Guiones para tí­teres: Por qué no se debe pegar a los niños


Hay leyendas que fusionan poesí­a y enseñanza, y así­ perviven al paso de los siglos. Es el caso de esta leyenda de los antiguos pobladores del Gran Chaco, que lleva muchos años junto a mí­. En 1991 escribí­ una primera adaptación para teatro, y al año siguiente la adapté de nuevo para televisión. Y hoy, 21 años después, la traigo a Titerenet. -¿Por qué no se debe pegar a los niños?, esta bella historia nos lo cuenta.
Recomendada a partir de los 5 años.

Por qué no se debe pegar a los niños
Autor de esta adaptación: José Luis Garcí­a

(Dos casas, cada una en un extremo de la escena. La de la derecha, que llamaremos B, tiene la puerta cerrada; y en la otra, A, se ve una ventana con una cortina. Entre ambas viviendas, una piedra. De A sale el ruido de una fiesta).
(La Madre sale de la casa B y justo en ese momento la Amiga asoma por la ventana de A).
AMIGA.-
-¿Vienes a la fiesta?
MADRE.-
Sí­, señora. Estoy harta de que mi marido pase todo el tiempo fuera del pueblo; harta de estar todo el dí­a trabajando; harta de no haber probado nunca la cerveza de maí­z.
AMIGA.-
Y no tendrás que preocuparte por tus hijos. Si dejas la puerta bien cerrada, no podrá pasarles nada.
MADRE.-
Eso es, una puerta cerrada no es una puerta abierta.
AMIGA.-
Entra a la fiesta.
(La Madre entra en la casa A y la Amiga abandona la ventana. Durante un rato no vemos a nadie, sólo se escucha el ruido de la fiesta, que aumenta de volumen).
(La Madre asoma por fin por la ventana de A, lleva un vaso en la mano).
MADRE.-
(Está ligeramente bebida. De vez en cuando, el hipo la sobresalta).
-¡Qué mareo más tonto me ha entrado!, -¡será posible! Voy a ver si tomando un poco más de cerveza se me pasa, -¡será posible!
(Desaparece de la ventana hacia el interior de la casa).
(Vemos cómo se mueve la puerta de la casa B y al poco rato asoma la cabeza de la Niña, que observa; luego sale la Niña de la casa).
NIÑA.-
-¡Puertas a mí­!
(Camina unos pasos).
Creo que nadie me ha visto.
(Se acerca hacia la casa en la que se celebra la fiesta).
Me voy a enterar por qué mi madre me ha encerrado. Nunca lo habí­a hecho.
(Llega con sigilo hasta la ventana y se asoma por ella. Observa lo que ocurre en su interior).
Ahí­ está mi madre. -¿Qué hace?
(Se retira de la ventana)
Creo que me ha visto.
(Se aleja de la ventana y se esconde detrás de la piedra que está entre las dos viviendas).
MADRE.-
(Que se asoma por la ventana, después de manotear las cortinas. De vez en cuando, el hipo la sobresalta).
Esto es muy raro, cuanta más cerveza bebo, más mareo tengo; no lo entiendo.
(Mira hacia la piedra).
-¡Será posible!, -¿qué estoy viendo?
(Se aleja de la ventana y dejamos de verla. Al poco rato sale desde la casa A. Tararea una canción popular, podrí­a ser “La Cucaracha”, y se acerca hasta la piedra, en la que sigue escondida la Niña).



MADRE.-
Vaya, no recuerdo para qué habí­a salido.
(Apoya una mano sobre la piedra y la desliza por ella hasta tocar la cabeza de la Niña).
Ay, madre; -¡una piedra peluda!
(Retira la mano y observa, hasta que descubre a la Niña escondida).
Pero, si ésta es mi hija; -¡será posible!
(A la Niña).
-¡Levántate de ahí­!, -¡será posible!
(La Niña se levanta, cabizbaja).
-¿No te dije que no salieras de la casa?
(La Madre se acerca aún más a la Niña).
No me mires así­ y respóndeme.
(Silencio).
-¡Mira que te doy un cachetón!, -¡será posible!
(La Niña no dice nada. La Madre le da un cachetón en la cara, ligero).
Y ahora entra en la casa.
(La Niña se dirige en silencio hasta la casa).
(La Madre la observa).
-¿Cómo es que ahora tengo dos hijas en vez de una?
(Rí­e bajito, como para sí­ misma).
(La Niña entra en la casa y la Madre cierra la puerta).
Muy bien, sí­ señor. Ahora cierro la cervecita y me voy a tomar otra puertita. A ver si se me pasa el mareo éste; -¡será posible!
(Se acerca hasta la casa en la que se celebra la fiesta).
-¡Comadre!, -¿me pone otro poquito de cerveza?
(Entra en la casa y dejamos de verla).
(La Niña vuelve a salir de la casa en la que estaba encerrada).
NIÑA.-
Si mi madre cree que me va a dejar encerrada, lo tiene claro. Esto es una injusticia. Los mayores siempre tienen que tener la razón.
(Se acerca muy enfadada hasta la piedra).
Me quedo fuera, y si vuelve mi madre y me vuelve a pegar, me da igual. Esto es una injusticia.
(La Niña se sienta junto a la piedra).
(Asoma un Niño desde la casa por la que antes salió la Niña).
NIÑO.-
Anda, la puerta está abierta; seguro que ha sido mi hermana.
(Ve a su hermana junto a la piedra y se acerca hasta ella).
-¿Qué haces aquí­?, mamá nos dijo que no saliésemos.
NIÑA.-
Me da igual. Mamá me ha pegado. Es una injusticia, ella está de fiesta y nosotros tenemos que estar encerrados.
NIÑO.-
Mamá nunca nos ha pegado.
NIÑA.-
Me dio un bofetón por salir de la casa. -¡Es una injusticia!
NIÑO.-
-¡Es una injusticia!
NIÑA.-
Y además, es injusto.
NIÑO.-
Reuniremos a todos los niños del pueblo. Están todos encerrados en sus casas mientras sus padres están en la fiesta. -¡Es una injusticia!
NIÑA.-
Y además, es injusto.
NIÑO.-
Me acabo de acordar de una antigua leyenda que nos contaba la abuela. Si todos los niños del pueblo nos ponemos de acuerdo, le daremos una lección a los mayores.
NIÑA.-
Se lo merecen por injustos.
NIÑO.-
Y por hacer injusticias.
(Salen ambos).
(La Madre sale de la casa, viene contenta y canta su canción).
MADRE.-
(De vez en cuando, el hipo la sobresalta).
Espero que esa niña no se haya escapado otra vez. Miraré en la piedra.
(Se acerca, alegre, hasta la piedra; la toca mientras tiene una risa tonta).
Vaya, esto no es la piedra; es una señora.
(Sigue toqueteando la piedra).
-¡Qué señora más chiquitita, y más calva! Perdone señora, no querí­a molestarla. Voy a la fiesta tomarme otra calva, porque estoy mareada.
(Se aleja de la piedra).
No me ha respondido. Mejor; a palabras sordas, oí­dos necios.
(Llega hasta la casa de la fiesta).
-¡Comadre!, -¿me pone otro poquito de cerveza?
(Entra en la casa y dejamos de verla).
(Suena una música, con un ambiente entre mágico y cool).
(Entran un grupo de niños en fila, vienen bailando al son del ritmo de la música).
NIÑO 1.-
-¿Cómo vamos a convertirnos en estrellas?
NIÑO.-
Vamos a intentarlo. -¡Las leyendas de la abuela nunca nos han engañado!
NIÑA.-
Sólo tenemos que bailar, juntos, el mismo ritmo.
NIÑO 2.-
Esto es un rollo. -¿Cómo vamos a volar?
NIÑA 2.-
Inténtalo.
(La Fila de Niños baila un momento en silencio, y al poco comienza a elevarse del suelo).
NIÑO 2.-
-¡Hala!
NIÑA.-
Sigue bailando, si no, nos caeremos.
(La Fila de Niños vuelve al suelo).
NIÑA 2.-
-¡Oh, no!
NIÑO.-
Sigamos, veréis cómo funciona.
(La Fila de Niños baila en silencio. Se eleva de nuevo en el aire).
NIÑO 2.-
-¡Funciona!
NIÑO.-
-¡Bien!
NIÑA.-
Si los mayores quieren niños para pegarles, que se los fabriquen de corcho, porque nosotros estaremos muy lejos.
(La Fila de Niños sigue un rato en el aire, hasta que desaparece en la lejaní­a).
(Cesa toda música).
(La Madre manotea en la cortina de la ventana, y al poco asoma por ella).
MADRE.-
Ha sido una fiesta fantástica. Qué pena que acabe.
(Mira en silencio).
-¡Qué silencio más extraño!
(Mira hacia la otra casa).
-¡La puerta está abierta! Esa niña se ha vuelto a escapar. Le voy a decir cuarenta y siete cosas y media; -¡será posible!
(Desaparece de la ventana).
(La Madre sale de la casa, cantando su canción).
MADRE.-
(De vez en cuando, el hipo la sobresalta).
-¡Qué mareillo más tonto tengo! Tiene que ser una bajada de tensión.
(Llega hasta la piedra y tropieza con ella).
-¡Perdone, señora!
(Se rí­e y acaricia la piedra).
-¡Qué señora más chiquitita y más calva!
(Rí­e).
-¡Qué calva tiene la señora!
(Mira hacia la piedra).
Si esto no es una señora. Es una piedra.
(Rí­e).
La piedra… Entonces mi hija tiene que estar escondida por aquí­. Vamos a ver. -¡Yiip!
(Se asoma hacia delante).
No está. Entonces estará debajo de la piedra; sí­, señor.
(Se agacha y va a mirar debajo de la piedra, pero se detiene en el último momento).
-¿Cómo va a estar debajo?, -¡ni que fuera una hormiga! Ya sé, seguro que me ha visto y ha vuelto a la casa. Le voy a decir cuarenta y ocho cosas; -¡será posible!
(Se acerca hasta la casa B, y desde la puerta llama hacia adentro).
Hija, sal de ahí­. -¡Sal de ahí­, te digo!
(Silencio).
Qué cosa más rara.
(Entra en la casa B. Al rato vuelve a salir).
Aquí­ dentro no hay nadie.
(Desde el fondo entran Amiga y Amiga 2).
AMIGA.-
-¡Han desaparecido todos los niños del pueblo!
AMIGA 2.-
Como si se los hubiese tragado la tierra.
MADRE.-
O como si hubiesen salido volando.
(Las tres miran hacia arriba).
LAS TRES.-
-¡Cuántas estrellas!
MADRE.-
-¡Qué tonta soy!, me habí­a olvidado de la leyenda.
AMIGA.-
-¿Qué leyenda?
AMIGA 2.-
-¿La leyenda de la abuela?
MADRE.-
Sí­, qué tonta soy. Olvidé que no se le debe pegar a los niños, porque ellos pueden escapar en una canción y convertirse en estrellas. Se me está pasando hasta el mareo…
AMIGA.-
-¡Cuántas estrellas!
MADRE.-
Nunca más le volveré a pegar a mi hija.
(Pausa mientras miran hacia el cielo).
Espero que no tarde en volver.

FIN


Otros textos breves y cuentos:


Más guiones, textos teatrales y cuentos: Guiones teatrales publicados


91 Respuestas a “Guiones para tí­teres: Por qué no se debe pegar a los niños”

  1. Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: Hay leyendas que fusionan poesí­a y enseñanza, y así­ perviven al paso de los siglos. Es el caso de esta leyenda de los antiguos pobladores del Gran Chaco, que lleva muchos años junto a mí­. En 1991 escribí­ una primera ada……