San Miguel de Allende. Encuentro con Mónica Hoth


Alebrije - nagual
Alebrije – nagual

Puedo decir en verdad que nadie me engañó con aquellas recomendaciones: San Miguel resultó ser un reducto de una tranquilidad mayúscula y de una belleza deslumbrante. Toda la ciudad vieja es un acopio de arquitectura colonial noble y bien conservada, con edificios singulares e iglesias de enorme categoría todas ellas dignas de ser visitadas. La gente es amable, de una simpatía relajada y sincera. Y las tradiciones más emblemáticas del lugar siguen en sus puestos, tal vez algo amortiguadas por la presencia abundante de población foránea, pero vívidas y coleantes. Así lo pude comprobar visitando el precioso mercadillo dedicado a los productos manufacturados del lugar, o las varias tiendas de objetos artesanales, como la conocida Casa Artesanal Sanmiguelense, dónde la señora Hayde Salas, con su ayudante Diana Ramírez Cruz, me atendió e ilustró sobre determinados folclores locales.

Los “alebrijes”.

Muy interesante su colección de “alebrijes”, estos seres fantásticos de vivos colores que se venden bajo mil formatos diferentes y que representan animales inventados por la fantasía. Dados a conocer por el artista artesano Pedro Linares López en 1936 en México D.F., quién los vio en un sueño durante una grave enfermedad, se dice también que son la representación de las visiones provocadas por el Peyote y otros hongos alucinógenos. Hoy son muchos los artesanos en Méjico que esculpen y fabrican “alebrijes” con todo tipo de materiales. Seguramente más de algún titiritero mexicano los debe haber utilizado en sus obras como personajes ambiguos y fantásticos. En efecto, su inquietante mezcla de formas humanas y animales los acerca extrañamente a los títeres: personajes de un imaginario compartido a los que la imaginación, en los estados de trance, da vida y a los que unos y otros se sienten representados, cuando no directamente encarnados en ellos.

Mónica Hoth

Mónica Hoth
Mónica Hoth

Dejemos los “alebrijes” para otra ocasión y centrémonos ahora en la titiritera Mónica Hoth y su Taller de Títeres que lleva desde hace años en la Escuela de Bellas Artes, un antiguo convento de monjas convertido en edificio público cultural, de una belleza y una personalidad arquitectónica descomunales. Mónica dirige también desde hace seis años un Festival de Títeres que se realiza mayormente en la plaza central de la ciudad, llamada El Jardín, en cuyo centro se alza con coqueta y armoniosa majestuosidad una hermosa glorieta.

Amiga de una amiga de Barcelona, y ella misma viajera incansable que la ha llevado a visitar EEUU, Europa, España y a residir un tiempo en la mismísima Barcelona ”“visitó el taller de Pepe Otal y por lo visto parte de su vocación titiritera proviene de ciertos contactos e influencias procedentes de esta ciudad”“, nos habíamos intercambiado algún correo pero sin coincidir nunca. San Miguel fue pues el oportuno escenario para este primer encuentro.

Creo que, como buena titiritera, Mónica Hoth es básicamente una aventurera de la vida que los azares y la vocación de libertad y de creación artística la ha llevado a los títeres. Así me lo decía cuando charlábamos en el claustro del viejo convento, dónde en vez de monjas ahora pasean por el mismo, para gloria de las diosas del Arte, pintores, escultores, escritores, bailarines, músicos y futuros jóvenes titiriteros.

– Llevo unos años instalada en San Miguel de Allende, y ya puedes imaginarte que no es fácil vivir de los títeres en Méjico, sobretodo trabajando en solitario como yo me he planteado por el momento. Aunque también debo confesar que he tenido suerte: la obra “Martina y los hombres pájaro”, que escribí para títeres, tuvo y sigue teniendo mucho éxito, habiéndose representado ya en unas treinta versiones distintas con actores.

Hay que decir que esta obra recibió en 2003 el Premio Nacional de Dramaturgia Infantil de México, lo que no es poca cosa. En ella, Martina, la niña protagonista, se empeña en que su papá, un “hombre pájaro”, regrese. Para ello arriesga su vida en un difícil viaje interior provocado por el veneno de una víbora. Una verdadera prueba iniciática que no sólo consigue salvarla sino también hace regresar a su deseado papá. Escrita en un registro altamente poético, la obra cautiva por su estilo, provisto de un potente y profundo simbolismo que no deja de ser ingenuo, sencillo y muy eficaz, y que plantea el problema de los hombres que se van y no vuelven, una situación bien conocida por las familias que sufren en su propia carne la necesidad de emigrar a otros países. Se entiende que haya triunfado en un país como México, dónde esta problemática es vivida en el día a día de la relación con el norte estadounidense. Una obra que sin duda sería también muy bien acogida en España.

– Con ella he ganado dinero y ha representado un apoyo con el que se me han abierto puertas interesantes e insospechadas. Por ejemplo, ahora estoy escribiendo y dirigiendo en Ciudad de México una obra para el centenario de la Revolución llamada “Cállate, Josefa”, la historia de una heroína que da su vida por la patria. Evidentemente, trato el tema con desparpajo y desde una perspectiva desmitificadora como buena titiritera que soy, aunque el montaje es para actores, un verdadero reto para mi.

Le pregunto sobre el Festival que dirige en San Miguel.

– Ya que vivo en una ciudad tan bella, lo lógico es que lo aproveche. San Miguel es una ciudad muy visitada, y su condición de centro turístico ayuda a la hora de buscar financiación para el Festival. Pero la verdadera razón es traer teatro de títeres, el que a mi me gusta, para los niños y para la gente de aquí. Lo hago también para mi propio hijo, todo sea dicho, quiero que vea títeres, y que éstos sean de calidad y vengan de todos los países del mundo. Con esta excusa, se abren puertas fantásticas que despiertan la imaginación y se rompen barreras en la mente de las personas.

Hablando con Mónica Hoth ante una copa de vino en un café junto a la Escuela de Bellas Artes, me doy cuenta de las coincidencias que hay entre los que nos dedicamos a este oficio tan antiguo y a la vez tan intrigante, difícil y peculiar como es el de los títeres. Una arte de las consideradas pequeñas pero que sin embargo se abre a otros espacios con enorme facilidad: en su caso, como en el mío, hacia la escritura, que ella practica y con éxito, como antes se ha indicado.

– Quiero ahora preparar un nuevo espectáculo solista de retablo, que me permita viajar con independencia y actuar en cualquier parte. Esta ductilidad es básica en un país como éste, dónde no siempre se dan las condiciones idóneas.

Claustro de la Escuela de Bellas Artes
Claustro de la Escuela de Bellas Artes

Tal vez no se den en otros lugares, pero en San Miguel de Allende, los escnarios son casi de fábula: El Jardín, con su elegante glorieta; el Parque Juárez, junto a los antiguos lavaderos; la misma Escuela de Bellas Artes, que posee un auditorio con capacidad para 200 personas; o el bello Teatro Ángela Peralta, de estilo neoclásico e inaugurado en 1873 con una representación de la más famosa soprano de México en ese tiempo: Ángela Peralta, con “El Ruiseñor Mexicano”. Hoy en día, más de 130 años después, es un elegante punto de reunión artístico para eventos variados como el Festival Internacional de Guitarra, el Festival de Jazz, el Festival de Música de Cámara o el mismísimo Festival de Títeres.

– Ahora lo van a rehabilitar y estará cerrado un tiempo. Pero tienes razón en eso, los escenario en San Miguel son una maravilla.

Pero no todo son albricias. La famosa “crisis” con la que los gobiernos del mundo se escudan para refinanciar a los banqueros y dejar sin un duro a la cultura y a los gastos sociales, acaba de jugarle una mala pasada a Mónica Hoth: los poderes locales han anulado la pequeña aportación que recibía para organizar sus talleres en la Escuela de Bellas Artes, de modo que éstos tendrán que suspenderse este curso. Una lástima, pues esta actividad nutría no sólo la parte pedagógica de Mónica, sino a muchos niños que se quedarán sin su aprendizaje de dar vida y forma a la imaginación.

– Es una muy mala noticia. Mantengo el taller, que ya es mucho, pero se elimina una actividad por la que había apostado arduamente y dedicado muchas horas.

Esperemos que las nubes de crisis pasen rápido por los cielos titiritiles de México y del mundo, y que Mónica Hoth pueda continuar pronto con una de sus labores más interesantes y provechosas para la comunidad.

Para terminar, vean el pequeño reportaje filmado en el que se muestran algunas imágenes del taller y de la Escuela de Bellas Artes de San Miguel de Allende, lugar que les recomiendo encarecidamente. Y si por acaso deciden visitarlo en abril y son ustedes amantes del teatro y de las marionetas, no se pierdan las funciones de su Festival Internacional de Títeres que organiza cada año en esa época Mónica Hoth.

2 Respuestas a “San Miguel de Allende. Encuentro con Mónica Hoth”

  1. Ojala que las de la crisis, se hallan disipado y Monica siga adelante en su tarea titiritesca. Esto demuestra que “nuestro mal llamado arte menor”, no lo es,hay muchos tabajos en educación, donde los titeres son parte de la pedagogia.

  2. Estmada Mónica,soy docente,jubilada y vivo en Argentina hago tí­teres y visito los jardines y escuelas de la región sin fines de lucro y me encantarí­a tener la obra Martina y los hombres pájaro,podrí­as hacerme llegar la obra?Gracias.Teresa