Guiones para tí­teres: La sabidurí­a del duende


Este texto está basado en un cuento de la tradición sufí­, más concretamente en las leyendas medievales del Mulá Nasrudí­n. “Son textos que tratan de distintos temas, generalmente morales, cuyas enseñanzas se amparan en el ingenio y el humor” (Wikipedia).
Para acercar esta historia a la tradición occidental de cuentos morales, hemos sustituido la figura del Mulá -es decir, del maestro sufí­- por los poseedores de la sabidurí­a natural occidental, que no son otros que los duendes y los gnomos.
Recomendado a partir de los 7 años.

La sabidurí­a del duende
Autor de esta adaptación: José Luis Garcí­a

(El espacio debe dejar claro que estamos en el campo, al aire libre. Entre los elementos que figuren en la escena no debe faltar un pequeño promontorio).
(Entran Ambrosio, Willy, Martí­n y Lucho. Ambrosio trae entre sus manos un pergamino, un mapa; que está mirando mientras entran).
AMBROSIO.-
Debemos estar muy cerca.
WILLY.-
Eso ya lo dijiste hace tres horas.
(Martí­n y Lucho tropiezan entre ellos).
MARTÍN.-
Eres una patata.
LUCHO.-
Y tu, un mendrugo.
AMBROSIO.-
(Levanta los ojos del plano y observa el promontorio).
-¡Esa es!, -¡la colina de los duendes!
WILLY.-
Eso no es una colina, mequetrefe; eso es un promontorio.
MARTÍN.-
-¿Y eso se come?, yo tengo hambre.
LUCHO.-
Tú siempre tienes hambre.
(Ambrosio sube al promontorio).
AMBROSIO.-
(Como si invocara).
Duendes del bosque. Salid de vuestro escondrijo, que traemos el mapa de la colina de los duendes.
MARTÍN.-
-¿Ves lo que pasa por no comer?, a éste se le ha ido la olla.
(Duende sale desde el promontorio).
DUENDE.-
Hola, buenas tardes.
(Como si una reacción en cadena se tratase, Ambrosio cae desde el promontorio, empuja a Willy y caen ambos sobre Martí­n y Lucho. Todos terminan en el suelo y observan al recién aparecido).
DUENDE.-
-¿Alguno de vosotros me ha llamado?
LOS CUATRO AMIGOS.-
(A la vez que se levantan del suelo).
-¡El duende!
DUENDE.-
Hola, buenas tardes.
AMBROSIO.-
Señor duende, hemos llegado hasta aquí­ para aprender de tu sabidurí­a. -¡La sabidurí­a de los duendes!
WILLY.-
-¡Háblanos!
DUENDE.-
Yo, no obstante…
TODOS.-
Unas palabras de sabidurí­a, -¡por favor!
(El Duende se alza sobre el promontorio, como si estuviera en lo alto de un escenario. Los otros cuatro abajo, expectantes).



DUENDE.-
Tal vez… Bueno, yo… Supongo que si estáis aquí­, ya sabréis que es lo que tengo que decirles.
TODOS.-
No… -¿Qué es lo que tienes que decirnos? No lo sabemos -¡Háblanos! -¡Queremos escucharte!
DUENDE.-
Si habéis venido sin saber qué es lo que yo tengo que decirles, entonces no estáis preparados para escucharlo.
(Dicho esto, se oculta de nuevo en el promontorio).
(Durante un instante, los cuatro amigos se quedan en silencio).
AMBROSIO.-
-¡Qué inteligente!
WILLY.-
-¡Sí­, claro, qué inteligente!
MARTÍN.-
Si, qué inteligente, pero… qué breve.
AMBROSIO.-
Tiene la brevedad y la sí­ntesis de los sabios. Porque tiene razón. -¿Cómo nosotros vamos a venir hasta aquí­ sin saber qué venimos a escuchar? Qué estúpidos hemos sido. Hemos perdido una oportunidad maravillosa. Qué iluminación, qué sabidurí­a. Vamos a pedirle que dé una segunda conferencia.
LUCHO.-
-¿Eso fue una conferencia?
WILLY.-
Bueno, vale; pidamos que nos hable, pero si nos vuelve a preguntar si sabemos qué nos va a decir, en lugar de decir no, digamos si.
LOS OTROS TRES.-
Eso es, digamos que si.
(Ambrosio vuelve a subir al promontorio y declama con devoción).
AMBROSIO.-
-¡Señor duende!, -¡denos una segunda oportunidad!, -¡ahora estamos dispuestos a aprender!
DUENDE.-
(Mientras vuelve a salir del promontorio).
Hola, buenas tardes.
(Como si una reacción en cadena se tratase, Ambrosio cae desde el promontorio, empuja a Willy y caen ambos sobre Martí­n y Lucho. Todos terminan en el suelo y observan al recién aparecido).
DUENDE.-
Mi conocimiento apenas alcanza para una conferencia. Jamás podrí­a dar dos.
LOS OTROS CUATRO.-
(Que se levantan del suelo).
-¡Por favor!, -¡háblanos!
DUENDE.-
(Que se alza otra vez sobre el promontorio, convertido de nuevo en escenario).
Tal vez… Bueno, yo… Supongo que ya sabréis qué he venido a decir.
TODOS.-
Si, claro, por supuesto que lo sabemos. Por eso hemos venido.
DUENDE.-
Bueno, si todos ya saben qué es lo que vengo a decir, yo no veo la necesidad de repetirlo.
(Dicho esto, se oculta de nuevo en el promontorio).
(Durante un instante, los cuatro amigos se quedan en silencio).
AMBROSIO.-
-¡Brillante!
MARTÍN.-
-¡Si, claro, este es el complemento de la sabidurí­a de la primera conferencia!
LUCHO.-
Qué maravilloso
WILLY.-
Si, pero… ha sido tan breve como la primera vez.
LUCHO.-
Es cierto.
AMBROSIO.-
Queremos más, queremos escucharlo más. -¡Queremos que este duende nos de más de su sabidurí­a!
WILLY.-
Bueno, vale; pidamos que nos hable, pero si nos vuelve a preguntar si sabemos qué nos va a decir, pensemos bien en nuestra respuesta.
LOS OTROS TRES.-
Entonces, respóndele sólo tú.
WILLY.-
Vale. Soy el que mejor habla.
(Ambrosio vuelve a subir al promontorio y declama con devoción).
AMBROSIO.-
-¡Señor duende!, -¡denos una tercera oportunidad!, -¡ahora somos más sabios!
DUENDE.-
(Mientras vuelve a salir del promontorio).
Hola, buenas tardes.
(Como si una reacción en cadena se tratase, Ambrosio cae desde el promontorio, empuja a Willy y caen ambos sobre Martí­n y Lucho. Todos terminan en el suelo y observan al recién aparecido).
LOS OTROS CUATRO.-
-¡Háblanos!
DUENDE.-
De acuerdo, os hablaré de nuevo. Pero será la tercera y última. Y una vez haya hablado, desapareceré de aquí­ para siempre.
LOS OTROS CUATRO.-
(Mientras se levantan del suelo).
-¡Aceptamos!
DUENDE.-
(Que se alza otra vez sobre el promontorio, convertido de nuevo en escenario).
Tal vez… Bueno, yo… Supongo que ya sabréis de qué os voy a hablar.
WILLY.-
Algunos si y otros no.
(Se produce un largo silencio).
DUENDE.-
En ese caso, los que saben… cuéntenles a los que no saben.
(Y dicho esto, y en medio de una explosión, el Duende desaparece del promontorio).
(Los cuatro amigos se quedan aún otro instante en silencio).
AMBROSIO.-
(Mientras arroja el mapa al aire).
Ninguno de nosotros debe contar a nadie lo que ha pasado aquí­.
WILLY.-
Jamás diremos nada.
MARTÍN.-
Se reirí­an de nosotros.
LUCHO.-
Prometámoslo todos.
LOS CUATRO.-
-¡Lo prometemos!
(Salen los cuatro de escena).
(Entra el Duende y recoge el mapa del suelo).
DUENDE.-
(Rí­e).
Yo no he prometido nada. Y si aparecen otros en busca de la sabidurí­a de los duendes, sí­ que tendré algo que contarles.
(Rí­e).
Y menos mal que el truco de la explosión y el humo siempre les hace creer que he desaparecido para siempre.
(Rí­e y se oculta de nuevo tras el promontorio).

FIN


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