Guiones para teatro: Las tres preguntas


El texto que presentamos está basado en un antiquí­simo cuento popular español, del que se conocen varias versiones. En nuestra adaptación se cuenta la historia de dos enamorados y de un amor imposible, ya que ella es una princesa y él un jardinero.
Es un texto para cinco personajes y está recomendado a partir de los 7 años.

Las tres preguntas
Autor: José Luis Garcí­a

(Un salón del palacio. El lugar en el que el Rey recibe las visitas).
(Entran la Princesa y un joven de aspecto humilde, llamado Juan).
JUAN.-
No saldrá bien.
PRINCESA.-
Sólo tienes que decirle a mi padre que quieres casarte conmigo. Y que yo te quiero.
JUAN.-
-¿Y si no le gusto? Tú eres la princesa y yo el jardinero.
PRINCESA.-
Dile que cuidarás de mí­ como de una rosa.
JUAN.-
-¿Y si me encierra en el calabozo?
PRINCESA.-
Mi padre es un buen hombre, campechano, pací­fico y bondadoso.
REY.-
(En off).
-¿Dónde está ese cocinero? Lo haré asar a fuego lento.
JUAN.-
-¡Ay, santa Margarita!
(Sale Juan).
PRINCESA.-
-¡No seas cobarde!
(Entra el Rey).
REY.-
-¿El Rey un cobarde?
PRINCESA.-
No te lo decí­a a ti, papá. Hablaba con mi novio.
REY.-
Ah, bueno. Una pelea de enamorados.
(Sale el Rey).
REY.-
(Que entra al instante. Muy nervioso).
-¿Cómo que tu novio? -¿Quién es ese bigotudo, ese descamisado, ese villano?
PRINCESA.-
Ha venido a hablar contigo.
REY.-
(Más calmado).
Eso es otra cosa. -¿Es el prí­ncipe Abelardo?, -¿el general Pancracio?, -¿o acaso el otro prí­ncipe, Casimiro?
PRINCESA.-
Se llama Juan. Ahora lo hago entrar.
(Sale la Princesa).
REY.-
No conozco a ningún prí­ncipe Juan. -¿Tal vez un almirante?
(Entra Juan, empujado por la Princesa).
REY.-
(A Juan).
-¿Por qué llevas esos ropajes de pobre? -¡Comprendo! Vienes de incógnito, para que nadie sepa que eres un prí­ncipe.
PRINCESA.-
No es un prí­ncipe, papá; es jardinero.
REY.-
-¿Un rico mercader con muchos jardines?
JUAN.-
No majestad, soy el jardinero de palacio.
REY.-
-¡A mí­ la guardia!
(De inmediato entran dos soldados, que avanzan con su cantinela “un, dos, un, dos…”).
REY.-
-¡Apresadlo!
SOLDADO 1.-
(Mientras coge a Juan de un brazo).
-¡Uno!
SOLDADO 2.-
(Mientras lo coge por el otro brazo).
-¡Dos!
PRINCESA.-
Papá… Nos queremos.
SOLDADOS 1 y 2.-
(Al uní­sono).
-¡Qué bonito!
JUAN.-
(Con voz muy débil).
La cuidaré como a una rosa.
REY.-
-¿Roca? -¡Mi hija no es una piedra!
1.-
Ha dicho rosa, majestad.
2.-
Eso es. Rosa y no roca.
REY.-
-¡Silencio! No la cuidarás ni como rosa, ni como roca; ni tampoco como oca. No os casaréis.
1 y 2.-
(Con pena).
-¡Oh!
PRINCESA.-
Si no me caso con él, no me casaré con nadie. Además, mamá lo sabe y está de acuerdo.
REY.-
-¡Traición en mi propia familia!
1.-
-¡Qué novelón!
2.-
Ya te digo.
REY.-
-¿Tú madre, eh?
(El Rey, pensativo, da vueltas por el salón. Habla para si mismo).
La reina está de acuerdo. La que me espera si me opongo sin más explicaciones.
(Se detiene de improviso y habla a los presentes).
De acuerdo. Os casaréis.



LOS OTROS CUATRO.-
-¡Bien!
(Se abrazan Princesa y Juan, Soldado 1 y Soldado 2).
REY.-
(Con voz grave).
Os casaréis si tu novio responde correctamente a tres preguntas.
PRINCESA.-
Papá, no es justo.
REY.-
Si es incapaz de responder a tres preguntas, -¿cómo puede aspirar a ser rey?
JUAN.-
Acepto, majestad.
PRINCESA.-
-¿Aceptas?
REY.-
Bien dicho, muchacho. Atento pues a las tres preguntas.
1.-
-¡Atento!
2.-
-¡Pues!
REY.-
Primera: -¿cuánto pesa la tierra de todo el mundo? Segunda: -¿cuánto valgo yo? Y tercera: -¿qué pensamiento tengo yo ahora?
JUAN.-
-¡Vaya!
REY.-
Y mañana a esta hora tendrás que responderlas.
(Salen el Rey y los dos soldados).
JUAN.-
Menudo lí­o. -¿Qué vamos a hacer ahora?
PRINCESA.-
No te preocupes. Tengo una idea.
(Sale la Princesa).
JUAN.-
Temo cuando dices que tienes una idea. -¿Qué idea?
(Sale Juan).
(Entran por un extremo los dos soldados, con “un, dos, un, dos…”. Y salen por el otro).
(Vuelven a entrar con su cantinela y paran en el centro de la estancia).
1.-
Y así­ pasó el tiempo.
2.-
Hasta que llegó la hora convenida por el Rey.
1.-
-¡Qué emoción!
(Salen ambos. Entra el Rey).
REY.-
Yo estoy aquí­. -¿Dónde estás tú, Luján?
(Entran la Princesa, vestida con las ropas de Juan, y éste con las de la Princesa).
PRINCESA.-
(Con voz grave).
Me llamo Juan y no Luján.
REY.-
Vamos a lo que vamos. Al pan, pan.
(A Juan vestido de princesa).
Hija mí­a, -¿qué te pasa hoy?, -¿has engordado o has dormido mal?
JUAN.-
(Con voz aflautada).
La emoción no me ha dejado dormir, papá.
REY.-
Hablas como tu abuelo, cuando se cayó al pozo y pasó allí­ tres dí­as.
PRINCESA.-
(Como Juan).
Vamos a lo que venimos, majestad.
REY.-
Bien dicho, muchacho. A ver, -¿cuánto pesa la tierra de todo el mundo?
PRINCESA.-
(Como Juan).
Majestad, si me quita usted antes las piedras…
REY.-
(Después de una sonora carcajada).
Bien dicho, muchacho. Si no se quitan antes las piedras, no hay manera de poder pesar la tierra.
(Rí­e).
Bien, la doy por buena.
(Juan y Princesa se abrazan).
REY.-
Ante todo moderación. Vamos a por la segunda: -¿cuánto valgo yo?
PRINCESA.-
(Como Juan).
A Jesús, el hijo de Dios, lo vendieron por treinta monedas de oro. Usted valdrá un poco menos, digamos veintinueve monedas de oro.
REY.-
Bien dicho, muchacho. Este chico me está gustando.
(Mira a Juan vestido como princesa).
-¡Hija mí­a!, qué fea estás hoy. Perdona que te lo diga.
PRINCESA.-
(Como Juan).
Vamos a la tercera.
REY.-
Eso es, eso es. A ver, -¿qué pensamiento tengo ahora?
PRINCESA.-
(Como Juan).
Majestad, usted piensa que habla con Juan…
(Ahora con su voz normal).
”¦ Y con quien habla es con la Princesa.
REY.-
-¿Qué significa esto?
PRINCESA.-
Es el amor, papá. Lo que le falta a uno, trata de completarlo el otro.
JUAN.-
Y las respuestas han sido correctas.
REY.-
Pardiez, eso es cierto.
(Se pasea meditabundo por la habitación).
Además, tu madre está de acuerdo, claro.
(Sigue con su paseo).
PRINCESA.-
Papá…
REY.-
Está bien, lo doy por bueno. Si habéis resuelto este problema, bien podréis resolver otros. Podéis casaros si queréis.
JUAN.-
-¿De verdad?
REY.-
Sí­, palabra real, Pero, por el abuelo Pancracio, id a vestiros como Dios manda. No vayan a decir que el nuevo prí­ncipe se viste con ropas de mujer.
(Juan y Princesa se abrazan y salen).
-¡Ay, el amor!
(Entran Soldados 1 y 2 con una pata de jamón).
2.-
-¡El jamón!
REY.-
Dije el amor, y no el jamón.
1.-
Si no lo quiere.
(Comienzan a salir con el jamón).
REY.-
-¡Alto! Lo cortés no quita lo valiente. Además, hay algo que celebrar.
(Sale el Rey).
1.-
Con mucho amor.
2.-
Y con este jamón.
1.-
Nos vamos a celebrar aquello de que con amor todo se arregla.
2.-
-¡Ay, el amor!
REY.-
(En off).
-¡El jamón!
2.-
(Que sale con el jamón).
-¡Ay, el jamón!
1.-
-¡Ay, el amor!
(Sale).

FIN


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