Festín de títeres en Guadalajara, México


Esqueleto marioneta del Festín de los Muñecos
Esqueleto marioneta del Festín de los Muñecos

El artífice del banquete no es otro que Miguel Ángel Gutiérrez, chef del Festival y de la compañía de Guadalajara Luna Morena, quién se ha rodeado para su cometido de unos “maí®tres”, cocineros, pinches y camareros de gran categoría, mayormente del género femenino, entre las que cabe nombrar a Liliana Rojas en la capitanía general organizativa, Ivonne Delgadillo en abastecimientos y producción, Sara Don en atención al cliente, Ana Lilia en administración de géneros y recursos, y Anael Rojas en asistencia tallerista. Hubo también comilona en la ciudad de Leon, a modo de extensión culinaria del Festín, bajo la responsabilidad de Lí¼la Vázquez y la China.

Tuve la suerte de participar en el Festín con mi obra “A Dos Manos”, que por primera vez pisaba América (me sorprendió la vitalidad permanente de esta obra veterana de mi repertorio, que conectó de inmediato con el público mejicano, un verdadero placer), y pude así gozar de las suculencias de varios espectáculos, todos ellos platos de mucha enjundia. Me permitiré en este artículo comentar algunos de ellos así como hablar de ciertos detalles de mi estancia en México.

“El extraño caso de los espectadores que asesinaron a los títeres”, de Luna Morena.

Y para empezar, la obra que figuraba como primera del menú ofrecida por el Festín: “El extraño caso de los espectadores que asesinaron a los títeres”, una “farsa fársica para títeres farsantes” escrita para la compañía Luna Morena por el dramaturgo cubano instalado en México Salvador Lenis. Con luces y dirección de Luis Manuel Aguilar “mosco” (director invitado para esta ocasión por la compañía), la obra se instala en el lenguaje de la Comedia del Arte para, desde el trabajo actoral, desarrollar el ingenioso argumento del autor, consistente en enfrentar a títeres y espectadores, representados ambos bandos por los actores de la compañía: del lado de los títeres, Karina Hurtado y Mario Montaño en los papeles de Florinetta y Buratino (réplicas de Colombina y Arlequino), y en el de los espectadores, Rafael Rosas y Andrés David en los roles del Espectatore y del Galeno asesino.

Muy buena fue la interpretación de los actores que representaban a los títeres, pues no es fácil encarnar a dos marionetas de hilo. Para ello, se recurrió a una caracterización que, con las máscaras y el vestuario, situaron muy bien a los personajes. En realidad, el registro de los cuatro es el mismo (la máscara de la Comedia del Arte), de modo que todos ellos son de alguna manera “títeres”, aunque unos digan que lo son y los otros que no. En realidad, los únicos títeres verdaderos que salen en la función son las figuras que representan a los espectadores y que el actor más grandullón, en su papel de Espectatore, va sacando de su gabán en una especie de multiplicación coral del personaje. Este juego de simulación y de constante desdoblamiento está muy bien logrado y es sin duda uno de los aciertos de la obra, que el montaje realza.

El peligro que tiene este tipo de propuestas, consistente en una saturación por sobreactuación de los personajes, es aquí erradicado gracias al buen hacer del director y de los actores, todos ellos muy medidos, que han conseguido dosificar con mucho acierto las partes habladas con la música y los elementos sonores y visuales que salpican constantemente la escena. El ritmo es trepitante, y la escenografía, consistente en un típico carromato de titiriteros ambulantes, permite centrar la acción con sobria eficacia.

Me encantó en especial la incorrección tanto temática como de lenguaje, sin miedo a hablar de la vida y de la muerte, tratando al público infantil como lo que realmente es: tan capaz, adulto e inteligente como el que más. Un teatro infantil, pues, adulto o tal vez maduro, que habla de tú a tú al niño, sin pretender dulcificarlo ni embobarlo.

En resumidas cuentas, un trabajo teatral de muy buena factura que ejemplificó con creces la declaración programática de la compañía Luna Morena, de abrirse a los géneros afines a la marioneta, buscando la madurez de un cruce de lenguajes desde la obligada interdisciplinaridad que el presente exige.

Los Hermanos Álvarez

El segundo plato de la semana fue el primero de los trabajos presentado por la compañía argentina de los Hermanos Álvarez (Claudio y Omar), a quiénes ya conocí en un anterior festival en Canadá, dónde tuve el placer de disfrutar de una obra, Imaginariús, de gran impacto visual y extraordinaria factura dedicada al mundo visual del pintor René Magritte. Una obra que creo viajará pronto por España, para gozo de los públicos peninsulares. Los espectáculos presentados en Guadalajara fueron otros dos, ambos para solista, de modo que tuve la suerte de presenciar la actuación de estos grandes actores titiriteros en solitario cada uno.

“El viento entre las hojas” y “El soldadito de plomo” fueron los títulos de las dos obras. Ambas con una puesta en escena de parecida factura en cuanto a la forma, basada ésta en la linealidad narrativa de una voz en off ”“pertenecientes las dos a actores argentinos de gran talla, como son Norma Aleandro en la primera y Alfredo Alcón en la segunda”“ que narra, a la manera de los cuentos, la historia correspondiente.

El público disfrutó así de unos cuentos escenificados con títeres de mesa que eran manipulados a la vista por los dos hermanos Álvarez con un gran mimo, maestría y una discreta pero importante actuación de los mismos manipuladores. Mostraron ambos unas cualidades extraordinarias de precisión, dominio del espacio escénico y ritmo narrativo con los que consiguieron meterse al público en el bolsillo, atrapado éste por la magia narrativa de la voz a la que los títeres ponían el espacio, el movimiento, el gesto y una densidad poética de altos vuelos, gracias a un cuidadoso tratamiento lumínico así como al uso en algunos momentos del teatro de sombras.

Se nota aquí la mano veterana del director de escena que firma ambas producciones, Rafael Curci, quién ha prodigado todo su oficio y experiencia en aprovechar las dotes actorales de los titiriteros solistas así como en tejer un discurso narrativo visual que funciona con una precisión cronométrica, sin tacha alguna, mediante un uso muy afortunado de la música, excelente, firmada en ambos casos por Gustavo “Popi” Spatocco.

Un gustazo ver estas dos producciones de una profesionalidad raras veces vista en los espectáculos de títeres. Con un elenco de producción semejante, no es de extrañar que la compañía de los dos Hermanos Álvarez no cese de viajar por el mundo, invitada por los mejores festivales de títeres y de teatro, alzando el arte titiritil argentino hacia cotas de gran altura.

”˜T Magisch Theatertje

Así se llama la afamada compañía holandesa dirigida por la artista titiritera Charlotte Puyk-joolen, tercera en el menú del banquete, cuyas creaciones visuales no cesan de recorrer el mundo entero. Compañía formada junto con el mítico Henk Boerwinkel, titiritero histórico ya retirado del Theater Triangel, Charlotte continua su labor en solitario con el virtuosismo propio de una creadora de imágenes sin parangón. Dos son las obras que presentó: Panta Rhei II y “Un pequeño cuento de hadas”. Mis compromisos con el Festival me impidieron verlas, pero el público quedó fascinado por la increíble creatividad visual y poética de esta artista holandesa que ya conocía ”“estuvo en el Teatro Malic en el año 1992.

Su teatro, de un virtuosismo difícil de igualar, es de los que se sumerge en los interiores de la mente, en busca de mundos, figuras y personajes salidos de los recovecos más íntimos del alma humana. Entre la poesía y el misticismo, Charlotte Puyk-joolen bucea en las profundidades inconscientes que son también los del teatro de marionetas más arcaico y primitivo, de dónde salen figuras de texturas inquietantes, de ojos imposibles, de arrugas milenarias, de gestos imprevistos y sutiles, dónde la vida y la muerte se suceden en procesos rítmicos de decadencia y resurrección, y dónde la angustia es sinónimo de vitalidad y de aliento poético. Ver sus espectáculo es una experiencia que sin duda conmocionó a parte del público de Guadalajara, como a mi me sucedió la primera vez que vi a Triangel en un Festival de Londres en 1979”¦ Un lujo que los espectadores agradecieron con grandes aplausos.

Le Théí¢tre de Deux Mains

Escena de "Ti-Jean y el Pobre Diablo"
Escena de \”Ti-Jean y el Pobre Diablo\”

Louis-Philippe Paulhus es el titiritero solista que con sus dos únicas manos más los títeres y un retablo de corte clásico, presentó la obra “Ti-Jean et le pauvre Diable”, traducido al español como “Juanito y el pobre diablo”. Conocí a Ti-Jean, personaje popular de la tradición titiritera canadiense, en el Festival realizado en Joncquií¨res, Quebecq, y debo decir que me encantó, no sólo por descubrir a un nuevo pariente de los Polichinelas de toda la vida, hasta entonces desconocido para mi, sino por la maestría de la manipulación que mostraba Louis-Philippe Paulhus en su cometido.

Nos encontramos ante un verdadero virtuoso del one-man-show, capaz de dar voz a todos los personajes de la obra, de acompañarla con sonidos y músicas ejecutadas en directo, y todo mediante un ritmo vertiginoso y a veces enloquecido, fiel pues a la tradición más señera del titiritismo popular de calle, sin saturar al público sino, muy al contrario, poniéndoselo en el bolsillo desde un buen principio.

En Guadalajara actuó en español, con lo que se granjeó de inmediatro la simpatía del público, en un ejercicio encomiable de súbito aprendizaje de la lengua. Cuento clásico de princesa raptada por el diablo, Ti-Jean, el héroe convertido en Juanito, debe superar varias pruebas para conseguir liberar a la princesa. El argumento no obvia sus complejidades, que el titiritero, con su dominio del oficio, consigue hacer llegar con fluidez a los espectadores.

“La Gran Obra”

También de Canadá procedía este curioso espectáculo que presencié en el susodicho Festival Quebequense, una creación de Dany Lefraní§ois (dirección) y Martin Gagnon (intérprete-titiritero) de la compañía La Tortue Noire.

El quehacer alquímico es la base temática de esta obra, centrada en la figura misteriosa del actor Martin Gagnon, que ocupa el pequeño espacio escénico dónde las “transformaciones” tienen lugar. Teatro de objetos y de actor, ambos titiriteros consiguen crear una atmósfera de suspensión poética, de recogimiento y de misteriosa transmutación alquímica, mediante un uso muy estudiado de las luces, de los movimientos con los objetos, y del sonido.

El tema alquímico es tomado en su acepción más espiritual y metafórica. El objetivo: la inmortalidad del alma humana. El cráneo del hombre (de Martin Gagnon), símbolo de la Tierra, es el espacio de las visiones luminosas orientadas hacia la creación del mundo y la evolución del género humano. Un espectáculo que busca el registro del ritual para consecuciones conceptuales de altos vuelos metafóricos.

“Las Aventuras del Barón Munchhausen”.

Los titiriteros catalanes de La Baldufa, última compañía del Festín, cerraron el Festival por la puerta grande con su espectáculo multidisciplinar y de gran escenario “Las Aventuras del Barón Munchhausen”, única obra presentada en el Teatro Diana de Guadalajara.

Por desgracia no pude ver este magnífico espectáculo, que desconozco a pesar de que la compañía reside también en Cataluña como yo. Cuatro actores titiriteros ”“Carles Benseny, Enric Blasi, Emiliano Pardo y Carles Pijuan”“ fueron los artífices del montaje, que cosechó uno de los éxitos más sonoros del Festival, según me contaron días después los amigos del Festín. Mi desplazamiento a la ciudad de Leon, dónde realicé tres funciones de mi obra, me impidió estar en la clausura. Un vacío, el de mi ignorancia respecto a La Baldufa, que espero poder cubrir lo antes posible.

Carlos Converso

Estuvo también en el Festival el prestigioso titiritero argentino afincado en México Carlos Converso, a quién tuve el gusto de conocer tras muchos años de habernos cruzado notas y cartas por los ciberespacios del mundo. No pude ver sus espectáculos pero sí charlar largamente con él, de modo que dejo para más adelante el relato de este encuentro, que merece un texto aparte.

Talleres

Hubo también dos talleres, uno sobre el “Uso y la poética del objeto en la escena” a cargo del canadiense Dany Lefrancoys (director de “La Gran Obra”, presentada en el Festival) y el otro hecho por mi mismo sobre “El lenguaje del teatro popular de títeres”. Ambos se hicieron en las dependencias del Teatro Diana y ambos contaron con una nutrida participación. En este sentido, los cinco días intensos de trabajo en que duró el taller fueron para mi una experiencia grata e inolvidable, tanto por la calidad humana de los talleristas como por los resultados obtenidos en las pequeñas pero preciosas improvisaciones realizadas en el último día. Creo que el otro taller también discurrió por parecidos derroteros de entusiasmo y sin duda pueden considerarse un éxito del Festival estas propuestas de aprendizaje compartido, que sirven tanto a los talleristas receptores como a los impartidores.

A modo de conclusión.

El resultado de este hermoso Festival coincide con la declaración programática de sus promotores, los titiriteros de Luna Morena con Miguel Ángel Gutiérrez en el timón: convertir su labor en un taller experimental de títeres, cuyos ejes principales son la investigación, la creación y la difusión del arte de los títeres. Un intento de borrar las barreras entre los lenguajes, con el fin de encontrar un discurso propio y universal. Cómo dicen en el programa: “Teatro de figuras (títeres, objetos, sombras, máscaras), música, corporalidad, imágenes y objetos se complementan creando mundos oníricos y una poética que busca cautivar almas contemplativas y sensibles”.

Creo que con el programa del Festín se consiguió dar una visión de conjunto que abarcaba suficientemente esta ambición. Un reto que, gracias a la exquisita organización del evento más los llenos diarios en los teatros, sin duda puede considerarse realizado.

Para acabar, sólo decir que la “cosecha” recogida durante el Festival y mi estancia en México fue abundante y de larga digestión, no sólo desde la perspectiva titiritil inmediata, sino respecto a otros campos afines. Una cosecha que en entregas posteriores espero poder ir desgranando. Adjunto al texto un pequeño reportaje en video realizado durante el Festín y que he dividido en dos partes.

Para más información sobre el Festín, ver: www.elfestin.org