Guiones para tí­teres: El hombre huevo


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Os presento “El hombre huevo”, un texto para teatro, inspirado en uno de los cuentos más imaginativos de uno de los continentes más olvidados en materia teatral: África. Leedlo con cariño, que llega del pasado más remoto, cuando las fronteras eran inexistentes y los hombres y mujeres viví­an en armoní­a con la naturaleza.
Recomendado a partir de los 5 años.

El hombre huevo
Autor de esta adaptación: José Luis Garcí­a

(En escena vemos las cabañas de una tribu africana. El lugar está vací­o. Entra el Presentador, vestido con su chaqueta y adornado con su corbata de pajarita).
PRESENTADOR.-
Habí­a una vez un jefe que tení­a muchas hijas, pero ningún hijo. Su esposa dio a luz por última vez no un hijo, sino un huevo del tamaño de uno de avestruz. Si os parece raro, imaginad cuánto de raro les pareció al jefe y a su esposa.
(Sale el Presentador).
(Desde una de las chozas entra el Jefe en escena con un enorme huevo entre sus manos. Lo deposita en el suelo y lo mira estupefacto durante un instante).
JEFE.-
-¡En lugar de un hijo he tenido un huevo!, -¡qué desgracia la mí­a! -¡y para colmo ahora tendré que buscarle una esposa, pero ninguna mujer querrá casarse con un huevo!
(En ese momento entra Jefe 2).
JEFE 2.-
(Después de mirar el huevo).
Hola jefe de la tribu de mis vecinos. -¿Ese huevo lo comerás tu sólo o invitarás a toda la tribu?
JEFE.-
Ese huevo es mi hijo.
JEFE 2.-
Si tú lo dices, bien está; pero no se parece mucho a ti.
JEFE.-
-¿Recuerdas aquel dí­a en que te salvé de morir ahogado en el rí­o?
JEFE 2.-
-¿Cómo no voy a recordarlo? Desde ese dí­a eres como mi hermano. Te debo la vida y estoy en deuda eterna contigo.
JEFE.-
Pues a eso iba yo. Quiero que tu hija se case con mi hijo. Me debes ese favor.
JEFE 2.-
-¿Quieres que mi preciosa hija se case con un huevo?, -¿y qué clase de nietos voy a tener?… -¡Un montón de cara huevos jugando por la casa!
JEFE.-
Me debes ese favor, pero además te daré la mitad de mi ganado y veinte sacos de harina.
JEFE 2.-
Mi hija, casada con un huevo.
JEFE.-
Me lo debes…
JEFE 2.-
De acuerdo. Le diré a mi hija que venga para la boda… -¡Adiós Jefe!, -¡adiós huevo!
JEFE.-
No puede despedirse, es un huevo.
JEFE 2.-
Espero que sea un buen marido para mi hija, o lo haré tortilla.
(Sale Jefe 2).
JEFE.-
Huevo, -¿estarás contento, verdad?; te he conseguido una esposa…
(Mira al Huevo).
JEFE.-
-¿Pero qué va a decirme un huevo?
(Recoge el huevo y sale de escena con él, introduciéndose en una de las cabañas).



(Entra el Presentador).
PRESENTADOR.-
Y así­, la hija del Jefe vecino, que era muy obediente llegó a la aldea y se casó con el huevo. A la boda asistieron todos los miembros de las dos tribus vecinas y gente venida de lejanos lugares, deseosas de asistir a un evento tan extraño. Pasaron las semanas y la esposa del huevo, ayudaba en todo a los miembros de su nueva familia, que estaban encantados con su bondad. Por su parte, el hijo del jefe seguí­a con su cara de huevo.
(Sale el Presentador y entra la Chica desde una de las chozas y se acerca a una de las chozas y comienza a arreglar algo de la fachada).
HUEVO.-
(Que canta, en off).
Mi padre se fue a buscarme esposa. Debo celebrarlo y salir a pasear…
(La Chica deja sus quehaceres y mira en torno suyo. Pero al no ver a nadie, inicia de nuevo su trabajo).
(Huevo entra rodando en escena mientras canta la misma canción que antes).
HUEVO.-
Mi padre se fue a buscarme esposa. Debo celebrarlo y salir a pasear…
(La Chica lo mira, asombrada y se acerca hasta él).
CHICA.-
-¿Qué haces, Huevo?, no debes salir de la cabaña; cualquier golpe podrí­a hacerte daño.
(Coge al Huevo y lo introduce en una de las cabañas y ella vuelva a entrar a escena).
HUEVO.-
(Mientras entra de nuevo en escena).
Mi padre se fue a buscarme esposa. Debo celebrarlo y salir a pasear…
CHICA.-
No puedes salir a pasear, -¿no te das cuenta que cualquiera puede convertirte en tortilla? Anda, se un buen huevo y quédate en casa.
(Coge al Huevo y lo introduce en una de las cabañas y ella vuelva a entrar a escena).
HUEVO.-
(Mientras entra de nuevo en escena).
Mi padre se fue a buscarme esposa. Debo celebrarlo y salir a pasear…
CHICA.-
Nunca vi huevo más tozudo.
(Entra Jefe 2, el padre de la chica. Ella lo abraza en cuanto lo ve).
CHICA.-
(Mientras llora).
Quiero regresar a tu casa, padre. -¡No quiero un huevo por esposo!, -¡no me habla y ahora le ha dado por cantar!
JEFE 2.-
Imaginaba que ibas a decirme eso. Así­ que le he pedido al Hechicero que me acompañe. -¡Hechicero, acércate!
(Entra el Hechicero).
HUEVO.-
(Con su cantinela):
Mi padre se fue a buscarme esposa. Debo celebrarlo y salir a pasear…
HECHICERO.-
Jefe, imagine el huevo frito que puede salir de esto.
CHICA.-
Es mi marido… -¿Puede usted convertirlo en persona? Quiero que mi marido deje de mirarme con cara de huevo.
HECHICERO.-
Tranquila, te enseñaré la manera de convertirlo en hombre… Cuando te quedes a solas con él extiende esta poción sobre el huevo.
(Como por magia, un tarro aparece en las manos del Hechicero).
Luego tápalo con una manta y espera. Y no olvides, una vez se haya convertido en hombre, esconder las cáscaras y no ponerlas jamás cerca de la cabeza de tu esposo, si no, se convertirá en huevo otra vez.
(El Hechicero le da el bote a la Chica).
Vamos, debemos dejarlos solos. Adiós y suerte.
JEFE 2.-
Adiós hija.
(Al Hechicero).
-¿Dónde has aprendido estas cosas?
HECHICERO.-
En sueños llegan a mí­.
JEFE 2.-
Vaya; yo en sueños, ronco.
HECHICERO.-
Y para eso no hay conjuro.
(Salen ambos).
(La Chica, al quedar sola con el Huevo, extiende el contenido del tarro sobre el cascarón. Sale y entra de nuevo con una manta, con la que cubre a su marido).
CHICA.-
Espero que funcione. Le he puesto mi mejor manta.
HUEVO.-
(Bajo la manta).
Tengo una pierna que crece, luego otra… Tengo un brazo que crece, luego otro… Tengo una cabeza que crece, una espina dorsal… Ojos, orejas y nariz. -¡Ya está, se terminó!
(Se mueve la manta y de ella aparece un Hombre, -¡Huevo se ha convertido en hombre!).
CHICA.-
-¿Eres Huevo?
HUEVO.-
Claro que soy Huevo, -¡no voy a ser Pollo!; y tu eres mi mujer y debes cuidarme.
CHICA.-
Eso hago.
HUEVO.-
Desde que nos casamos no me has preparado ni una comida.
CHICA.-
Eras un huevo.
HUEVO.-
-¡Excusas!, -¡quiero comer!, -¡rápido, trae comida!
CHICA.-
Si, claro; Huevo.
(Sale la Chica. Huevo se pasea nervioso por la escena).
HUEVO.-
(Gritando).
-¿Quieres darte prisa?, -¡no tengo todo el dí­a!, -¡los hombres tenemos mucho que hacer!, -¡y trae bebida también!
(Huevo sigue con sus paseos y al poco entra Chica con un plato de comida y un vaso).
HUEVO.-
-¡Ya era hora!
(Huevo come con desesperación).
HUEVO.-
(Mientras come).
Para esta noche quiero dos platos más, y me harás algo de vestir, sólo tengo estos harapos; y la bebida debe estar más frí­a, y debes arreglarte un poco, pareces una aldeana…
CHICA.-
Pero Huevo, tus palabras me hacen daño.
HUEVO.-
-¡Calla!, debes escuchar cuando tu marido habla. Y debes arreglar la choza, parece una cabaña; y… Voy a dormir un rato; y no hagas ruido…
(Se duerme).
CHICA.-
Vaya, no es como yo esperaba. Es un cabeza de huevo.
(Recordando).
-¡Cabeza!… -¡Huevo!
(Chica recoge los trozos de cáscara y los coloca cerca de la cabeza del durmiente. Luego lo tapa con la manta).
HUEVO.-
(Bajo la manta).
He perdido una pierna, luego otra… He perdido un brazo, luego otro… He perdido la cabeza, la espina dorsal… Ojos, orejas y nariz. -¡Ya está se terminó!
(Chica retira la manta y volvemos a ver a Huevo, convertido en un auténtico huevo, todo blanco y redondo).
CHICA.-
Huevo, me has hecho daño. Gracias a mí­ te transformaste de huevo en hombre, y ahora sin mí­, serás huevo para siempre. -¡Adiós, huevo!
(Sale Chica. El huevo sale rodando de la escena).
(Entra el Presentador):
PRESENTADOR.-
Huevo quedó en la aldea y su padre lo guardó en una choza, hasta que un dí­a fue robado por los miembros de una tribu rival.
(Pausa).
Y así­ fue. Huevo, gracias a su mujer fue hombre, pero su mala conducta lo convirtió de nuevo en huevo. Jamás volvió a ser hombre. Dicen que fue de mal en peor. Tan mal le fue, que dicen que cuentan que terminó siendo un huevo podrido, apestoso y solitario.
(Pausa).
Adiós, que me voy.
Y chicas, si algún dí­a os decidí­s a casaros con un huevo, procurad hacerlo con uno de gallinas criadas en libertad.
Me fui…
(Desaparece).

FIN


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