Leonardo da Vinci, inspiración para el teatro


gioconda

Una de las mayores virtudes del teatro es que puede encontrarse inspiración para el desarrollo de su arte en cualquier lugar y en cualquier disciplina. Tal es el caso del Tratado de Pintura de Leonardo da Vinci. Hablamos de un artista del que se han dicho tal cantidad de dislates, que mi maní­a de encontrar inspiración para el teatro en su tratado para pintores, creo que es de las menos peligrosas. Aunque, como decí­a el propio Da Vinci: “Bien sabemos que los errores se reconocen más sobradamente en las obras ajenas que en las propias, y que a veces, censurando pequeños errores en los otros, ignoramos los grandes en nosotros mismos”.

Aunque también decí­a: “Cuanto mayores sean tus conocimientos tanto más loable será tu hacer”.

Os dejo aquí­ algunas anotaciones del maestro, que muy bien pueden servir para un practicante, avezado o novato, de las artes escénicas.

Variedad de los personajes en las historias:

En las historias, los personajes deben diferir en complexión, edad, tinte, actitud, corpulencia y flaqueza: corpulentos, flacos, altos, bajos, obesos, magros, orgullosos, corteses, viejos, mozos, fuertes y musculosos, enclenques y de poca fibra, joviales, melancólicos; de cabellos crespos o lacios, cortos o luengos; de movimientos vivos o vulgares. Y has de variar las ropas y colores y todo lo que la composición requiera. Peca gravemente el pintor que hace rostros semejantes; y aún es gran defecto reiterar los gestos.

Cómo acrecentar y estimular el ingenio por medio de invenciones varias:

No puedo dejar de incluir entre estos preceptos una nueva y especulativa invención que, si bien parece mezquina y casi ridí­cula, es, sin duda, muy útil para estimular al ingenio a varias invenciones. Es la siguiente: si observas algunos muros sucios de manchas o construidos con piedras dispares y te das a inventar escenas, allí­ podrás ver la imagen de distintos paisajes, hermoseados con montañas, rí­os, rocas, árboles, llanuras, grandes valles y colinas de todas clases. Y aún verás batallas y figuras agitadas o rostros de extraño aspecto, y vestidos e infinitas cosas que podrí­as traducir a su í­ntegra y atinada forma. Ocurre con estos muros variopintos lo que con el sonido de las campanas, en cuyo tañido descubrirás el nombre o el vocablo que imagines.

Cómo se ha de dar luz a las figuras:

La luz ha de ser dispuesta como conviene al lugar natural donde finjas esté tu figura, es decir: si la representas a pleno sol, harás sombras oscuras y amplios espacios luminosos, y recortarás sobre la tierra sus sombras y las de todos los objetos circundantes. Si la representas con mal tiempo, poca diferencia establecerás entre luces y sombras, y ninguna sombra harás a los pies. Si la representas en el interior de una casa, establecerás gran diferencia entre luces y sombras, y harás sombra en el suelo; pero si la ventana está cubierta y los muros son blancos, poca diferencia entre luces y sombras. Si está iluminada por un fuego, harás rojizas e intensas las luces, oscuras las sombras y distinta la caí­da de las sombras sobre los muros o sobre el suelo, y tanto más ancha y larga cuanto más alejadas del cuerpo.

Estos son sólo tres ejemplos de cómo un Tratado de un maestro puede iluminar la creación de la puesta en escena.

Una Respuesta a “Leonardo da Vinci, inspiración para el teatro”

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