Guiones para teatro de tí­teres: El viejo del saco


Este texto se inspira en una historia que se contaba hace mucho tiempo en el barrio de Cuatro Caminos, en el madrileño distrito de Tetuán. La protagonista es una niña demasiado confiada. La historia la contaban los padres a sus hijos, para que éstos aprendieran a tener cuidado. También se la conoce con el nombre de “El hombre del saco” o “El saco que cantaba”.
Cuidado con lo que hacéis, que con el viejo del saco no topéis.
Recomendado a partir de los 6 años.

El viejo del saco
Autor: José Luis Garcí­a

(En el centro una fuente y al fondo fachadas de varias casas. Junto a la fuente, de la que parece que mana agua, está sentado un hombre viejo de aspecto siniestro y a su lado vemos un saco vací­o, y un garrote).
(Se abre la puerta de una de las casas del fondo y aparecen en ella Madre y Rosita, una niña de unos seis años que porta un cántaro vací­o. En el cuello de Rosita luce una gargantilla de coral).
MADRE.-
-¿No será demasiado pesado para ti?
ROSITA.-
No, mamá.
MADRE.-
Ten cuidado. No hables con extraños.
ROSITA.-
No, mamá.
MADRE.-
Y no pierdas la gargantilla.
ROSITA.-
No, mamá.
(Rosita se dirige con el cántaro a la fuente. La Madre entra en la casa y cierra la puerta).
(Cuando Rosita llega a la fuente, se cruza su mirada con la del Viejo. La niña coloca su cántaro para que se llene en la fuente y luego se quita la gargantilla y la deja en el borde de la fuente).
ROSITA.-
Así­ no se me caerá al agua cuando recoja el cántaro.
(La niña espera a que se llene el cántaro y de vez en cuando mira al Viejo, que parece ajeno a ella).
(Cuando ella cree que ya está lleno, lo sujeta con gran esfuerzo y trastabillando se encamina hacia la puerta de su casa. Cuando está en esto, el Viejo esconde la gargantilla dentro del saco).
ROSITA.-
(Antes de llegar a la puerta).
-¡Mi gargantilla!
(Deja el cántaro en el suelo y se dirige presurosa hasta la fuente. Una vez allí­, por más que busca no encuentra su collar).
ROSITA.-
(Al Viejo).
-¿No ha visto usted mi gargantilla?
VIEJO.-
No sabí­a que era tuya. La metí­ en el saco para que no se perdiera. Búscala tu misma, que yo soy tan viejo que casi no puedo moverme.
(La niña se acerca hasta el saco y rebusca sin encontrar su preciado objeto).
VIEJO.-
(Sin moverse de su sitio).
Seguro que está en el fondo.
(Como el saco es grande y la niña pequeña, ella se introduce en él y dejamos de verla. El Viejo se levanta con gran agilidad, cierra el saco y toma su bastón).
VIEJO.-
Ahora harás lo que yo diga, o te golpearé con mi bastón.
ROSITA.-
(Desde dentro del saco. Y hasta que se diga, a partir de ahora, la voz de la niña será siempre desde dentro del saco).
Casi no puedo respirar.
VIEJO.-
Haz lo que yo te diga y pronto te soltaré.
(El hombre se carga el saco a la espalda y se acerca con él hasta la puerta de una de las casas, y llama. Se abre la puerta y asoma un Hombre).
HOMBRE.-
-¿Eh?
VIEJO.-
Por una moneda puedo hacer que cante mi saco.
HOMBRE.-
Que cante primero y si es verdad, te daré la moneda.
VIEJO.-
(Al saco).
-¡Saco, canta! -¡Si no, con el bastón daré en tu panza!
ROSITA.-
(Canta desde dentro del saco).
Por agua fui a la fuente.
Que lejos no está.
Y perdí­ mi gargantilla,
gargantilla de coral.
-¡Ay, madre de mi alma,
que enfadada estará!
HOMBRE.-
Vaya. Si que canta bien tu saco. Te has ganado tu moneda.
(El Hombre rebusca entre sus ropas y luego le da la moneda al Viejo. Cierra la puerta de su casa).
VIEJO.-
Es un buen negocio.
ROSITA.-
Casi no puedo respirar.
VIEJO.-
Haz lo que yo te diga y pronto saldrás.



(El Viejo se acerca hasta otra puerta, siempre con el saco. Llama y abre una Mujer).
VIEJO.-
Por una moneda puedo hacer que cante mi saco.
MUJER.-
Sí­, claro. Venga, que cante y si me gusta te daré esa moneda.
VIEJO.-
(Al saco).
-¡Saco, canta! -¡Si no, con el bastón daré en tu panza!
ROSITA.-
Volví­ luego a la fuente,
para poder encontrar,
mi querida gargantilla,
gargantilla de coral.
-¡Ay, madre de mi alma,
que enfadada estará!
MUJER.-
Eres un viejo loco, pero tu saco canta bien.
(Le da una moneda y cierra la puerta).
VIEJO.-
Me voy a hacer de oro.
ROSITA.-
Casi no puedo respirar.
VIEJO.-
Calla, que pronto te sacaré.
(El Viejo se acerca a la casa de Rosita y llama a la puerta. Abre la Madre).
VIEJO.-
Por una moneda, puedo hacer que cante mi saco.
MADRE.-
-¿Has visto a una niña pequeña con un cántaro?
VIEJO.-
No.
MADRE.-
Toma la moneda.
(Se la da).
A ver si viene mi hija al oí­r el canto de tu saco. -¡Le gustan mucho las canciones!
VIEJO.-
(Al saco).
-¡Saco, canta! -¡Si no, con el bastón daré en tu panza!
ROSITA.-
No encontré mi gargantilla,
gargantilla de coral.
No encontré mi gargantilla
y perdí­ mi libertad.
-¡Ay, madre de mi alma,
que enfadada estará!
MADRE.-
-¡Qué voz tan bonita tiene tu saco! Te daré otra moneda, pero déjame tu bastón para alcanzar con él la caja donde la tengo guardada.
(El Viejo le da el bastón a la Madre y esta le da un garrotazo con él al Viejo, que cae al suelo. La Madre abre el saco y sale Rosita de él).
ROSITA.-
Casi no podí­a respirar.
(Vuelve a entrar en el saco y al poco sale otra vez, ahora con la gargantilla en una de sus manos).
Olvidaba mi gargantilla.
MADRE.-
Ya hablaremos luego. Ahora trae el cántaro, mientras yo le doy una lección a este malvado.
(Rosita va a por el cántaro y la Madre entra en la casa y sale enseguida con un perro, al que mete en el saco. La mujer vuelve a entrar en la casa y esta vez sale con un gato, al que introduce también en el saco. Luego lo cierra y ayuda a Rosita que aún trastabilla con el cántaro y la gargantilla entre sus manos. Entran las dos en la casa y cierran la puerta).
(El Viejo se despierta y ve cómo el saco se agita).
VIEJO.-
-¡Ay, no recuerdo nada!
(Al saco).
Niña, quédate quieta, que te doy con el garrote.
(El saco sigue con su movimiento y el Viejo golpea con el bastón al saco, pero éste se mueve aún más que antes).
Vas a saber quién soy yo.
(Abre el saco y el perro sale de él y se agarra a una de las piernas del hombre, que se aleja un poco del saco. El gato sale también y se agarra a la otra pierna. El Viejo corre de un lado a otro, entre gritos, pero no consigue zafarse de los animales. Sale).
(Se abren sus respectivas puertas y asoman el Hombre y la Mujer).
HOMBRE.-
Esta es la historia. Y aunque testigos no hemos sido…
MUJER.-
Así­ nos la han referido.
AMBOS.-
-¡Chimpún!
(A la vez, cada uno entra en su casa y cierra su puerta de un portazo).

FIN


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