Malic. La Aventura de los Tí­teres


Malic. La aventura de los tí­teres. Editado por Arola Editors
Malic. La aventura de los tí­teres. Editado por Arola Editors

Acaba de salir el libro “Malic, la Aventura de los Tí­teres” en castellano, publicado por Arola Editores, tras su aparición en catalán en el año 2007.

Se trata de un libro que causó impacto en sus lectores pero que no habí­a trascendido el ámbito de lectura en catalán, de modo que debemos felicitarnos de que haya salido ahora en castellano.

Desde Titerenet, hemos querido dar un repaso en profundidad a la publicación de Malic, no sólo porqué Toni Rumbau es uno de nuestros asiduos redactores, sino también para dar a conocer los entresijos y las razones de su aparición. Para ello, hemos hecho algunas preguntas al autor, a modo de informal entrevista que finalmente, y como podrá comprobar el lector, ha salido de lo más interesante.

Pregunta: -¿Qué te llevó a querer escribir un libro de memorias?
Respuesta: Son varias las razones. De entrada, el hecho de ejercer una profesión como la de titiritero te obliga en el dí­a a dí­a a preguntarte qué es lo que realmente estás haciendo. Una pregunta que estoy seguro todos los titiriteros nos hacemos contí­nuamente o que al menos nos hemos planteado una vez en la vida. Y lo bueno es que nadie puede responderla más que uno mismo, pues son tantas y tan diferentes las historias y las vicisitudes que te llevan a abrazar esta profesión, que cada caso es un mundo y, por lo tanto, cuestión de que cada uno se aclare en este asunto. Pero existen otras razones igual de importantes, entre ellas la siguiente: si tu no hablas de lo que ha sido toda una vida de dedicación a los tí­teres, nadie más lo va a hacer, pues lo habitual es vivir y caer en el anonimato de una profesión por la que nadie da dos duros.

P: Razones de peso, desde luego, pero se intuye algo más, -¿verdad?
R: Sí­, lo has adivinado, se trata de razones que, como suele suceder cuando se escribe, surgen y se aclaran a medida que se va escribiendo. Por ejemplo, darse cuenta de que lo vivido no acaba de ser vivido del todo hasta que no es “revivido” por segunda vez por la memoria o la escritura, es decir, hasta que no te desdoblas en otro que va reviviendo los hechos pero desde la distancia y la reflexión que dan los años y su perspectiva. Se trata de algo que he percibido a medida que el libro se iba escribiendo, y puedo asegurarte que ha cambiado profundamente el carácter e incluso dirí­a la misma sustancia de lo vivido. Absurdo, pensará alguno, pero fí­jate que como titiriteros que somos, condenados a desdoblarnos en los tí­teres en cada función, hemos convertido el desdoblamiento en el hecho central de nuestras vidas, de modo que nos traicionarí­amos a nosotros mismos si a la hora de enfrentarnos a nuestro mismo personaje, no cumpliéramos también con el requisito de ser igualmente nuestros propios “titiriteros”, aunque sea a posteriori, desde luego…

Malic, el personaje
Malic, el personaje

P: …personajes… -¿Los titiriteros son también personajes?
R: Todos los somos. En la comedia de la vida ”“y en la de un titiritero, hay “mucha comedia””“, todos llevamos nuestras máscaras para poder sobrevivir en esta corte de los milagros que es el teatro. El dí­a a dí­a te exige creerte al personaje que representas, pero cuando pasan los años, los pedestales sobre los que te habí­as asentado e incluso encumbrado, empiezan a resquebrajarse justo lo necesario para darte cuenta de su endeblez y de su irremediable carácter histriónico de máscara. Entonces sólo te queda una opción: volver a revivir tu vida desde la reflexión para reasentar lo que ha quedado tan maltrecho. En la vida del comediante, que suele valorarse con el barómetro del “éxito”, -¡imagí­nate si no hay en ella máscaras y comedia y presunciones de todo tipo! Y si además has tenido un teatro, que te exige “embobar”, “encantar”, “seducir” y “atraer” al público, las confusiones y los enmascaramientos aún son mayúsculos.

P: …revivir la vida -¿Es posible?
R: creo que los artistas lo hacen cada dí­a en sus obras. El arte es una redundancia de lo que ya existe: le damos vueltas, lo detenemos y lo volvemos a pasar ante nuestros ojos pero “a nuestra manera”. Nos apropiamos entonces de lo vivido. Es como si hiciéramos un bucle sobre el tiempo vivido y lo dotáramos así­ de una segunda dimensión. Al haber dos dimensiones, dos perspectivas, se generan dos sujetos: el que vivió y el que recuerda, ambos pasivos y activos respectivamente, lo que da pie a que el misterio de la conciencia se convierta en “autoconsciencia”, que es ya un gran logro. Se amplí­a el espacio de la conciencia lo que permite percibir el tiempo, otro gran logro. Y creo que esto es lo que hacen todos los artistas que se precien de tales: ampliar la autoconsciencia del tiempo y del espacio, que son así­ vistos y vividos en presente, para que en ese espacio ampliado tenga lugar ese otro gran misterio que es la creación. Perdona que me haya puesto tan pesado, pero es la reflexión que me sale…

P: Una autoconsciencia, -¿tal vez para encontrarle sentido a las vivencias?
R: Sí­, es también buscar un sentido a lo que se ha hecho durante muchos años de viajes y de trabajo. Un sentido que requiere, para que surja, revivir lo vivido. Piensa que en nuestra profesión, los viajes no son una anécdota sino un eje central de nuestras actividades, lo que da al “relato” unas dimensiones extras nada desdeñables.

P: -¿Te refieres al “tranví­a diacrónico” del que hablas en el libro, sobre el que ibais subidos durante vuestras aventuras en Portugal y luego en la Plaza del Pino?
R: Bueno, en cierta manera esta imagen, que ya habí­a salido cuando viví­amos en Lisboa, se impuso luego como uno de los leit motif del libro, al significar una manera de vivir el tiempo “subido en un tranví­a”. En realidad, el tranví­a serí­a el mismo libro que se va escribiendo y va reviviendo lo que se narra, por ello sigue rutas absurdas y caprichosas, por barrios periféricos y paisajes inesperados, lo que a su vez permite tener unas perspectivas de observación diferentes a las habituales y por ello más interesantes.

La Fanfarra: Toni Rumbau, Mariona Masgrau y Eugenio Navarro
La Fanfarra. Toni Rumbau, Mariona Masgrau y Eugenio Navarro

P: Háblanos un poco del contenido, de estas “aventuras con los tí­teres” en la que os embarcásteis, tú y Mariona, desde vuestra inmersión en la Revolución Portuguesa de los Claveles, y a la que se sumó luego Eugenio Navarro.
R: Lo defino como aventura porque creo que así­ fue en efecto. Insisto en el tema de los viajes, consubstancial a esta profesión, porque altera, a modo de cortes o de saltos inesperados en el tiempo y en el espacio, el desarrollo normal de una biografí­a. Los viajes cortan, acortan, suman, restan, acumulan y mutan situaciones, relaciones, creencias, estilos de vida, modos de trabajo, de entenderse uno, de ver el mundo”¦ Es como si todos los efectos de la globalización, harto conocidos y bien divulgados por los especialistas, se sumaran en la vida de una persona, que de pronto se ve asaltada por esta abertura inmensa y por súbitos cambios de geografí­as, culturas, relaciones”¦ Uno dirí­a, planteado así­, que es como para volverse loco, aunque claro, siempre están las defensas de autosostén que actúan en estos casos, incluso a veces bloqueando cualquier posibilidad de cambio en la persona, como a veces he visto, aunque lo normal es que las defensas vayan cayendo una tras otra, o al menos acaben muy debilitadas. Llamo defensas a las inercias de mantenerse en lo propio ante las aberturas al exterior y al Otro. Otra de las defensas habituales es mantenerse bien aferrado a la máscara, la cual acaba convirtiéndose en una caricatura de si misma si uno no rompe con ella a tiempo, o la substituye por otra un poco más versátil, adaptable y cambiante.

P: Has hablado de abrirse al exterior, al Otro. -¿No es ésta precisamente una de las funciones de los titiriteros, con su trabajo que obliga al espectador y a él mismo a desdoblarse en los muñecos? Un concepto este del desdoblamiento al que sueles recurrir con frecuencia.
R: En efecto, siempre he creí­do que el titiritero es un profesional del desdoblamiento, de ahí­ su situación de “vanguardia”, al menos teórica, respecto a este tema que hoy en dí­a reviste cada vez mayor importancia. Ser otro de un modo profesional desdoblándose en sus muñecos. Aunque eso no significa que haya desdoblamiento en la vida real, pero sí­ lo facilita. Al menos se conocen los mecanismos básicos, la sintaxis del asunto. Sólo que aquí­ también se cumple muchas veces lo de que “en casa del herrero, cuchilla de palo”. Pero bueno, volvamos a los viajes y a la aventura de la vida. Como decí­a antes, te obligan a una mutación constante, que a niveles vivenciales significa ser “muchos diferentes” a lo largo de la vida, según el viaje te lleve por tales o cuales derroteros. En mi caso concreto, esta multiplicidad de planos y perspectivas se vio aumentada por mi tendencia a ser varias cosas a la vez: titiritero, escritor, empresario, director de un teatro, de un Festival”¦ Facetas que requieren perspectivas distintas, muy diferentes, incluso opuestas a veces”¦ Aquí­ se cumple la verdad de que “quién mucho abarca, poco aprieta”, aunque puestos a hacer un balance, prefiero no apretar tanto y haber sido todo lo que he sido, pues me ha permitido multiplicarme, lo que considero una de las mayores riquezas que nos puede dar la vida. Las consecuencias son obvias: al apretar poco, se avanza despacio en los diferentes frentes, de vez en cuando hay que abandonar alguno, y tampoco se obtienen réditos importantes, por ejemplo en la cuestión económica, tan relevante hoy en dí­a…

P: Y de todo eso hablas en tu libro…
R: Sí­, aunque no desde la reflexión teórica, como hago ahora, sino desde la vivencia, la memoria y la reflexión sobre los hechos. De modo que la obra funciona como una especie de relato de aventuras en el que el lector va siguiendo los diferentes pasos del mismo, mientras se observa como uno va cambiando y el mundo que hay alrededor también. Este es el otro gran tema del libro: darse cuenta, desde la vivencia personal de un titiritero, de como el mundo ha cambiado en los últimos años. Constituye un tópico, desde luego, que los sociológicos exprimen con ganas, pero lo importante es verlo respecto a uno mismo, de ahí­ la importancia de esta revisitación de los cambios externos e internos. De eso se habla en el libro: la revolución portuguesa, la muerte de Franco y la transición a la Democracia en nuestro paí­s, las distintas guerras “periféricas” que van estallando por doquier, la caí­da de la URSS, el conflicto palestino, la transformación de Oriente Próximo en zona de conflicto permanente, etc. Pero se habla desde los viajes, desde la observación directa y las vivencias del titiritero que va saltando de festival en festival, de paí­s en paí­s.

P: Y de tí­teres, -¿hablas también?
R: Maliciosa pregunta… Desde luego, en este sentido la experiencia de La Fanfarra, mi compañí­a, con la que hemos recorrido todas las técnicas del género, desde la marioneta de hilo, de calle, de cámara, el teatro de sombras, el tí­teres de guante, la ópera… me ha servido para ir mostrando todo un abanico de posibilidades técnicas y estilí­sticas sin tener que esforzarme demasiado en organizar la temática, pues la misma experiencia de los años la ha ido ordenando. Creo que puedo sentirme satisfecho del resultado: se habla de todo pero sin el esquematismo de los manuales, pues es a través de los estrenos, los festivales y las vicisitudes de los nuevos proyectos, que se va desplegando la temática propiamente titiritera, algo que los lectores no profesionales han agradecido mucho, y los titiriteros también, al no existir en el libro ninguna pretensión normativa o académica. De hecho, me he alejado del formato manual o libro de teorí­a, que respeto mucho e incluso no desdeño meterme algún dí­a en él, pero no era la intención de este libro.

P: Ya que hablamos de tí­teres y del paso del tiempo, -¿podrí­as decirnos de qué modo ha cambiado lo que se hací­a treinta años antes respecto a lo que se hace hoy?
R: Buena pregunta, que me hago muy a menudo, ahora que he regresado a una mayor actividad titiritera y que estoy viendo de nuevo muchos espectáculos de gente joven y de otros que no lo son tanto. Creo que hay, en efecto, muchas novedades de todo tipo. A nivel profesional y estilí­stico, hoy en dí­a hay un rigor que antes no existí­a: las escuelas de tí­teres y de teatro han ido sacando sus nuevas generaciones de titiriteros, que surgen con una formación sólida y con un empuje y una seguridad que antes no habí­a. Igualmente en los aspectos más prácticos o empresariales, hay una conciencia clara de cuales son los requisitos y las necesidades, de modo que todo adquiere un tono de mayor profesionalidad. Se entiende esta mejora por vivir en un mundo que ha dado a la economí­a y a la organización empresarial tanta importancia.

P: -¿Y en los aspectos artí­sticos?
R: Pues también aquí­ hay no pocas diferencias. De entrada un dato significativo: la gran afluencia del elemento femenino, que parece estar ganando ”“aunque no tengo datos objetivos que lo confirmen, desde luego, es solo una impresión o tal vez un deseo”¦”“ la partida a lo masculino. Cuando veo los esfuerzos que tuvieron que hacer titiriteras de mi generación, como la misma Mariona Masgrau o Teresa Carafell, para abrirse camino con espectáculos que hablaban de cosas propias y subjetivas, te das cuenta del cambio habido, pues hoy existe una enorme avalancha de jóvenes compañí­as compuestas mayormente por mujeres que están pisando muy fuerte en los escenarios. Lo veo en Barcelona y en algunos festivales a los que he acudido. Creo que estamos entrando en una nueva etapa de abertura hacia nuevos temas y sensibilidades, que se traducen en estilos mucho más refinados y en temáticas de mayor sutileza. Se trata de una conexión con ciertas caracterí­sticas de nuestra época, que ponen al Sujeto y la defensa de los espacios í­ntimos de libertad por encima de las instituciones, la polí­tica, la religión o el mundo panfletario e ideológico de nuestra juventud. Como han dicho algunos sociólogos, las consecuencias de los cambios producidos por el Mayo del 68 se estarí­an en realidad desplegando hoy, tras haber sido ocultados por los movimientos ideológicos, marxistas y revolucionarios de los años 70 y 80. Es decir, una liberación de las subjetividades que afirman por encima de todo el derecho a espacios propios de libertad. Esta defensa y afirmación de lo subjetivo y de lo propio se ve más en los espectáculos femeninos, aunque es imposible generalizar y es evidente que se trata de algo que también afecta a los señores. De alguna manera, grupos como Triangle, de Holanda, ya abrieron estas ví­as en los años 70, vistos entonces como algo nuevo y revolucionario. Hoy, la intimidad de los mundos interiores vuelve a surgir como un filón a explorar, aunque también es cierto que muchas veces los intentos no sobrepasan lo puramente sentimental y la emocionalidad primaria, basada casi siempre en el “amor-desamor”, etc. Creo que lo que ahora se está estableciendo es una nueva base, sustentada en lo subjetivo y sin los apoyos ideológicos de antes, sobre la que habrá que empezar a “crear”, en un sentido pleno y radical de esta palabra, es decir, atreverse a ir hacia lo “nuevo”…

P: En cuestiones más prácticas, concretamente de festivales y programaciones de tí­teres, -¿ves también cambios?
R: No sabrí­a decirlo, pues tampoco me he prodigado tanto por los escenarios y festivales, pero supongo que sí­ que hay diferencias. También aquí­ debe existir una mayor profesionalidad en la organización de los eventos. Algunos festivales se han asentado extraordinariamente, como es el caso de Tolosa, o el de Segovia, que parecen muy consolidados. Otros han desaparecido, como el de Barcelona, un caso lamentable a todas luces. Hay mucha profesionalización en el teatro infantil, y los programadores en este campo parecen algo más relajados que antes, cuando los imperativos pedagógicos primaban por encima de cualquier otra consideración ”“aunque tal vez sea una simple presunción fruto del deseo”¦ En fin, todo parece estar más asentado y organizado. Para los que siempre hemos andado con la improvisación y el autodidactismo por bandera, es un cambio considerable al que debemos adaptarnos. Un reto y un alivio que muestra como los tiempos van cambiando.

P: Para acabar, -¿piensas continuar escribiendo más libros de memorias o este “Malic, la Aventura de los Tí­teres” es el primero y el último?
R: Habrá un segundo libro, por supuesto, aunque faltan algunos años para escribirlo. No podrí­a dejar de hacerlo. Me he sentido muy cómodo en este registro y ya he dicho antes lo bueno que es “revivir lo vivido”, al menos para mi. Y para los demás, es un testimonio útil en cuanto refleja la experiencia de una generación determinada vista desde un punto de vista particular. Desde el 2002 en que cerramos el Teatre Malic, cuando acaba el libro, han pasado muchas cosas aquí­ y en el mundo, y a tí­tulo personal los cambios también han sido considerables. No creo que pueda quedarme callado”¦

Y hasta aquí­ estas reflexiones de Toni Rumbau, que nos dejan cabilando, desdoblándonos y reviviéndonos, sin necesidad de perder la cabeza por el camino. También nos dejan con ganas de disfrutar del próximo episodio de sus aventuras.
Por el momento, recomiendo sin dudarlo el libro “Malic. La aventura de los tí­teres”, para empezar a todos los que forman parte del Universo titeril, pero también a todos aquellos con espí­ritu aventurero, curiosos del mundo y la historia del tí­tere.

El libro está disponible a través de nuestro patrocinador Tropos Librerí­a.

Ficha del libro
Tí­tulo: “Malic. La aventura de los tí­teres”
Autor: Toni Rumbau
Editado por: Arola Editors
Año: 2009
ISBN: 978-84-92408-89-4
“Malic. La aventura de los tí­teres” en Tropos Librerí­a.