Ayuda a Colegas Chilenos 2

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Eli Guzman junto a los damnificados, en Pelluhue, una de las poblaciones afectadas por el terremoto/Tzunami
Como venimos haciendo, de tanto en tanto contamos aquí cuál es el panorama en Chile, luego del terremoto que aún no termina.
Muchos colegas se han visto afectados; tanto en lo laboral, como en lo personal: han perdido sus casas y sus pertenencias, quedando desamparados. Corren la misma suerte que el resto de sus compatriotas damnificados.
El resto de los colegas chilenos, aquellos a los que el terremoto sólo les dio un susto, han optado ”“ casi espontáneamente- por utilizar su arte: han salido a recorrer los campamentos de damnificados, los albergues, llevando alegría en lugares donde no la hay.

Los otros días me contacté con mi amiga Elizabeth Guzmán, del Teatro Candelilla, de Santiago de Chile. Estaba eufórica, pues venía de una “gira” solidaria. La entrevisté; quise plasmar en el papel sus emociones. No pude transmitir esa vibración. Así que, por suerte, ella sí pudo hacerlo. Transcribo una carta suya, una memoria, donde cuenta lo sucedido. Aquí va:

Recobrando Sonrisas

El azote era implacable ”¦ -¡creí que mi casa estallaría!.
– “fue terremoto”- Pensé, quizás fue más fuerte en otro lugar.

Se hablaba sólo de ciudades, nada de lugares pequeños, esos que junto
a mi padre habíamos recorrido con nuestros títeres. Después de actuar
en ciudades, nos íbamos a escuelas rurales. Cauquenes, Chanco,
Curanipe, Pelluhue ”¦ los niños nos recibían animados, ayudaban a
armar el teatrino, trepaban acomodando los cables del sonido; muchos
jamás habían visto títeres; nos felicitaban por llegar a donde nadie
llega.

Avanzan las horas. No hay energía eléctrica. Las cúpulas de las
iglesias están en el suelo de Santiago. Edificios y casas con daños;
el puente roto en Américo Vespucio; autos al vacío; se escucha perros
aullar. Y la noticia fatal del maremoto en varias ciudades.

Llamo a Marcelo Waddington, concejal de Chanco
– -¿Cómo están?
– La familia bien, el pueblo en el suelo
–¿Cómo está Pelluhe?. La tendalá, le respondo:voy para allá con mis títeres.
– No amiga, aquí está todo mal
– Hay que hacerlo por los niños – insisto.
Cargo el equipo de sonido, mi saco de dormir y el emblemático Cocodrilo Tilo; un beso a mi Fernanda.

Preparo mi corazón, “fuerza Eli”. Toda mi vida he sido titiritera, he
actuado en muchos teatros, he viajado por varios países, pero mi alma
siempre se quedó con el pueblo, ese pueblo sensible, trabajador,
amable y cariñoso, que comparte su pan y su abrigo agradecido por ver
reír a sus hijos. Ahora, esos hijos estaban desamparados, sin un
techo, sin sus camas, sin sus juguetes sólo con una incógnita de
futuro. Ya tuve tiempo de amar, de construir mi casa, de gozar mi
arte, ahora viene el tiempo de dar a quienes lo han perdido todo.

Ya en Chanco, la situación hay que vivirla: olor a polvo, casas derrumbadas ”¦ Rosario me muestra sus heridas, leves en la piel pero traumáticas para una niña de 12 años
”“ cayó el techo encima mío ”¦
No había casa, todos dormíamos en carpas.

Ya en Pelluhue, nos recibió personal del municipio
”“ Aquí no tenemos nada – y vi como el mar había arrasado con la municipalidad.

Mientras coordinábamos la vista a los campamentos, tuvimos una alerta de
tsunami. Subimos la cuesta, seguían replicas, arriba veía agitarse los peñascos.

Por fin llegamos al primer campamento con juguetes y un puñado de
títeres para ofrecer la ilusión de un mundo mejor. Los adultos no
concebían -¿cómo títeres?. Armé mi teatrino, busqué a los niños en las
carpas. Lentamente comenzó a llegar la familia.
Carcajadas, la tierra volvía a temblar pero nadie se asustó y yo seguí hasta terminar la
Función. En eso sonó un celular: un niño de 6 años contestó eufórico
– -¡Hola, estamos súper bien, nos trajeron títeres! ”¦ Levanté la cabeza y
observé los ojos de su padre con una profunda felicidad. Fue el
estímulo al esfuerzo y el empuje a seguir. Repetimos la experiencia
por Curanipe, Las Petacas, La Vega, Chanco.

Impresiona como la magia de los muñecos logra abstraer a niños y
adultos de tanta desolación. La solidaridad es grande.

Llegué bien a casa; el miedo se esfumó con la alegría de los niños
esparcida en la brisa marina. -¿Qué se viene ahora? Seguir trabajando.
“Carlos teatre”, desde Oslo, envió su aporte para que Candelilla haga
funciones a los niños que aún tienen miedo en la población Santa
Adriana: “La Escuela de Títeres” hará 80 muñecos para Chanco, y
solicitaremos más aportes que nos ayuden a llevar funciones a otros
pueblitos desvastados. -¡Vivan los títeres y los titiriteros!

Una Respuesta a “Ayuda a Colegas Chilenos 2”

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