Pep Gómez y los encuentros de poetas y titiriteros


Anita Maravillas
Pep Gómez
Pep Gómez

El acto se realizó en un local alternativo de la ciudad, el Baixos Marina, centro taller de varios artistas plásticos que de vez en cuando organizan eventos. Estuvo presidido por el poeta Joan Vinuesa, un histórico de los recitales libertarios de poesia, y David Castillo, poeta, periodista y activo agitador urbano de la acracia cultural-creativa de la ciudad. Por el lado de los titiriteros, presidió el veterano Pep Gómez, amigo y colega de Pepe Otal y artista excéntrico como los hay pocos.

Conozco a Pep desde hace mucho tiempo, pues ambos somos viejos gatos en estas materias, y he tenido la suerte de seguir su trayectoria a través de los años. Yo al principio pensaba que era mallorquín, pues al conocerlo hablaba un catalán con acento balear y además se había iniciado en los títeres con la compañía Teresetes, grupo pionero de las islas. Pero estaba equivocado, pues había nacido en la calle Robadors de Barcelona, una de las más singulares y fellinianas de la ciudad (para los no iniciados, era la calle de putas por excelencia de Barcelona). Cuando se instaló de nuevo en Barcelona, formó grupo con Xavier Lafita, el Teatre de Sac, llamado así porque uno de sus primeros espectáculos fue una obra representada con esa técnica tan curiosa de origen chino del retablo acabado en un saco que se adhiere al cuerpo del titiritero y se ata a los pies. Solía acompañarlo al clarinete Pep Pascual.

Un desgraciado accidente de moto acabó con la vida de Xavier Lafita, un titiritero que un día merecería un recuerdo homenaje de su persona, y Gómez se quedó sólo y descompuesto. Se centró entonces en la Papiroflexia, un arte que ya había trabajado con Teatre de Sac, pero con el que empezó a crear espectáculos propios. De este modo se inició su carrera artística en solitario cuya principal característica fue una fidelidad radical hacia lo propio, por muy raro y atípico que fuera. Recuerdo una exposición que hizo en el Malic de creaciones papirofléxicas, que presentó bajo forma de cuadros ”“todavía tengo uno de pipas de papel colgado en mi despacho”“, así como varios espectáculos en los que explicaba sin tapujos sus obsesiones, sus temáticas particulares, sus cuentos de rara poesía. Con una cierta tendencia al sarcasmo, mantuvo sin embargo un curioso y a veces sutil decoro bajo el que se ocultaba su condición de persona buena y amigable.

En los noventa, empezó a colaborar con Pepe Otal. Les unía a ambos la integridad de sus posturas personales así como ese fuste moral de los que coinciden en sus críticas y opiniones pero siempre desde posturas positivas, abiertas y emprendedoras. Dicho en otras palabras, dos buenas personas que hallaron la manera de coordinarse entre si por encima de las máscaras y los disfraces piratescos de la contracultura al uso. Además de apoyarse mutuamente en obras de cada uno, en el año 1992 presentaron “Elasticitats” y en 1994 “El Pirata Barbanegra” (también con Santi Arnal) dónde los tres salían vestidos de piratas y, cómo no, explicaban una historia de piratas. Tras estos tanteos surgió su última realización, la Divina Comedia basada en la obra de Dante, que representaron hasta la muerte de Pepe.

Creo que esta colaboración ha sido decisiva para Pep Gómez, al permitirle abrirse a una práctica titiritil más aplomada y todavía más personal, acosado por el radicalismo personalista de Pepe, con lo que no hizo más que afirmarse en su propia línea de trabajo. Así pude constatarlo el otro día en el Bajos Marina, cuando presentó, junto con Andrea Lorenzetti, parte de su nuevo espectáculo basado en textos de “Jardín Umbrío”, de Valle-Inclán. Ver a Pep actuar me hizo pensar en cómo los años han destilado lo mejor que hay en él, dándole un aplomo, una profundidad de tono, una presencia más segura e impactante, y un uso del sarcasmo mucho más medido, sutil y efectivo. El tono también austero y comedido de su colega Lorenzetti, de quién ya hemos hablado en estas páginas, ayudaba a crear una atmósfera muy adecuada para representar a Valle-Inclán, uno de los autores españoles más difíciles de llevar a la escena.

Anita Maravillas
Anita Maravillas

Volviendo al evento titiritil-poético, puede imaginar el lector que al estar presentado por personalidades como Pep Gómez y los mencionados Joan Vinuesa y David Castillo, el acto no podía tener mejores motores para su desarrollo.

No voy a hablar con detalle de todo lo que se vio, pues sería largo y no es el objetivo de este artículo. Sólo citar las actuaciones del músico Pep Pascual (el mismo que acompañaba en su juventud a Pep y a Lafita), de una simpatía, frescura y originalidad impactantes, y la del grandísimo actor Christian Atanasiu, que nos maravilló con una actuación deslumbrante. Del lado de los poetas, recitaron Jordi Grí cia, Natalia Carrasco, Anna Enrich, Jesús Borra y Catalina Girona. Quiero mencionar a esta última, quién me sorprendió con una actuación originalísima a base de grititos y otros excénticos sonidos pajariles que dieron a sus textos una atmósfera de profunda extrañeza, apoyada por una presencia tan aparentemente anodina como impactante: -¿de qué otro planeta provenía aquella mujer?, pensé anonadado.

Catalina Girona
Catalina Girona

Un plato fuerte y entrañable momento, además de hilarante, fue la lectura que hicieron a dúo Pep Gómez y David Castillo de una historieta contada por Pepe Otal y transcrita por el mismo Pep, titulada: “La única vez que estuve en Lisboa”. Un texto a través del cual la voz del titiritero de Albacete retumbó una vez más en los aires de Barcelona. Y me perdí, pues tuve que irme antes de hora, la actuación de Andriu Antenovsky, que por lo visto suele deslumbrar en sus presentaciones.

Del lado de los títeres, además de la presentación de Pep Gómez y Andrea Lorenzetti, actuó un interesante Jordi Regot que “construyó” una marioneta entera delante del público, un ejercicio difícil y ariesgado que se saldó con calurosos aplausos. Las tres titiriteras de Anita Maravillas hicieron un número de su espectáculo “Sarean Sun Sun”. Como soy un fan declarado de Valen, Miren y Mireia, de las que ya he hablado varias veces en Titerenet, no voy a repetirme con los elogios. Sólo decir que me encantaron como siempre. Y bordó el apartado de los títeres una brillante actuación de Jordi Bertrán con sus dos ayudantes Litus y Paula, que manipularon con sumo virtuosismo el muñeco de uno de los esqueches de sus conocidos Poemes Visuals.

Para terminar, sólo mencionar que la sala, poco aclimatada, pues hacía bastante frío, estuvo llena lo que indica la fidelidad del público asistente. Gente joven, la mayoría, aunque también había veteranos como Albert Tort, el Veterinario, autor de las fotos de este reportaje, viejo amigo de Pepe Otal, con quién boxeaba los domingos por la mañana y por la tarde le acompañaba de vez en cuando a los toros. Albert es quién proporcionó a Otal las ratas utilizadas en su espectáculo “Cuento de madera” así como las vísceras de tocino para la autopsia del Don Giovanni. Todo un personaje, imprescindible en estas lides, y que no se pierde ninguno de los encuentros entre Poetas y Titiriteros.

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