casarme contigo cuanto antes.

ASNO.-
No creo.

OBERÓN.-
Ven conmigo. Mis padres viven en un palacio casi tan bello como tú.

ASNO.-
¿Y ese palacio está fuera de éste bosque?

OBERÓN.-
Claro.

ASNO.-
Vale, eso es bueno. Entonces sí que voy.

OBERÓN.-
Ya verás la sorpresa que se llevarán.

ASNO.-
Eso no creo que sea tan bueno.

(Salen ambos).
(Entra Puck).

PUCK.-
El hechizo de Ambrosio sólo duró unas horas, pero el de Oberón duró un año entero, durante el cual sus padres le obligaron a vivir encerrado en el castillo para que no hiciera más el ridículo.
Y es que no hay que fiarse del amor.

HADA 3.-
(Que asoma por un extremo).
¿Nunca?

PUCK.-
Oye, me debes un beso. ¡Espera!
(Da unos pasos hacia el Hada, que desaparece).
¡Cómo me gusta esa hada!

(Sale Puck).

FIN

Ilustración: José Bolorino

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