¡Salúd, Sarah!

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Sarah, andando ... fotografía tomada por el fotógrafo Gush Lattanzi.
– -¡Vamos!
– -¿A dónde me llevas? ”“respondió ella.
– A mi país, ya lo sabés ”“replicó Lucecita.
– Yo no voy nada. Todavía tengo cosas por hacer.
– Ah, no. -¡Ya está!. Hiciste bastante. Vos te venís conmigo y se acabó.
– -¡Pero Lucecita!. El Museo ”¦
– No, no, no. Eso dejálo como está. Ahora me toca a mi llevarte conmigo.
– -¿A tu país?
– Sí. Allá están todos, sabés. Y te están esperando. Dale, vamos. -¡Qué soy ansioso!. Dale, dame la mano que nos vamos ”¦

Subieron al arco iris y marcharon, hacia ese lugar donde van ellos, los grandes.

Sarah ”¦ Sarita, como te decían los más allegados. -¿Y ahora quién va a ocupar la silla de la entrada?. Si era todo un espectáculo llegar hasta la puerta del Museo Argentino del Títere y verte allí, sentada, fumando, entre las vitrinas de exhibición, tan rodeada de títeres. Siempre en silencio, pensando, organizando ideas. Sentadita, tan chiquita y arrugadita; pero con una fuerza y una energía que hacía que nos sintiésemos unos famélicos.

Sarah Bianchi, la Maestra. La pionera. La mujer que anduvo y luchó; trabajó y creó. Forjó un legado. Erigió una obra.

Sarita, la compañera, de igual a igual; sin distinciones, sin galardones. Prestando oído y conocimiento. Apoyando; fomentando; educando.

Y acá estamos ahora, ante lo inevitable; ante aquello que sabíamos iba a ocurrir, tarde o temprano, y nos resistíamos. -¿Y quién ocupará esa silla, tan hecha a tu medida?. A nosotros nos queda inmensa, Sarita.

Pero no te fuiste en vano. Antes te encargaste de dejarnos todo: tu alegría, tu sabiduría, tu comprensión, tu conocimiento. Esa obra hermosa, el trabajo de toda una vida junto a Mane, que hoy es nuestra casa, nuestro lugar, el Museo Argentino del Títere. Y dejaste una enseñanza, un trayecto por seguir y un ejemplo. Sí, eso, un EJEMPLO.

Porque cumpliste tus ochenta y ocho años; y todos fuimos participes de esa fiesta. -¡Pero qué 88 pirulos los tuyos!. Tan vividos, tan joviales, tan llenos de energía. Y claro, allí estábamos con nuestros títeres, nuestras cosas; y el vino para el brindis. Porque, nunca falte un -¡Salud! entre titiriteros. Ni tampoco esa mano tan amiga, tan solidaria y tan creadora. Como la tuya, que arrugadita y todo, se calzó el guante una vez más en el Festival de Títeres para adultos de Buenos Aires, hace poquitos días. O que, también, fue mano solidaria con la gesta por los colegas chilenos damnificados por el terremoto. Y que, claro, cómo no, animando a tu eterno amigo, que hoy te guía, Lucecita, el mismo día que presentaste tu último libro, hace pocas semanas, también.

Te fuiste, Sarita. Y me quedó un montón por aprender de vos. Porque eras un libro abierto, un templo de sabiduría. Y no mezquinabas nada: allí estabas, para compartir; para formar; para “hacer oficio”. Fuiste mi Maestra ”“junto a Mane- por decreto mío; y te lo dije alguna vez.

Así que Sarah, aunque la silla de la entrada quede vacía, seguirás estando. En cada rincón del Museo; en nuestra memoria; en tus enseñanzas. Y claro, en nuestro corazón.

Y para recordarte, levanto los brazos, bien arriba: ya vendrán los títeres que los vistan. Con los brazos arriba ”¦ -¡Gracias MAESTRA!. Buen viaje ”¦

Una Respuesta a “¡Salúd, Sarah!”

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