Guiones para tí­teres: Sancho Panza y el caso de las monedas de oro


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Hace unos pocos dí­as publicamos otro guión para teatro con Sancho Panza como protagonista: Sancho Panza, gobernador. El que ahora saquemos otro más con Sancho como protagonista se debe a varios motivos, uno de ellos es la fascinación que nos produce este personaje, que representa al pueblo, el más llano y básico que podamos encontrar. Y estas dos historias reivindican a Sancho a partir de su sabidurí­a, heredada del saber popular.

Queremos además, sumarnos a los distintos homenajes que en estas fechas recibe el Libro como portador de información, de historias, de ilusión por un porvenir mejor. Homenajeamos al libro que nos hace encontrar nuestra mirada proyectada en páginas, negro sobre blanco, que nos enseñan a describir el color del arcoiris. Feliz Dí­a del Libro.

Sancho Panza y el caso de las diez monedas de oro.
Autor: José Luis Garcí­a

(Espacio vací­o. Entra el Presentador).
PRESENTADOR.-
Querido público, seguro que ya sabéis que Sancho Panza ha sido nombrado Gobernador de la Ínsula de Barataria. Y si no lo sabéis, yo os lo digo.
(Desde abajo entra una trompeta y con su “pa-parari” asusta al Presentador, que no se esperaba esta aparición ni el sonido que hace el trompeteo).
PREGONERO.-
(En off).
Atención, atención. Hace su entrada el señor Gobernador.
(Entra Sancho Panza, trae consigo un lujoso bastón de mando).
SANCHO.-
(Al Presentador).
Te conozco. Tu eres el que presenta las obras de teatro.
PRESENTADOR.-
Ese y no otro soy yo.
SANCHO.-
Me gusta mucho el teatro.
PRESENTADOR.-
Me alegro, señor Gobernador.
SANCHO.-
Me entretiene y me ayuda a hacer la digestión entre una comilona y otra.
(Entran un Viejo con un bastón y un Joven).
JOVEN.-
Eres un embustero.
SANCHO.-
(Creyendo que se lo dice a él).
-¿Cómo te atreves a llamar mentiroso al gobernador?
JOVEN.-
No se lo decí­a a usted, sino a este viejo mentiroso.
SANCHO.-
Contadme qué es lo que sucede.
(El Viejo y el Joven se acercan hasta Sancho y el Presentador).
JOVEN.-
(Muy nervioso).
Hace tiempo que este viejo…
VIEJO.-
-¡Un respeto!
SANCHO.-
Eres viejo y te ha llamado viejo; así­ que no hay insulto. Continúa joven, que tampoco es un insulto.
JOVEN.-
Eso, pues que hace tiempo le presté a este viejo diez monedas de oro. Y como el tiempo pasaba sin que me las devolviera, hoy he ido a buscarle y a pedirle mis diez monedas. Y el muy villano dice que ya me las ha devuelto. Y yo no lo recuerdo. Y me acordarí­a si me hubiese devuelto las diez monedas de oro que le presté hace tiempo y que no me ha devuelto.
PRESENTADOR.-
Vale, vale. El señor Gobernador ya se ha enterado de que le has prestado las diez monedas a este hombre, No hace falta que lo repitas. También se ha enterado aquel espectador del fondo…
(Mira hacia el público).
Sí­ aquel del fondo, el que se ha quedado dormido. -¡Qué alguien lo despierte, que este caso parece emocionante!
SANCHO.-
-¿Y tú qué dices, viejo?
VIEJO.-
-¡Protesto!
SANCHO.-
(Muy sosegado).
Como vuelvas a protestar te arreo con mi bastón.
PRESENTADOR.-
Señor gobernador, eso no es protocolario.
SANCHO.-
-¿Ah, no? Bien, como no es “protoculario”, como vuelvas a protestar, el Presentador te arreará con mi bastón.
PRESENTADOR.-
-¡Señor!
SANCHO.-
No me lo agradezcas, soy así­ de magní­fico. Y tu viejo, -¿qué dices de las diez monedas?
VIEJO.-
Digo que le he devuelto las monedas a este jovenzuelo mentiroso. Y para que no quede duda, estoy dispuesto a jurarlo aquí­ y ahora.
SANCHO.-
Perfecto, supongo que jurar es bastante “protomulario”.
(Al Viejo).
Jurarás sobre mi bastón de mando. Y como jures en falso, con este mismo bastón te dejaré las costillas como los dientes de mi abuela.
PRESENTADOR.-
Señor Gobernador, esa frase no es digna de un gobernador. Deberí­a decir: “Jura decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad; o el peso de la ley caerá sobre ti”.
SANCHO.-
Esa frase será “protoluminaria”, pero es muy complicada para mi.
(Al Viejo).
Antes de que jures, escucha lo que dice en mi nombre el Presentador.
PRESENTADOR.-
Jura decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad; o el peso de la ley caerá sobre ti.
SANCHO.-
-¿Te has enterado?
VIEJO.-
No he entendido ni “papa”.
SANCHO.-
Quiere decir que como mientas, la ley te dejará como el que fue a por lana y salió trasquilado. -¿Entiendes ahora?
VIEJO.-
Mucho más claro, señor.
Sancho.-
Pues jura, como es “protozoico”.
VIEJO.-
Claro, claro; pero por favor, jovenzuelo, coge mi bastón para que yo pueda coger el del señor gobernador.
(El Joven coge el bastón del Viejo, y éste a su vez coge el de Sancho).



SANCHO.-
-¿Por qué ha de coger él tu bastón?, -¿no tienes dos manos?
VIEJO.-
Soy viejo.
SANCHO.-
Vaya, cuando tu mismo te llamas viejo no protestas. -¡Jura, como es “proluminario”!
VIEJO.-
Juro que he devuelto a este joven las diez monedas de oro. Y si miento, que la ley del señor gobernador, me de tantos garrotazos como años que tengo.
SANCHO.-
(Al Joven).
-¿Estás conforme?
JOVEN.-
Si jura ante usted con la amenaza de ser aporreado, yo quedo conforme. Así­, debe ser que él me devolvió las monedas, pero por algún extraño enredo no logro recordarlo.
PRESENTADOR.-
-¿Y qué opina usted señor gobernador?
-¿Eh?, -¿oh?… Debo dictar sentencia. Viejo, devuélveme mi bastón.
(El Viejo le devuelve a Sancho su bastón).
SANCHO.-
Joven, dame tu ahora el bastón del viejo para dictar sentencia.
VIEJO.-
-¿Mi bastón?
SANCHO.-
-¿Algún problema?
VIEJO.-
-¡No! No, no, no, no, no. Coged mi bastón, señor.
(El Joven le da a Sancho el bastón del Viejo).
SANCHO.-
(A voz en grito).
-¡Dicto setecientas!
PRESENTADOR.-
No es así­, señor; dicta usted una Sentencia, no Setecientas.
SANCHO.-
-¿Una en lugar de setecientas?, mejor; antes acabaremos.
(Pausa dramática, en la que Sancho coge aire).
“Seteciento” lo siguiente: como el viejo ha jurado y sin embargo el Joven no tiene sus monedas, que parece que han volado, el viejo regalará su bastón al joven.
VIEJO.-
(Muy alarmado).
No, no señor gobernador. Mi bastón no tiene valor alguno, es viejo como yo. Yo le compraré a este simpático joven un bonito bastón, bien labrado y nuevo.
JOVEN.-
-¿Y para qué quiero yo un bastón?, aún no lo necesito.
(Sancho hace oscilar el bastón del anciano sobre la cabeza del Viejo, que trata de cogerlo sin conseguirlo).
PRESENTADOR.-
Todaví­a estamos a tiempo de que alguien se lleve un garrotazo.
SANCHO.-
Bien. Te ordeno pues, joven, que si no quieres el bastón, lo rompas aquí­ mismo, delante de todos.
(El Joven coge el bastón del viejo).
VIEJO.-
-¡No!
(El Joven rompe el bastón por la mitad y de su interior caen al suelo doce monedas de oro).
SANCHO.-
Joven, coge tu diez monedas y dale las dos restantes al Presentador, para que al menos un dí­a gane algo de dinero con esto del teatro.
(El Joven hace lo que Sancho le dice).
SANCHO.-
Llévate al viejo contigo y dile al alguacil que le de con todo el peso de la ley, al menos diez veces, una por moneda. Y que si no lo recuerda, el libraco ese de leyes está bajo la pata de mesa del comedor, que está coja.
JOVEN.-
(Confuso).
-¿Señor?
SANCHO.-
Para que caiga sobre él todo el peso de la ley, mejor un libraco de leyes que uno de cocina. Vendrá bien, es un tocho bien gordo.
JOVEN.-
-¿Señor?
SANCHO.-
Podéis marchar.
JOVEN.-
-¿Señor?
SANCHO.-
-¡Arrea pa’lante!
(Salen Viejo y Joven).
PRESENTADOR.-
-¿Cómo supiste dónde estaban las monedas?
SANCHO.-
En mi pueblo dicen que quien más protesta, es quien más esconde. Este mentiroso protestaba cuando otro le llamaba viejo, pero luego él mismo se lo decí­a sin perder el resuello… Y luego me fijé, que para jurar, le dio sin motivo su bastón al joven, y en cuanto el otro tuvo el bastón entre sus manos, juró que ya le habí­a devuelto las monedas .
PRESENTADOR.-
-¡Sois formidable!
SANCHO.-
-¿Te has fijado, eh? Creo que desde que soy Gobernador soy más formidable cada dí­a que pasa. Por lo menos habré engordado diez kilos.
(Desde abajo sale la trompeta y suena con pompa y alegrí­a).
PREGONERO.-
(En off).
El señor Gobernador ha dictado sentencia.
SANCHO.-
(A voz en grito).
-¡Setecientas no, sólo una! -¡Y abrid paso que mis tripas rugen ya como el dragón del mago Alí­ Fanfarrón!
(Comienza a salir y se detiene un momento).
Y tú, amigo presentador, gástate las dos monedas en algo útil, que estás más flaco que el perro de un hortelano.
(Saliendo).
-¡Abrid paso y que el mantel esté preparado!
(Sale Sancho).
PRESENTADOR.-
Y así­ el Gobernador de Barataria dictó una más de las setecientas Sentencias que lo hicieron famoso en el mundo entero y en otras ciudades extranjeras.
Yo me voy, que estas dos monedas de oro me han abierto el apetito.
-¡Sed felices y no dejéis que nadie pase hambre!
(Mientras sale).
-¡Unos huevos fritos con papas fritas!
(Sale).

Fin.


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