Guiones para tí­teres: El Rey que cazaba elefantes


Este texto teatral está escrito como si fuera una leyenda, de las de antes. Es una historia en la que vence la Naturaleza y que nos dice que tarde o temprano es ella la que prevalece. Un texto corto, de no muchos personajes, recomendado a partir de los 7 años.

El Rey que cazaba elefantes
Autor: José Luis Garcí­a

(La escena debe dejar claro que estamos al aire libre, en un lugar salvaje, en el que predomina la vegetación).
(Se escuchan los cantos de las aves. Todo, sin embargo, rezuma tranquilidad).
(Ahora escuchamos unos disparos de escopeta, uno, dos y así­ hasta cuatro).
(Dos Elefantes cruzan la escena. Huyen).
(Entra el Rey, que lleva una escopeta, y un Lacayo. El Rey se para en mitad de la escena y apunta hacia el frente, luego hacia el fondo y termina apuntando hacia el Lacayo).
LACAYO.-
Cuidado, Majestad; no soy un elefante.
REY.-
(Que baja la escopeta).
Tienes suerte, lacayo. -¿Hacia dónde han huido?
LACAYO.-
Hacia el interior de la selva. Es decir, hacia el lugar al que huyen siempre los elefantes.
REY.-
-¡Excelente!
(El Rey avanza hacia el lugar por el que salieron los elefantes y sale de escena).
LACAYO.-
-¿Excelente? -¡Espere, Majestad!
(Sale también).
(Por el otro extremo entran tres Elefantes, avanzan sigilosos).
ELEFANTE 1.-
-¿Se han ido?
ELEFANTE 2.-
Yo dirí­a que se han marchado.
ELEFANTE 3.-
Ese hombre es un peligro para todos nosotros.
ELEFANTE 2.-
Ese hombre es un peligro y punto.
ELEFANTE 1.-
Debe haber alguna manera de evitar que siga cazando elefantes.
(Escuchamos una explosión y el Mago aparece en escena).
MAGO.-
Existe una solución, pero no llegaréis hasta ella hablando como cotorras.
ELEFANTE 2.-
Querido Mago, -¿y serí­a usted tan amable de compartir esa solución con nosotros?
MAGO.-
Debéis utilizar la magia para vencer a ese hombre.
ELEFANTE 1.-
Por los huesos de mis antepasados. Usaré la magia y hasta las patadas en la espinilla, si hace falta.
MAGO.-
Existen unas palabras mágicas que debéis decir, pero tenemos que ir hasta mi cabaña, ya que no las recuerdo.
ELEFANTE 3.-
-¡Qué poca memoria tenéis los humanos!, -¡vamos, vamos!
ELEFANTE 1.-
Si, no sea que regrese con su escopeta.
(Salen todos).
(Escuchamos disparos de escopeta).



(Entran el Rey y el Lacayo).
REY.-
-¿Hacia dónde han ido?
LACAYO.-
No lo sé, Majestad, soy un lacayo y no un rastreador de huellas.
REY.-
Si yo no fuese un Rey campechano, te darí­a un guantazo con mi propia mano. -¡Adelante!
(Sale el Rey).
LACAYO.-
-¿Un guantazo con una mano?, -¡esperad!
(Sale).
(Un Elefante cruza la escena, desde el lugar por el que salieron el Rey y el Lacayo. Huye y cruza la escena hasta volver a salir).
(Entran el Rey y su Lacayo).
LACAYO.-
No me preguntéis a dónde ha ido, porque no lo sé.
REY.-
Sois un villano.
LACAYO.-
Ya.
(Desde lo alto caen dos redes. Cada una de ellas atrapa a un personaje).
(Entra el Elefante 1).
ELEFANTE 1.-
-¡El cazador ha sido cazado!
REY.-
-¡Soltadme, soy tu Rey!
ELEFANTE 1.-
Sólo te soltaré si prometes no volver a cazar elefantes.
REY.-
-¡Sois un villano!
LACAYO.-
-¿También el elefante? Por favor, majestad, prometed que no cazaréis más elefantes y podremos irnos a palacio.
REY.-
-¡Jamás!, -¡soy el Rey!
ELEFANTE 1.-
Las palabras del Mago escucharás y tú para siempre cambiarás.
LACAYO.-
-¿Cambiar éste?, lo dudo.
(Una densa niebla se apodera en un instante de la escena, que se disipa también en un abrir y cerrar de ojos).
(Donde estaba el Rey vemos, con la escopeta a sus pies y la ropa hecha jirones sobre su cuerpo a un Elefante, junto a él está el Lacayo, libre de la red también. El Elefante 1 ha desaparecido).
ELEFANTE/REY.-
-¿Qué me sucede?, siento como si de repente hubiese engordado dos mil kilos.
LACAYO.-
-¡Os habéis convertido en un elefante!
ELEFANTE/REY.-
-¿Que dices, villano?
(Levanta su trompa hasta sus ojos y da unos pasos).
-¡Por las barbas del último rey visigodo!, -¿qué brujerí­a es ésta?
LACAYO.-
Vaya, ahora no cazaréis más elefantes.
(Entra la Reina y dos Soldados).
REINA.-
-¡Menos mal que os encuentro, lacayo! Estaba ya preocupada y he salido de palacio a buscar a mi marido.
ELEFANTE/REY.-
Reina mí­a, soy vuestro marido.
REINA.-
(Que se sobresalta al escuchar al elefante).
-¿Me estáis llamando gorda?, -¿dónde está mi marido?
LACAYO.-
Es cierto lo que dice, mi Reina. El elefante es vuestro marido.
REINA.-
-¿Habéis bebido vino, lacayo? Si este elefante fuera mi marido, yo ya me habrí­a dado cuenta el dí­a de mi boda.
LACAYO.-
-¡Es él!
REINA.-
(Muy ofendida).
-¡Estáis borracho! -¡Soldados!, detened a este lacayo y traedlo a palacio.
ELEFANTE/REY.-
Mi reina querida…
REINA.-
(A uno de los soldados).
Coge esa escopeta y si el elefante intenta seguirnos, dispárale.
(La Reina sale de escena con paso majestuoso. El soldado interpelado, coge la escopeta del suelo; mientras su compañero saca de escena al Lacayo).
SOLDADO.-
No te muevas de ahí­. Se dónde tengo que disparar si no obedeces.
ELEFANTE/REY.-
Soy tu rey.
SOLDADO.-
Como quieras, pero si te mueves de ahí­, disparo.
(Se escucha una explosión y el Mago aparece en escena).
(El Soldado apunta con la escopeta hacia el recién llegado).
SOLDADO.-
-¡Alto!, -¿quién eres?
MAGO.-
Las palabras del Mago escucharás y tú como un tronco dormirás.
(El Soldado deja caer la escopeta y luego cae de golpe al suelo, y desde allí­, ronca).
ELEFANTE/REY.-
Eres un mago. Un hacedor de magias.
MAGO.-
Así­ es. Y vengo a ofrecerte la oportunidad de convertirte en otro animal, si lo prefieres.
ELEFANTE/REY.-
Quiero volver a ser el rey.
MAGO.-
Eso es del todo punto imposible. Una vez dichas las palabras mágicas, ya no hay marcha atrás. Pero te ofrezco convertirte en otro animal, si lo prefieres.
ELEFANTE/REY.-
Quiero volver a vivir en palacio.
MAGO.-
Entonces pedid ser un animal pequeño y os podréis colar por todos los agujeros de palacio.
ELEFANTE/REY.-
De acuerdo, quiero ser un ratón.
(Una densa niebla vuelve a apoderarse de la escena y cuando se disipa, vemos un pequeño ratón donde antes estaba el elefante. El Mago lo observa).
RATÓN.-
Debo ir a palacio, es mi hogar.
MAGO.-
Ve, pues…
(Sale el ratón).
MAGO.-
(Al público).
Y esa es la razón por la que los elefantes temen a los ratones. Se asustan de ellos porque saben que todos los ratones descienden de aquel rey que cazaba elefantes y fue convertido en ratón para seguir viviendo en un palacio.
(Pausa).
Las palabras del mago escucharéis y que es el final de la obra, sabréis.
(Sale el Mago).

FIN


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