El doble Cabaret de voces y sombras de Mariona Sagarra en La Puntual


Lent, lent, corrent...! de Mariona Sagarra
Lent, lent, corrent…! de Mariona Sagarra

He aquí­ una sorpresa de verano para los que aún se mantienen en sus puestos de combate en Barcelona: la oportunidad de ver una perla en el escenario más pequeño de la ciudad.

Cabaret, en el sentido más í­ntimo y literario de la palabra, pero “doble”, porque la propuesta consiste en un diálogo de Mariona Sagarra consigo misma a través del teatro de sombras, que la desdobla en dos, al aparecer una veces recortada en sombra por la luz, otras reproducida por una silueta que cruza la pantalla mientras ella canta frente al público, pero siempre pendiente de este otro mundo doble que transcurre detrás de ella, del que tanto puede surgir un guitarrista (Raul Costafreda), como la voz de un-  titiritero que apremia porque tiene “petanca”.

Conozco a Mariona Sagarra (cantó varias veces en el clausurado Teatre Malic) y sabí­a que le iba bien el registro í­ntimo y directo. Pero en este espectáculo creo que ha dado en la diana al dosificar su presencia y sus temas con el poético contrapunto de las sombras. Y para ello, se ha rodeado de un equipo único y sin duda el mejor que podí­a encontrar por estas latitudes: el titiritero Eugenio Navarro, bregado en estas batallas de sombras y tí­teres, y artista residente de la Puntual como es bien sabido; el iluminador Quico Gutiérrez, uno de los artistas de la luz más refinado de estos pagos y quizás el único con experiencia en el teatro de sombras, tras haber participado en varios montajes de La Fanfarra en el pasado; la guitarra y la presencia del ya mencionado Raul Costafreda, que se complementa con un toque de trompeta chata; el técnico y sonidista Matias Torres, de probada experiencia en semejantes lides; y lo que constituye sin duda uno de los grandes aciertos del programa, la participación como directora de la afamada bailarina y coreógrafa Sol Picó.

El montaje tiene todo lo que debe tener un espectáculo visual sostenido por la voz y por la presencia de la cantante, acompañada más tarde por el guitarrista: ritmo, modulación, tempo amortiguado, con sus retardandos y sus accelerandos, gags sin abuso, convenientemente dosificados, suspensiones temporales y ruidismos oportunos, efectos sin vacuos efectismos, baños de luz imperceptibles sobre la pantalla mientras voz e imágenes van mutando, y lo mejor, sin pretensiones ni aspavientos técnicos ni salidas de tono. Ya lo dice el tí­tulo: “Lent, lent, corrent”¦!” O sea, un trabajo sobre el tiempo y el ritmo, de partitura escénica. No cabe duda que la aportación de la directora ha sido decisiva para conseguir que esa partitura del espectáculo fluyera del modo que fluye. -¿Una bailarina dirigiendo tí­teres, sombras y una cantante? Pues sí­, -¿no son acaso coreografí­as lo que hacen los titiriteros? Y los cantantes, -¿no son acaso instrumentos que se mueven por el espacio?

La cantante encuentra en el contrapunto de la imagen el doble que le da profundidad, y el misterio capaz de multiplicar los efectos de la voz y de las palabras. Se acompaña así­ de un lado oscuro y luminoso a la vez, lo que le da libertad para interpretarse a si misma sin temer traicionarse, pues las sombras detrás ya la traicionan a cada paso, en un sentido positivo del término: es decir, la desvelan y la liberan. Cabaret, pues, de exquisito refinamiento, al mostrarse la dualidad oscura y luminosa de la persona, lo serio y la burla, lo trascendente y lo grotesco, la voz y los espacios ocultos dónde campa su eco en libertad jocosa. Eco que se encarna en formas cambiantes, en personajes de cómic, en bailarines de madera movidos con hilos, en ojos que buscan en la oscuridad. Se trata de unos elementos y de unos espacios con los que Mariona Sagarra gusta jugar y entre los que sabe moverse, pues ya hace tiempo que experimenta en desdoblarse sonoramente desde la electrónica, mediante un aparato que multiplica y suma la voz en directo en una curiosa y sugerente polifoní­a. Pero aquí­, este despliegue pluridimensional del sonido se amplifica todaví­a más y se enriquece con el desdoblamiento visual de las sombras, provocando este efecto de “Cabaret Doble” con el que puede definirse la experiencia.

Respecto a los detalles, sólo añadir que la aparente simplicidad del montaje indica un arduo trabajo de ensayo y de preparación técnica y rí­tmica. Simplicidad y desenfado que no ocultan ni la sofisticación técnica, ni el alarde manipulatorio, ni los estudiados cambios tenues de luz y de imagen. La fluidez rí­tmica está lograda, con oportunos rompimientos de la cuarta pared ”“como cuando la artista se mete en el baño, desconcertando bastante al respetable”“, algo indispensable para mantenerse en el registro cabaretero y realzar las dimensiones del espacio.

Las canciones son temas que proceden de autores varios, como los poetas y escritores Montserrat Abelló, Mercí¨ Rodoreda, Pere Quart, Vicent A. Estellés, Jaime Gil de Biedma, Joan Vinyoli, Jacint Verdaguer o Josep Maria de Sagarra, más la misma Mariona Sagarra, que firma algunos.

En fin, un lujo de cabaret veraniego y refinado, para paladares exquisitos y almas dobles y sensibles además de juguetonas. En el teatro más pequeño de Barcelona. Hasta el domingo 2 de agosto.

La Puntual.