Guiones para tí­teres: Fuchelo y la Muerte


Espí­ritus, fantasmas, zombies…todos los personajes de Halloween, de la Noche de los Difuntos, rondan alrededor de uno de nuestros grandes miedos: la muerte. Protagonista también de tantas historias y tantos cuentos de miedo. Para hacerla más cercana, para aprender a enfrentarnos a ella… Antaño era fácil encontrar cuentos sobre la muerte. Hoy los hemos incinerado y vivimos como si ella no fuera con nosotros.
Recomendado a partir de siete años.

Fuchelo y la Muerte
Autora: Isabel Tapiador

Es de noche, una tétrica luna cuelga del cielo, medio oculta por misteriosas nubes. Unos ramajes secos completan el espacio.
Fuchelo, nuestro protagonista, un pobre vendedor que va de pueblo en pueblo, avanza poco a poco por la escena; viene tirando de su carro lleno de chatarra.
Veamos qué le ocurrió.

(Se escucha una voz que narra).

VOZ QUE NARRA.-
En la noche de Halloween, Fuchelo recorre los caminos.
En la noche de Difuntos, cuando los espí­ritus vagan perdidos entre este mundo y el otro, Fuchelo avanza entre las sombras.
Hace frí­o, el viento sopla…

FUCHELO.-
En una noche como ésta, deberí­a estar en casita.
(Aparece un espí­ritu, un ser etéreo, que vuela nervioso, como perdido)
ETÉREO.-
-¡Uuuhh, ju, ju! -¡Uuuhh, ju, ju! El camino, tengo que encontrar el camino. -¡Uuuhh, ju, ju!
(Merodeando alrededor de Fuchelo)
Tú… tu conoces todos los caminos….
FUCHELO.-
Yo sólo conozco los caminos de los vivos, déjame tranquilo.
ETÉREO.-
-¡Uuuhh, ju, ju! -¿Adónde iré?
(Sale de escena volando veloz)
FUCHELO.-
En casita tendrí­a que estar, pero me he alejado demasiado.
(Hace memoria)
Uno, dos,…cinco…siete. Siete pueblos y sus correspondientes “entrepueblos”, demasiado lejos.
(Aparece un segundo espí­ritu, éste es una cara flotante, como una máscara, que abre desmesuradamente la boca para hablar, su movimiento es algo descontrolado)
CARA.-
Aaaadónde voy, aaadónde voy, adónde voy, aaaadónde.
FUCHELO.-
-¡Ay madre!
(Se agacha para esquivar al espí­ritu que pasa en vuelo rasante sobre su cabeza)
-¡Cuidado, que me vas a comer!
CARA.-
Dí­meeeelo tú, dí­meeeelo, aaaadónde voy.
FUCHELO.-
Yo no lo sé, y no te quiero volver a ver.
(Se agacha de nuevo para esquivar al espí­ritu, que con su anárquico vuelo, se lanza fuera de escena)
FUCHELO.-
Siempre sólo por estos caminos, un dí­a no sé lo que me va a pasar.
(Escondida entre las sombras, de repente, aparece la Muerte, encapuchada, pálida, intrigante)
MUERTE.-
Mira que si te encuentras con la Muerte.
(Pausa)
(Fuchelo se da cuenta de que es la Muerte, del susto, pega un grito y se eriza todo él)
FUCHELO.-
-¡Aaaahhh!
(Queda tendido en el suelo)
MUERTE.-
Me encanta hacer esto.
(Pausa)
Levanta hombre, que estamos empezando.
(Fuchelo levanta la cabeza, se incorpora, mira a la muerte y tapándose la cara con las manos, dice:)
FUCHELO.-
-¡No me lo digas, no me lo digas, no me lo digas…!
MUERTE.-
Estás muerto.
FUCHELO.-
(Desesperado)
-¡Noooo, noooo!
MUERTE.-
-¡Que es broma hombre!
FUCHELO.-
Pero… -¿tú gastas bromas?
MUERTE.-
Vamos a ver, yo hago lo que me da la gana. Dentro del devenir, claro.
FUCHELO.-
-¿El devenir?
MUERTE.-
Sí­ hombre, el aquí­ y allá, el más allá…-¿Y si no qué?
FUCHELO.-
-¿Y yo qué sé?
MUERTE.-
Normal, un pobre mortal..
(Malévola y atronadora)
-¡Concentración, te ha llegado tu hora!
FUCHELO.-
(Tambaleándose)
-¡Ay, ay, ay, ay!
MUERTE.-
Calma, calma…
FUCHELO.-
-¡Ay, ay, ay, ay!
MUERTE.-
(Atronadora)
-¡Calma he dicho!
(Fuchelo queda tieso)
Es la noche de Difuntos y tienes tregua.
FUCHELO.-
-¿Tregua?
MUERTE.-
Consí­gueme un espí­ritu.
FUCHELO.-
-¿De esos que vagan perdidos?
MUERTE.-
Si me lo das, más vida tendrás.
FUCHELO.-
-¿Pero cómo…?
MUERTE.-
(Atronadora)
-¡Más vida tendrás!
(Desaparece)
FUCHELO.-
-¿Qué hago yo ahora, cómo se atrapa un espí­ritu?



(Recorre la escena, aleteando, una lucecita, revolotea, se posa aquí­ y allá…, Fuchelo la observa)
FUCHELO.-
-¡Claro, ya lo tengo!
(Busca entre sus cosas, con un fósforo, enciende un candil que lleva a un lado del carro)
(Comienzan a aparecer lucecitas que revolotean alrededor del candil, Fuchelo busca en su carro…en una mano lleva un gran tarro de metal y en la otra su tapa, mira ensimismado a las luciérnagas, preparándose para atraparlas)
FUCHELO.-
No os preocupéis, amiguitas, nada os pasará.
(De repente, las luciérnagas cesan en su revoloteo, hacen un ruidito como “preparadas, listas, ya” y se lanzan dentro del tarro, Fuchelo, asombrado, lo cierra bien cerrado. Se queda mirando el tarro, lo abraza)
FUCHELO.-
-¡Gracias, gracias!
(El tarro se agita en un “de nada”)
-¿Y ahora?… -¡Oiga,…oiga usted,… ya lo tengo, tengo un espí­ritu!
(La Muerte aparece de repente, de espaldas a Fuchelo, pegada a él)
MUERTE.-
No grites Fuchelo, que no te escucho.
FUCHLO.-
-¡Aaaahh!
(Rebota del susto)
MUERTE.-
-¿Lo tienes?
FUCHELO.-
Aquí­ está, mira.
(Deja el tarro en el suelo y éste se mueve solo)
MUERTE.-
(Prepotente)
Nunca pensé que fueras capaz.
(Fuchelo mira al público, -¿qué puede decir?).
MUERTE.-
Ábrelo.
FUCHELO.-
Pero se escapará.
MUERTE.-
Estando yo aquí­ no. Ábrelo.
(Fuchelo, tembloroso, abre el tarro)
(De inmediato, sale el enjambre de luciérnagas que se lanza contra la Muerte)
MUERTE.-
(Entre aspavientos)
-¡Qué es esto, no soporto los bichos! -¡Fuchelo, te arrepentirás, te arrepentirááás!
(Mientras grita, va agachándose, encogiéndose cada vez más)
FUCHELO.-
-¡Ay, ay, ay! -¡Ay!
(De repente, la Muerte es ya sólo un trapo negro que las luciérnagas meten en el tarro. Hacen un ruidito a Fuchelo, éste corre a cerrar el tarro, las luciérnagas se lo llevan)
(Fuchelo, sin salir de su asombro, les dice adiós con la mano, es capaz de decir bajito:)
FUCHELO.-
Gracias.
(Se oye el ruidito de “de nada” de las luciérnagas)

(Fuchelo queda solo con su carro, mirando al público)
(Aparecen, cada uno por un lado, los espí­ritus perdidos, Fuchelo da un bote, los espí­ritus vagan por la escena)
ETÉREO.-
Has engañado a la Muerte, Fuchelo.
CARA.-
-¿Hasta cuaaaando, cuaaaando?
FUCHELO.-
No lo sé, dejadme tranquilo.
ETÉREO.-
Qué suerte has tenido, Fuchelo.
CARA.-
-¿Hasta cuaaaando, cuaaaando?
FUCHELO.-
-¡Dejadme en paz, seguid vuestro camino!
(Los espí­ritus se quedan quietos)
ESPÍRITUS.-
-¡Camino, camino! -¿Por dónde, por dónde?
(Salen veloces, cada uno por un lado)
FUCHELO.-
-¡Uf! -¡Vaya! Por ahí­ distingo las luces del próximo pueblo, estoy muy cerca, allí­ podré descansar.
(Fuchelo sale de escena tirando de su carro)
(Mientras le vemos salir se oye la voz que narra:)
VOZ.-
Y así­, en la noche de Difuntos, Fuchelo engañó a la Muerte, no sabe por cuánto tiempo, pero, en realidad, ninguno de nosotros lo sabemos.
MUERTE.-
(En Off).
-¡Concentración!, -¡te ha llegado tu hora!
VOZ.-
-¡No, no…!, -¡aghhh, aghhh…!
(Se escucha el golpe de un cuerpo al caer al suelo).
MUERTE.-
(En Off).
Menos mal que con éste ha sido más fácil…

(Formada por unos ramajes, aparece la palabra fin, un grupito de luciérnagas revolotea, toca el punto de la “i” y toda la palabra se enciende)

FIN


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