Autómatas


La Moños, autómata del Tibidabo
La Moños, autómata del Tibidabo

Aunque bien mirado, sí­ que hay alguien detrás de los autómatas y sus maquinarias: su “hacedor”, el especialista que sabe de pesos y contrapesos, de engranajes, motores y correas de transmisión”¦ Se trata de un titiritero algo especial: actúa con antelación y programa la manipulación. Ésta se produce con automatismo cinético, a solas consigo misma. El alma del muñeco está en su maquinaria, escondida bajo las telas, las máscaras y los decorados, como todas las almas.

La otra caracterí­stica de los Autómatas es la calidad de sus movimientos: sus gestos, nunca iguales del todo, siguen una pauta continua marcada por los perí­odos de sus mecánicas ocultas. Esta secuenciación rí­gida pero con una importante aleatoriedad sutil, produce una tremenda inquietud en el espectador. Sí­, se repite, siempre hace lo mismo, pero te mira de un modo raro, de vez en cuando se le va la mano, o el pie, o se retrasa el vaivén”¦ Luego tiene vida, aunque encorsetada en una apariencia de rigidez casi mortuoria”¦ De vez en cuando se para, o se estropea el mecanismo y queda a medio terminar el movimiento. Pero durante años sigue su quehacer programado. Tu puedes crecer, sacar barba y envejecer, para regresar luego a los Autómatas y verlos siempre igual, aunque siempre inquietantes y diferentes en su torpeza mecánica”¦

Su fascinación proviene de lejos en el tiempo. Se dice que en los viejos templos egipcios, las figuras de los dioses tení­an articulaciones, se moví­an y hablaban. En el año 1500 a. C., Amenhotep, hermano de Hapu, construye una estatua de Memon, el rey de Etiopí­a, que emite sonidos cuando la iluminan los rayos del sol al amanecer. King-su Tse, en China, en el 500 a. C. inventa una urraca voladora de madera y bambú y un caballo de madera que saltaba. Entre el 400 y 397 a. C., Archytar de Tarento construye un pichón de madera suspendido de un pivote, el cual rotaba con un surtidor de agua o vapor, simulando el vuelo. Archytar es el inventor del tornillo y la polea. En el año 206 a. C., fue encontrado el tesoro de Chin Shih Hueng Ti consistente en una orquesta mecánica de muñecos, encontrada por el primer emperador Han.

Pájaros de Herón
Pájaros de Herón

Y así­ hasta llegar a los griegos, quienes dan un gran impulso a la mecánica. En el año 62, Herón de Alejandrí­a describe múltiples aparatos en su libro “Autómata”. Entre ellos, aves que vuelan, gorjean y beben. Todos fueron diseñados como juguetes, sin mayor interés por encontrarles aplicación. Sin embargo, describe algunos como un molino de viento para accionar un órgano o un precursor de la turbina de vapor.

Caja mágica de Herón
Caja mágica de Herón

La cultura árabe heredó y difundió los conocimientos griegos, utilizándolos no sólo para realizar mecanismos destinados a la diversión, sino que les dieron una aplicación práctica, introduciéndolos en la vida cotidiana de la realeza. Ejemplos de éstos son diversos sistemas dispensadores automáticos de agua para beber o lavarse.

A partir de aquí­, los conocimientos de mecánica se disparan en Europa y los inventos se suceden sin pausa. Es conocido el León Mecánico construido por Leonardo Da Vinci (1452-1519) para el rey Luis XII de Francia, que se abrí­a el pecho con su garra y mostraba el escudo de armas del rey. En España es conocido el hombre de palo construido por Juanelo Turriano en el siglo XVI para el emperador Carlos V. Este autómata con forma de monje, andaba y moví­a la cabeza, ojos, boca y brazos. A Turriano se le debe una obra titulada ” Los veinte y un libros de los ingenios y máquinas de Juanelo”, verdadera enciclopedia de la mecánica del siglo XVI, que no se publicó en su tiempo, quizá porque fuese considerada secreto militar. Sólo y recientemente ha salido a la luz.

El relojero suizo Pierre Jaquet Droz (1721-1790) y sus hijos Henri-Louis y Jaquet construyeron diversos muñecos capaces de escribir (1770), dibujar (1772) y tocar diversas melodí­as en un órgano (1773). Estos se conservan en el museo de Arte e Historia de Neuchí¢tel, Suiza. –
(Fuente: Web del Área de Ingenierí­a de Sistemas y Automática. Escuela Universitaria de Ingenierí­a Técnica Industrial de Zaragoza.)

Pero dejemos la historia y volvamos a los tí­teres. Creo que uno de los sueños más recurrentes de los titiriteros es realizar un retablo que funcione solo: no sólo para no cansarse y jubilarse así­ sin tener que jubilarse, sino para poder asistir a su vez como espectador de su propia representación. Este sueño se consigue con los Autómatas. Gonzalo Cañas, titiritero español de reconocida fama, lo ha logrado al comprar, restaurar y poner en circulación de nuevo un viejo pabellón de autómatas que durante años giró por la geografí­a española.

Teatro de Autómatas de Gonzalo Cañas, en la Concha de San Sebastián
Teatro de Autómatas de Gonzalo Cañas, en la Concha de San Sebastián

Según cuenta el mismo Cañas en su página web (teatrodeautomatas.com), “Los teatros mecánicos españoles, magní­fica muestra de arte popular mediterráneo, han recorrido las ferias de todo el paí­s desde 1920:

* PABELLÓN ARTÍSTICO, de la familia Valle, de Alicante
* ESPECTÁCULOS ROCA, 1920. Magia, música y exhibición de autómatas
* HOLYWOOD, de Antonio Plá, de Canals (Valencia). Es el único superviviente de esta saga de espectáculos que, en manos de la familia Simó, de Águilas (Murcia), continuó exhibiéndose por todos los pueblos de España hasta 1992.”

La Solterona, Teatro de Autómatas de Gonzalo Cañas
La Solterona, Teatro de Autómatas de Gonzalo Cañas

Precisamente, este último es el que llegó a manos de Gonzalo Cañas y sigue en este momento activo y paseándose por las geografí­as del mundo, muy valorado por los especialistas en la materia.

La otra colección famosa de Autómatas es la que se halla en el Parque de Atracciones del Tibidabo, comentada ya en un artí­culo anterior sobre las Marionetas de Herta Frankel y su actual compañí­a Marionetarium. Durante años fue un referente en la materia, al ser uno de las pocas colecciones expuestas permanentemente. Con piezas de épocas muy variadas ”“la historia de Barcelona y del mismo Tibidabo está inscrita en sus caras y en sus diferentes estéticas”“ ha sido muy comentada y admirada por generaciones de barceloneses y no barceloneses, pues bien conocido es el placer que sentí­an al visitarla personajes como Garcí­a Lorca o Luí­s Buñuel. Según me contaba su sobrino Alfonso, cada vez que veí­a la plazuela madrileña con el cuadro de los chulapos bailando el chotis, a Buñuel se le escapaban las lágrimas de los ojos.

El poeta se duerme, autómata del Tibidabo
El poeta se duerme, autómata del Tibidabo

Famosa es la Moños, personaje popular en los bajos fondos de Barcelona, así­ como El Poeta se duerme, la Orquesta de Negros, la Echadora de Cartas, etc. A destacar las dos increí­bles escenas de ejecución, la una con horca y la otra a la guillotina, expuestas de un modo fidelí­simo, lo que dice mucho de los ingenieros artistas del Tibidabo, que en su época no dudaron en enseñar a los infantes y adultos visitantes las distintas modalidades de dar muerte en el patí­bulo. -¡Qué lección y qué alivio, frente a los mojigatos pedagogos de hoy en dí­a, atrapados en sus miedos y miserias!

Vean a modo de recreación personal de este entrañable museo el video realizado por mi amigo Alfonso De Lucas Buñuel, quien ha sabido captar con su cámara el espí­ritu de tan singulares como inquietantes escenarios automatizados. Una pelí­cula que tiene más de ficción que de reportaje, como verá el espectador, pues en ella se deparan no pocas sorpresas finales con las risitas impertinentes de los autómatas siempre fieles a su sarcasmo con respecto a los humanos.