Entrevista a Carlos Converso


Carlos Converso
Carlos Converso
Carlos Converso

Tuve por fin la ocasión de conocer en persona a Carlos Converso durante el Festí­n de Muñecos de Guadalajara, México, en el mes de septiembre de este año 2009. Y aunque allí­ no pude ver ninguno de sus espectáculos, sí­ charlamos y me percaté de la importancia que ha tenido su trayectoria en el teatro de tí­teres mejicano y por extensión en el latinoamericano. Puede decirse que fue maestro de muchos de los actuales titiriteros jóvenes de México y que en este paí­s es valorado como uno de los más importantes maestro actuales del arte de los tí­teres. Importante destacar su libro “Entrenamiento del titiritero”, publicado por Editorial Escenologí­a, faro inspirador de muchos titiriteros del mundo de habla hispana.

Argentino nacido en 1947 y nacionalizado mexicano, ha desarrollado labores de titiritero, actor, dramaturgo y director de teatro, especializado en teatro de tí­teres y máscaras con más de 25 años de trabajo en este campo. Durante su larga carrera, ha merecido premios y reconocimientos internacionales como creador de espectáculos dirigidos tanto a público infantil como de adultos. Cabe decir que ha puesto en escena adaptaciones de obras clásicas, obras de autores contemporáneos y también creaciones propias, que se caracterizan por una fusión de diversos lenguajes y recursos escénicos: como actuación, tí­teres y máscaras. Fue fundador y director del grupo teatral Triángulo y La Tarántula en la ciudad de México y la ciudad de Xalapa, respectivamente, lugar éste dónde reside.

Obras conocidas suyas son “Pandemonium” (Premio Rosete Aranda al mejor espectáculo de tí­teres de 1984), “Titirijugando” con más de 750 funciones hasta la fecha o “Barbacoa, historia de piratas” (Beca Estatal de coinversión1994-Participante Festival Internacional de Tolosa, España-1997). Ha dirigido también “Un halo de esplendor” de Adriana Menassé (Premio Tres mejores espectáculos año 1990), “Al son de un corazón” de José Camacho (Mejor teatro de provincia, Muestra Nacional de Teatro ”“ 1992), “Viajes Paraiso” de Adriana Menassé (Festival Internacional de Teatro para Niños – Aguascalientes, México-1997) y “La Pesquisa” de Adriana Menassé (Primera mención Concurso FILIJ – Primer premio del Primer Concurso de Dramaturgia para Tí­teres organizado por la Universidad autonoma de Sinaloa (2002)- Participante Festival Internacional de Tolosa, España, 2000).
En su trabajo con otras compañí­as, ha dirigido las obras: “Comino va a la selva” de Germán Listz Azurbide y “Ubu rey” de Alfred Jarry con el grupo uruguayo El Galpón; “Maniobras 7” con el grupo BaúlTeatro de Monterrey; “Se vende” con el Teatro Animación de Xalapa, ambas creaciones propias.
Al coincidir de nuevo en Tolosa durante la inauguración del TOPIC (Centro Internacional del Tí­tere de Tolosa), pude por fin allí­ ver su obra “El oso que no lo era”, ya comentada en un anterior artí­culo en Titerenet, y consideré que era el momento de poder charlar con él en profundidad y de hacerle la entrevista que sigue a continuación.

Carlos Converso y Toni Rumbau en Guadalajara
Carlos Converso y Toni Rumbau en Guadalajara

Pregunta: -¿Podrí­as explicar como se encuentra en estos momentos las negociaciones para determinar el futuro de vuestro Centro de Estudios en el Arte de los Tí­teres que tenéis en Xalapa? -¿ Qué perspectivas de futuro del proyecto ves o te gustarí­a ver?

Respuesta: Tengo que hacer un poquito de historia para entender nuestra situación actual. Tuvimos que dejar la casa en la que funcionaba el Centro en el mes de mayo pasado, sin embargo previendo que era inevitable la entrega del inmueble ”“el cual rentábamos- comenzamos diversas gestiones desde finales del año 2008 con el propósito de conseguir apoyos u otras alternativas para permitir la continuidad de nuestro proyecto. Tocamos diversas puertas en instancias culturales oficiales e incluso con el mismo gobernador del estado de Veracruz, quien reconoció nuestra labor a lo largo de cinco años fundamentalmente dirigida a niños en el campo del aprendizaje y sensibilización artí­stica desde el teatro de tí­teres, prometiendo ocuparse del asunto y ofrecer una solución. En la actualidad, y después de recibir en distintos momentos intervenciones alentadoras por parte de los funcionarios, no ha habido ningún ofrecimiento o respuesta concreta. De hecho, después de un perí­odo intenso de presencia y reclamación frente a las oficinas del gobierno del estado, tanto a través de oficios y escritos como de manifestaciones callejeras con el apoyo y simpatí­a de mucha gente de diversos ámbitos, de hace tres meses a la fecha las cosas se han ido enfriando, y podemos decir que hemos dejado esa ví­a de petición. Debo decir que el Centro funcionaba como escuela ofreciendo cursos, talleres y diplomados como su actividad central, pero también programando funciones de tí­teres en una pequeña salita, albergando una exposición de muñecos y visitas escolares. Este proyecto se lleva a cabo por un grupo de artistas de manera totalmente independiente sin apoyos institucionales, constituyéndonos como asociación civil sin fines de lucro, generando actividades que solo permiten cubrir los gastos de mantenimiento. Como se ve, fue y es un proyecto de fe y entrega; que arrojó resultados valiosos y palpables, por eso creemos justificada la petición de apoyo a las instancias de gobierno.

Las perspectivas de futuro son inciertas, al menos para mantener la totalidad del proyecto como estaba planteado, sin embargo, seguiremos en nuestro intento poniendo especial énfasis, en este momento, en la escuela. El próximo año será un año difí­cil en la particular coyuntura mexicana, sin embargo seguiremos volviendo una y otra vez sobre la importan-cia de una escuela para la formación de titiriteros, única en este paí­s.

P. -¿Qué ha representado, para tu carrera de titiritero, tener durante cinco años un lugar estable de formación y exhibición? -¿Lo consideras indispensable en estos momentos para tu labor?

R. Ha representado, sin duda, un momento de mi vida muy importante y muy inspirador. Durante mucho tiempo me habí­a rehusado a asumirme como maestro, es decir encarando y llevando a cabo una actividad planificada, con objetivos definidos, sistematizando experiencias y conocimientos, consideraba que no estaba preparado, que no estaba maduro para arremeter con esa tarea. Pero un dí­a llegó ese momento, fue como cuando algo cae por su propio peso, el cumplimiento de un proceso interior, y así­ empecé en el año 2001 en la Facultad de Teatro de la Universidad Veracruzana, donde se abrió una materia nueva hasta entonces, Tí­teres I y II y allí­ continúo hasta la fecha. Luego, en el 2004 nos embarcamos en la maravillosa aventura del CEAT (Centro de Estudios en el Arte de los tí­teres), donde la propuesta es ofrecer instancias de aprendizaje y práctica de manera más especializada y exaustiva, con mayores recursos materiales y técnicos. Es este un trabajo muy enriquecedor, te motiva y te confronta, te ofrece un panorama enorme de posibilidades expresivas a partir de las propuestas de los alumnos así­ como material sobre el cual reflexionar.

P.-¿Qué temáticas son las que más te han tentado en tus obras? -¿Cuáles son las que te quedan o te gustarí­a trabajar? -¿De qué manera el tiempo ha ido modelando estas temáticas y su naturaleza?

R. Haciendo un repaso rápido de los diferentes montajes en los que he participado como creador o director, encuentro poca variedad temática pero si como cierta constante en un tema y sus variaciones, y éste es: la identidad, especí­ficamente la pérdida de la identidad por muchas causas: alienación, miedos, por la sociedad de consumo y el mercado, por el poder, etc.; esto también involucrarí­a las máscaras sociales, las diferentes máscaras que habitan en un individuo dentro de un contexto determinado. En cuanto a los tratamientos, han sido diversos, tomando en cuenta también si han sido dirigidos a niños o adultos; en la mayorí­a ha estado presente como notas caracterí­sticas el juego y el humor, otras veces el humor negro y, con menos frecuencia, el drama con un matiz oscuro y misterioso.

-¿De qué manera el tiempo ha ido modelando estas temáticas? Debo decir que me inicié como actor en el movimiento de teatros independientes en Argentina, y participé esos primeros años de manera intensa en lo que podrí­amos llamar teatro polí­tico, estamos hablando de finales de los 60 y gran parte de los 70. El teatro que hací­amos poní­a el énfasis en su misión concientizadora y de crí­tica, sobrevaloraba el ejercicio de la razón por encima de lo emotivo y lo sensorial. Era un teatro que atendí­a a los conflictos sociales, se centraba en el enfrentamiento y en la lucha de las clases sociales, los personajes eran los estereotipos que representaban a amplios sectores: el patrón, el militar, el obrero, el campesino, etc.; el drama pasaba por las diferentes vicisitudes y alternativas que moví­an a estas fuerzas que componen el entramado social, todo ello obviamente desde la mirada crí­tica que nos ofrecí­a el marxismo. Éste es un tema que requiere muchas páginas para medianamente explicarlo, sin embargo, resumiendo diré que cuando este teatro entró en crisis, muchos de los hacedores y protagonistas de este movimiento comenzamos a cuestionarlo y como contraparte nos interesamos en una dramaturgia que rescataba al personaje, como un individuo complejo, con contradicciones, que eventualmente mostraba varias caras, viviendo conflictos creí­bles, una dramaturgia que mostrará el drama del personaje y por extensión o metáfora el de la sociedad. Por esa época aparecieron los tí­teres de la mano de Javier Villafañe, y ese mundo nos fue ganando poco a poco. Los tí­teres nos enseñaron el ámbito de lo sensorial, el fascinante impacto de los sentidos a través de los materiales, las texturas, las formas, los colores, los sonidos, las atmósferas y ambientes, pero también nos abrieron las puertas a la metáfora, el sí­mbolo y la ficción inagotable. Con los tí­teres el teatro se volvió un extraordinario laboratorio, un espacio de creación sin lí­mites.

Cartel de "El Oso que no lo era"
Cartel de “El Oso que no lo era”

P. Decí­as en una entrevista reciente que siempre te has inclinado por las farsas, las sátiras y lo grotesco, pero que también te atrae la faceta siniestra, misteriosa o poética. Estos aspectos dramáticos, -¿ crees que pueden tratarse bien con los tí­teres? -¿ Y de qué modo? -¿Tienes algún proyecto al respecto?

R. Soy un convencido que los tí­teres tienen un campo de expresión enorme, dirí­a que potencialmente es posible lograr los más variados tonos y matices, desde la gracia y el candor más delicados hasta la creación de una perturbadora e incómoda faceta siniestra y cruel, y obviamente y en general, siempre habrá un componente lúdico muy fuerte, y una nota absurda en la raí­z misma de lo que es el tí­tere, al estar permanentemente en esa frontera entre la materia muerta y materia animada. Esto le otorga una libertad muy peculiar en la manera que justifica sus acciones, las transiciones de lugar y tiempo, la forma como justifica su credibilidad escénica en relación al espacio escénico, a otros personajes, a elementos escenográficos o de utilerí­a, a si mismo, al titiritero como tal o al titiritero interpretando un personaje, en fin, las posibilidades son muchas. Ese momento de transición de la materia inerte a la materia animada, cuando el personaje cobra vida (vida escénica ciertamente) es sin duda un instante de plena magia, que según el tono puede mostrarnos una faceta siniestra, poética, lúdica, grotesca o misteriosa; o combinaciones diversas.

Obviamente, todo esto está en relación con la historia, los personajes, tanto en su presentación como en su caracterización escénica, los tipos de tí­teres, el concepto plástico y todos los demás elementos de la puesta en escena que tienen que ver con el logro de un tono u otro.

Sí­, soy un convencido de las múltiples e increí­bles posibilidades expresivas que tienen los tí­teres, y sobre esta base y con el ánimo de experimentar, tengo varios proyectos, entre ellos: un Fausto, una versión de 1984, una propuesta sobre la tercera edad, y todo lo eventualmente pueda sumarse en el camino.

P. -¿Consideras que el teatro es un arte que se basta a si mismo o que debe estar al servicio de ideales, consignas, lí­neas o polí­ticas pedagógicas o pensamientos positivos? -¿Cómo sitúas esta instrumentalización de la que a veces es objeto el teatro de tí­teres?

R. Yo creo que el teatro es un arte que se basta a si mismo, sin embargo, hay veces no siempre, en que poniéndose al servicio de un lí­nea pedagógica o consigna polí­tica cumple, en una circunstancia particular, coyunturalmente, con su objetivo de transmitir un mensaje, de sentar una postura o dar testimonio de una situación o acontecimiento; y lo puede cumplir, incluso, con un espectáculo bien hecho, con aciertos artí­sticos y excelente factura. De cualquier manera, no dejo de pensar que un teatro sujeto a directrices ideológicas se verá afectado, su ambición artí­stica se reduce, su espectro de posibilidades expresivas merman. En el caso del teatro de tí­teres, en muchos momentos de su historia, vemos que ha sido utilizado para cumplir con propósitos pedagógicos o evangelizadores. En México, por ejemplo, las famosas campañas de higiene y vacunación o de combate a ciertas enfermedades dan por resultado un teatro de tí­teres pobre, poco imaginativo, esquemático, donde el mensaje se formula en un texto que dice un personaje, en lugar de que éste se capte a través de las alternativas de los personajes y sus conflictos y situaciones. Es un teatro que tiende a la solemnidad y la rigidez donde pareciera que quieren decirnos que el humor y el juego son contraproducentes a la efectividad e importancia del mensaje. En fin, un teatro de tí­teres poco estimulante e inspirador que, por lo tanto, termina por conspirar contra la misión que lo anima.

P. Tu has entrado en los tí­teres desde el teatro de actor, y eso se nota en tus espectáculos.
-¿Qué te parecen las otras ví­as de entrar en el oficio y cuales dirí­as que son, por tu experien-cia, las más importantes?

R. Yo creo, en un sentido amplio, que detrás de un tí­tere debe haber un actor, es decir, alguien que conozca y/o domine cuestiones de expresión corporal, de gestualidad, de expresión vocal, de ritmo, etc.. Esto es, un titiritero es en buena medida un actor. Ahora bien, no necesariamente para ser un buen titiritero tienes que estudiar actuación, existen excelentes titiriteros que nunca han pasado por una escuela de teatro, pero tienen el talento y la intuición necesaria para salvar esa ausencia formativa, y son pocos. Lo que en última instancia quiero decir es que conocer y practicar los fundamentos de la actuación no le viene nada mal a la preparación de un titiritero. Dicho esto, agregarí­a que se puede entrar al oficio desde otros ámbitos, y aquí­ también ejemplos hay muchos; desde las artes plásticas, cuyo campo de trabajo cubre uno de los ejes fundamentales del teatro de tí­teres, todo lo que tiene que ver con el diseño, la construcción, los materiales, el concepto plástico, la pintura, la escultura, el modelado y que aparece corpóreamente en la escena. Desde el ámbito del mimo y la máscara serí­a otra ví­a para llegar a los tí­teres, ya que son lenguajes con muchos puntos en común. Igualmente desde la dramaturgia y de la música.

P. -¿Qué carencias mayores encuentras hoy en dí­a en el teatro de tí­teres que se hace en el mundo?

R.
La respuesta, obviamente, es en términos muy generales, además que requiere de un amplio conocimiento de lo que se está haciendo en diferentes partes del planeta. Conocimiento que no creo poseer, sin embargo, me atreverí­a a apuntar que la parte más débil que encuentro en la mayorí­a de los espectáculos es la dramaturgia. Siempre he creí­do que si tenemos una buena historia con una temática tratada inteligentemente, bien construida con personajes atractivos y sólidos, tendremos un buen porcentaje garantizado para un potencial espectáculo efectivo. Creo que es en esta materia donde solemos fallar a menudo.

P
. -¿De qué modo consideras que ha cambiado la labor titiritera de tu generación a la de hoy? -¿Crees que hay rasgos propios que permiten definir algunas lí­neas de la actualidad? -¿se puede hablar de una nueva generación de titiriteros?

R. Tengo la impresión que el teatro de tí­teres, desde hace algunos años, poco a poco se ha instalado, como campo de estudio, en un terreno más académico; al menos es lo que he vivido y observado en estos años al ingresar al ámbito de la docencia. El proceso de aprendizaje de este oficio ha ido perdiendo, en cierta medida, el carácter artesanal y eminentemente práctico que tení­a hace 30 o 40 años, donde el aprendiz cargaba la maleta del espectáculo y con redoblada atención observaba lo que el maestro hacia en sus presentaciones, para luego sacar sus apuntes y conclusiones e ir acumulando su expe-riencia formativa. Lo cual debo decir no dejaba de tener su encanto y valor al ser un proceso vivo sobre el fenómeno mismo de la escenificación.

En los últimos años se ha realizado un trabajo creciente por parte de un buen número de estudiosos del teatro de tí­teres, organizando y traduciendo experiencias e historias del “métier” sistematizando conocimientos técnicos y pruebas de taller, así­ como dinámicas y estrategias de práctica escénica, e igualmente, propiciando los nexos e intercambios con otras áreas artí­sticas.

Creo que el teatro de tí­teres ha conquistado un lugar, a veces no suficiente, a la par del teatro de actores en las escuelas, al menos así­ ha ocurrido en la Universidad Veracruzana donde trabajo. En este sentido, la nueva generación de titiriteros o estudiantes viven en un mundo que les permite acceso a un cúmulo enorme de información e intercambios potenciales con otros lenguajes y experiencias artí­sticas. Creo que los jóvenes titiriteros tienen la oportunidad, hoy en dí­a, de ejercer una mirada más amplia y por lo tanto ofrecernos la posibilidad de un teatro de tí­teres más rico y multifacético.

P. -¿Qué te ha parecido el Topic, el nuevo Centro Internacional del Tí­tere de Tolosa?

R. Me ha parecido maravilloso, un lugar único en su género en el mundo hasta donde yo sé. Con una excelente infraestructura, pensado para desarrollar diferentes actividades y trabajos, y sobre todo un extraordinario centro de información de documentos e imágenes. Sin duda, un gran acontecimiento para el mundo de los tí­teres, lo importante propiamente viene de ahora en más. Que se consolide en un centro de presentaciones e intercambios, generador de propuestas y encuentros, espacio de investigaciones y resguardo de valiosos documentos y muñecos, en fin, en un núcleo vital e útil para el teatro de tí­teres del mundo. Estoy seguro que lo será, comprometiéndonos a todos a participar.

A modo de complemento a esta entrevista, les recomiendo la que le hizo en enero de 2007 Lupe Morán en La Ratonera (Revista Asturiana de Teatro), muy exhaustiva sobre el personaje. Véanla en: “Carlos Converso, Titiritero”.

Una Respuesta a “Entrevista a Carlos Converso”

  1. Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: Carlos Converso Tuve por fin la ocasión de conocer en persona a Carlos Converso durante el Festí­n de Muñecos de Guadalajara, México, en el mes de septiembre de este año 2009. Y aunque allí­ no pude ver ninguno de sus espectácu…..