Patricia Suárez, escritora


Nació en Rosario en 1969. Es dramaturga y narradora. Publicó las novelas Causa y Efecto (Ed. Punto y Aparte, Madrid, 2008), Album de polaroids (La Fabrica 2008), Perdida en el momento (Alfaguara 2004) y Un fragmento de la vida de Irene S. (Colihue, 2004); y los libros de cuentos Rata Paseandera (Bajo la Luna Nueva, 1998) y Esta no es mi noche (Alfaguara, 2005).

Mantiene un blog, ‘Discreto Encanto‘.

Puedes leer la primera escena de la obra para marionetas ‘La Gata Mujer’, en su propio blog.

Hace unos días, nos envió por correo electrónico cinco pequeñas obras para títeres: El burro flautista, Los dos gallos, El león y el ratón, De cómo al pingí¼ino le acortaron las alas, y El león y el mosquito.

Ante la imposibilidad de que en una única entrada podamos dar cuenta de las cinco obras, presentamos a continuación una de ellas: El burro flautista.

El Burro Flautista
Obra de títeres
Inspirada en la fábula homónima de Tomás de Iriarte

Patricia Suárez

El burro, con moñita y frac, lleva una flauta en su mano. Hace una reverencia. Se tapa la boca, como quien ha de carraspear y rebuzna.

Burro:
Gracias, gracias, amado público. Detengan los aplausos por favor. Quiero decir algunas palabras antes de comenzar mi acto. Seré muy breve. Lo breve y bueno es dos veces breve. Hay por allí algún que otro envidioso que fue y le contó a don Tomás de Iriarte, el famoso fabulista, que yo aprendí a tocar la flauta por casualidad. Según don fabulista, yo me tropecé con la flauta que se dejó olvidada un pastor en medio del campo, la levanté, soplé, salió música y yo dije: Qué lindo vientito es la música. O al revés: Qué linda música es el viento. O el soplido. No leo fábulas sobre la farándula. Lo que veo en este relato, mi amado, amadísimo público, es una gran envidia. Ya todos sabemos que si la envidia fuera tiña, estaríamos todos envidiosos. Por eso, yo no tiño. De muy pequeño, mi madre me mecía rebuznando canciones de cuna. Hermosas canciones de cuna que hacían estallar los oídos de alegría. Más tarde, mis padres notaron en mí mi sentido musical. “Mi hijo será un talentoso burro; a tal palo, más palos”, sentenció mi padre y me envió directo al Conservatorio del Maestro Chicharra, que quedaba, casualmente, en la granja del pastor Perico. Querido público, mis comienzos fueron humildes. El Maestro Chicharra era un pobre bicho que apenas me dio clases un día y después se fue volando. No sin antes decirme: “Burro, el que nace para pito nunca usa la flauta”. Era su manera de expresar cuán importante es la tenacidad en un artista. Desde mis mas tempranos comienzos, experimenté inclinación por los palitos con agujeros. Comía totoras, junquillos; una vez arrasé todo un cañaveral”¦ Así supe que lo mío eran los intrumentos de viento. Un día, ocurrió algo muy diferente a lo que comenta este don fabulista. Iba yo por el prado tras Perico, el pastor. “Dale, burro, ale ale”, me chillaba. Yo le decía: “Présteme la flauta, amo. Verá las melodías que compongo”¦” Pero el pastor respondía: “En boca cerrada no entran monas, burro”. Los días del burro son crueles, pero mi amor por la música me hacía ver la vida color de rosa. Música eran las hojas de los árboles meciéndose con la brisa, el rumor del arroyito, el rebenque con que me daba en las ancas mi amo, don el pastorcito”¦ en fin, como les digo: veo la vida color de burro. Amado público, adorado, si supieran ustedes cuantas angustias he pasado para dominar el arte de la flauta!! (Larga pausa.) Fue así: mi amo estaba enamorado de Susanita del Río. Una sinvergí¼enza que él adoraba, más fea que una mosca vestida con un vestido dos veces breve de seda. Voy a mostrarles cómo caminaba (hace el gesto) y después se paraba así, miren bien. Y le tiraba besos a mi amo. Y mi amo se volvía loco. Ese día ella estaba coqueteándole y mi amo me dijo: “Quedáte por acá, que voy a cortar unas flores por el prado para regalarle a Susanita”. Justo el día anterior yo había ido solo por el prado, en busca de inspiración musical”¦ pero sucedió que”¦ que”¦ a veces la música me abre el apetito. Y me había comido todas las violetas, las margaritas, las manzanillas”¦ las”¦ y eso me aflojó el vientre y no llegu锦 perdón amado adorado público dos veces bueno, por estas palabras: no llegué al baño y me hice ahí, en el prado. (suspira) No me animé a contarle esto a mi amo, con ese carácter a los palos que él tiene”¦ y lo dejé ir”¦ y si hay un dios de la música, el dios de la música hizo que el don pastorcito se resbalara una y otra vez en”¦ ya saben dónde, dónde no llegué y dejé ah픦 resbaló y en uno de los resbalones, la flauta que él llevaba en la mano, voló”¦ y llegó”¦ llegó hasta mí, que pude atajarla”¦ tiré del arbolito donde él me ató”¦ tiré, hasta me arrancarme el bozal y quedé libre. Acá estoy, querido amado, vestido de seda, dos veces breve, público de boca cerrada. Soy nada más ni nada menos que el Burro Flautista. Pueden aplaudir. (Pausa) Ahora, voy a deleitarlos con la sonata compuesta por mí mismo y solo: “La vida color de palo”. (Acomoda el instrumento, con solemnidad se dispone a tocar la flauta. Sopla fuerte y sale un sonido feo, inarmónico, horrible. Luego, saluda presuntuoso, con una reverencia.) Muchas gracias.
El Burro sale.
Apagón.

2 Respuestas a “Patricia Suárez, escritora”

  1. Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: Nació en Rosario en 1969. Es dramaturga y narradora. Publicó las novelas Causa y Efecto (Ed. Punto y Aparte, Madrid, 2008), Album de polaroids (La Fabrica 2008), Perdida en el momento (Alfaguara 2004) y Un fragmento de la v……