Mozart, Praga y las marionetas


Desde el primer momento que empezamos a caminar por las calles de Praga nos percatamos de la extraordinaria importancia que allí tiene el arte de las marionetas. Se trata de objetos preciosos y a menudo inquietantes elaborados con un primor entrañable ante cuya contemplación no podemos evitar preguntarnos por la tenue línea que separa lo vivo de lo muerto, lo animado de lo inanimado, del mismo modo que hicieron los pensadores, artistas, científicos y arquitectos barrocos a los que Praga debe una parte estimable de su extraordinario encanto.

Los ciudadanos de Praga amaron entusiastamente la música de Mozart, quien visitó varias veces la ciudad tras el colosal éxito de Las Bodas de Fígaro, tristemente infravalorada en Viena, y dirigió personalmente en el bellísimo Teatro Estatal el estreno mundial de Don Giovanni un año más tarde (razón por la cual este bello teatro neoclásico de fachada blanca y verde pastel ha sido un centro de peregrinaje extraoficial para los amantes de la figura del compositor austriaco durante más de dos siglos).

Combinado el misterio de las marionetas con el gran patrimonio musical de la ciudad, presente a flor de piel prácticamente en cada esquina y en los nombres de tantas calles, surge una forma de espectáculo característica de Praga, el teatro musical de marionetas, cuyo máximo representante, pese a poderse ver representaciones en diferentes puntos de la ciudad, es el Teatro Nacional de Marionetas, también conocido como Reino de las Marionetas, que tiene su sede en el edificio de estilo Art Deco de la Biblioteca Municipal situado en el número uno de la calle Žatecká, en el centro de la ciudad vieja.

Aunque no resulta difícil descalificar las representaciones de esta clase de títeres como un espectáculo menor diseñado para los turistas más convencionales, lo que es cierto desde más de un punto de vista, la verdad es sin embargo que hay algo indefinible en ellas que resulta extrañamente atrayente y vagamente perturbador. Aunque no es fácil acertar a decir qué sea exactamente, es posible que se trate de alguna cualidad relacionada de algún modo precisamente con el carácter de bagatela que rezuman las funciones, cada una de las cuales parecen situarnos de alguna manera fuera del tiempo o hacernos ingresar por un par de horas en otro más afín a los pliegues de la duermevela. Sentimos, en cualquier caso, que nos hallamos en un lugar donde la sensación constante de que falta siempre algo esencial nos obliga a imaginarlo, siendo esa carencia una especie de motor que empuja nuestra mente a lugares no siempre agradables que funcionan como una suerte de oráculo, lo que nos deja la sensación de que las marionetas nos hablan en calidad de mediums venidos de alguna parte oscura, cuya levemente amenazante extrañeza resulta sin embargo sin saber por qué íntimamente familiar.

Paul Oilzum

Y como botón de muestra os dejamos un video de algo más de un minuto de Don Giovanni en el Teatro Nacional de Marionetas de Praga.

2 Respuestas a “Mozart, Praga y las marionetas”

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