Guiones para teatro de tí­teres: Alí­ Babá y los tres ladrones


Este texto para teatro de marionetas está basado en el popular cuento de “Alí­ Babá y los 40 ladrones”. En esta adaptación y para simplificar su puesta en escena, son sólo tres los bandidos. Queda al criterio del director o directora que lleguen a ser cinco o diez los ladrones, ya que nadie se rasgará las vestiduras aunque fuesen dos los ladrones.
En esta adaptación resaltamos el valor de la vida, muy por encima de las riquezas. Recomendado a partir de los 5 años.

Alí­ Babá y los tres ladrones
Autor: José Luis Garcí­a

(En un extremo algunos árboles y arbustos, y en el otro vemos unas enormes piedras. Entra el Leñador, su hacha está rota).
LEÑADOR.-
-¿Me ha mirado un tuerto?, -¿me han embrujado?, -¿por qué mi mala suerte? Nací­ para ser un pobre leñador y para colmo de mis desgracias, se me rompe mi única hacha. Y tampoco tengo dinero para comprar una nueva. -¿Qué más puede pasarme?
LADRÓN 1.-
(En off).
Espero que nuestro escondite sea seguro.
LADRÓN 2.-
(En off).
Si encontramos a alguien merodeando.
LADRÓN 3.-
(En off).
Nuestros cuchillos harán que acaben sus problemas para siempre.
(Escuchamos las risas de los tres bandidos).
LEÑADOR.-
Sean quienes sean, están muy cerca. Y si mi encuentran aquí­, ya se qué me pasará.
(Se esconde entre los arbustos).
(Entran los tres ladrones. Cada uno de ellos porta un saco. Se acercan hasta las piedras y depositan su carga en el suelo).
L1.-
Parece que todo está tranquilo.
L2.-
Es un buen sitio para esconder nuestro oro. No pasan ladrones por aquí­.
L3.-
Pues yo veo a dos.
(Rí­en los tres, tranquilos y confiados).
L2.-
-¡Ábrete Sésamo!
(Un grupo de piedras se desplaza, dejando al descubierto la entrada a una cueva).
L1.-
Es una buena contraseña secreta.
L2.-
Yo le hubiese puesto el nombre de otro grano, o de otro cereal.
L2.-
-¿Qué le pondrí­as?, -¿ábrete cebada, ábrete arroz o ábrete lenteja?
(Rí­en de nuevo los tres ladrones).
L1.-
Tenemos que darnos prisa. Hay más oro esperándonos.
(Desaparecen los tres ladrones en el interior de la cueva).
(Aparece el Leñador desde su escondite).
LEÑADOR.-
Tengo que escapar de aquí­, antes de que me descubran y sus cuchillos consigan que terminen mis problemas para siempre.
L1.-
(En off).
-¡Dejad de manosear las monedas de oro y marchemos de una vez!
LEÑADOR.-
-¡Ay, qué me pillan!
(Vuelve a esconderse entre los arbustos).
(Aparecen los tres ladrones desde el interior de la cueva).
L3.-
-¡Qué bonito es ser rico!
L1.-
-¡Ciérrate, Sésamo!
(El grupo de piedras se desplaza, ocultando la entrada a la cueva).
L2.-
Los ricos nos esperan para que les aliviemos de tanta riqueza.
(Rí­en mientras salen).



(Aparece el Leñador desde los arbustos).
LEÑADOR.-
Ahora puedo irme sin problemas.
(Sale por el lado contrario al que se fueron los tres ladrones. Pero entra al instante).
Aunque digo yo que esos ladrones no echarán en falta un poco de su oro…
(Se acerca hasta las piedras).
-¡Ábrete, Habichuela!
(No sucede nada).
-¡He olvidado el conjuro!
(Piensa).
-¡Ábrete, Sésamo!
(Como sucedió antes, se desplazan las piedras, dejando ver el interior de la caverna. El Leñador se introduce en la cueva y al poco rato vuelve a salir, portando un saco).
-¡Ciérrate, Sésamo!
(Se oculta la entrada con las piedras).
(Rí­e el Leñador).
-¡Soy rico, soy rico, soy rico!
(Entra Andrés, es el hermano del Leñador).
ANDRÉS.-
-¿Qué dices, hermano?, -¿qué llevas en ese saco?
LEÑADOR.-
-¿Qué haces tú aquí­?
ANDRÉS.-
Te buscaba. Estaba preocupado porque tardabas en llegar. -¿Qué llevas en el saco?
LEÑADOR.-
Montones de oro. Aprovecha tu también antes de que lleguen los ladrones.
ANDRÉS.-
-¿Qué ladrones?
LEÑADOR.-
No preguntes y muévete. Debes gritarle un conjuro a las piedras y se abrirá una cueva. Coges un saco de oro y luego debes decir otro conjuro para cerrar la cueva.
ANDRÉS.-
-¿Un conjuro?, -¿qué conjuro?
LEÑADOR.-
Ábrete, Sésamo; para abrir el escondrijo. Ciérrate, Sésamo; para cerrarlo. Y date prisa, no sé cuánto tiempo tardarán los ladrones en llegar.
(Sale con su saco).
ANDRÉS.-
Mi hermano debe de haberse vuelto loco.
(Se acerca hasta las piedras).
-¡Ábrete, Judí­a!
(Nada sucede).
Mi hermano me ha tomado el pelo. Debí­ imaginarlo. -¿O era otro el conjuro?… -¡Ábrete, Sésamo!
(Se mueven las piedras y podemos ver la entrada a la guarida).
-¿Ahora soy quien se ha vuelto loco?
(Entra en la cueva).
ANDRÉS.-
(En off).
-¡Ciérrate, Sésamo!
(Las piedras ocultan la entrada).
-¡Ay, madre!, -¡qué oscuro está esto!… -¡Ábrete, Lenteja!…
(Entra el Leñador).
LEÑADOR.-
(Que busca).
-¿Hermano, dónde estás?
ANDRÉS.-
-¡Dentro de la cueva!
LADRONES 1 Y 2.-
(Que cantan).
Tú eres mi tesoro, mi tesoro eres tu; yo quiero todo el oro…
LEÑADOR.-
Llegan los bandidos. No digas nada y escóndete. Si te encuentran, puede ser fatal.
(El Leñador se esconde).
(Entran los dos ladrones, cada uno con un saco al hombro).
L1.-
(Mira a su compañero y luego busca a su tercer compinche).
-¿Dónde está Julián?
L2.-
(Después de mirar a su alrededor).
Pensaba que vení­a detrás mí­o.
L1.-
-¡Seguro que se ha ido a la taberna!
L2.-
Si se pone a beber y no estamos con él, es seguro que contará nuestro secreto.
L1.-
-¡Ábrete, Sésamo!
(Se abre la cueva).
Rápido, dejemos los sacos y vayamos a buscarlo.
(Apenas en la entrada depositan sus sacos).
-¡Ciérrate, Sésamo!
(Se cierra la caverna).
Rápido, tenemos que llegar a la taberna antes de que Julián beba demasiado.
(Salen ambos ladrones).
(El Leñador aparece desde su escondite).
LEÑADOR.-
-¡Ábrete, Sésamo!
(Se abre la cueva y sale desde ella Andrés).
L1.-
(En off).
Pensábamos que te habí­as escapado a la taberna.
L3.-
(En off).
No pude evitar la tentación de entrar en aquella casa. Se habí­an dejado la ventana abierta.
LEÑADOR.-
-¡Ciérrate, Sésamo!
(Se oculta la entrada).
-¡Vamos!
ANDRÉS.-
Pero me quedo sin mi tesoro.
LEÑADOR.-
-¿Te parece poco tesoro salvar tu vida? Además, compartiré mi tesoro contigo.
(Salen los dos hermanos).
(Entran los tres ladrones).
L1.-
-¡Ábrete, Sésamo!
(Se abre la caverna y los tres entran en la cueva).
L1.-
(En off).
-¡Traición! Falta un saco de oro.
(Salen los tres desde la cueva y buscan por el lugar).
L2.-
Ya has contado en la taberna nuestro secreto.
L3.-
Ya os dije que no fui a la taberna.
L 1 y 2.-
-¡Mentiroso!
L3.-
Es cierto, fui a la taberna; pero no le conté a nadie acerca de lo nuestro.
L2.-
Eres un torpe y un mentiroso.
L1.-
Por lo pronto, cambiemos la contraseña.
(A las piedras, con voz de mando).
-¡Escucha y obedecerás! A partir de ahora en lugar de Sésamo, obedecerás cuando se te diga -¡Ábrete, Maí­z!, y -¡Ciérrate, Maí­z!
L 2 y 3.-
-¿Maí­z?
L1.-
-¡Callaos!… -¡Ciérrate, Maí­z!
(Se cierra la puerta).
Mañana nos llevaremos nuestro tesoro a otro lugar más seguro. Ahora vamos a dormir.
L2.-
-¿No buscamos al ladrón de nuestro saco?
L1.-
Dice el refrán que quien roba a un ladrón, tiene cien años de perdón. Además, tenemos muchos sacos de oro en la cueva.
L2.-
Es cierto, y en cien años muchos otros sacos podremos robar.
L3.-
-¿Y si nos dedicamos a robar a ladrones?, todos nos perdonarán cien años.
L2.-
Es cierto, y además, yo no pienso vivir cien años más. Robemos a los ladrones.
L1.-
No es mala idea. Pero esa es otra historia.
L3.-
-¿Nos la contarás antes de ir a dormir?
L2.-
Sí­, por favor. No hay nada mejor para dormir que escuchar eso de “colorí­n, colorado; este cuento se ha acabado”.
L1.-
De acuerdo, pero vamos a dormir.
(Salen los tres).
(Al instante entra el Ladrón 1).
L1.-
(Al público).
Olvidaba decirlo: colorí­n, colorado; este cuento se ha acabado.
(Sale).

FIN


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