Tí­teres y Crisis


Luces y sombras
Luces y sombras

Fotografí­a de *L*u*z*a*

Lo primero que a uno le viene a la cabeza es lo siguiente: “-¿Me siento afectado en el trabajo, en el sentido de si tengo menos contratos y funciones que antes?” Pregunta obligatoria o mejor, irremediable, cuya respuesta es ambigua, por cuanto es verdad que los ayuntamientos y las partes contratantes tienen menos dinero, pero por otro lado, sabido es que en tiempos de crisis, los teatros se llenan.

Sin embargo, creo que la actual Crisis, con su mayúscula bien impostada, es en realidad una suma de crisis múltiples que se superponen, siendo la financiera su lado más vistoso ”“por el hecho de que afecta directamente los bolsillos de los mandamases del planeta y, de rebote, los de todo el mundo. El hecho de ser una suma de crisis, nos obliga a tomarla muy en serio, pues no sólo afecta a los bolsillo o a los contratos o a los puestos de trabajo, sino que incide en prácticamente todas las cuestiones polí­ticas, sociales y humanas. Y es en este contexto de “situación grave” dónde los tí­teres pueden jugar un rol destacado, con aportaciones de interés colectivo en una época de crisis global y total como la que nos atañe. Detallo los aspectos más sobresalientes de estas utilidades “civilizacionales” del tí­tere:

  • Su “universalidad”: un lenguaje que por regla general se hace entender por distintos tipos de público, sean urbanos o rurales, antiguos o modernos, de una cultura o de otra, etc. Esta caracterí­stica del teatro de tí­teres le da un extraordinario interés en estos momentos de grandes flujos migratorios y de cruce de poblaciones, que requieren lenguajes universales, abiertos y entendibles;
  • Su tendencia natural a la sí­ntesis, propia del teatro visual, de figuras y de objetos, que permite tratar las complejidades con un lenguaje sintético cargado de tensión y de fuerza expresiva;
  • Su tendencia natural a la “miniatura” o al “teatro de pequeño escenario”, lo que propicia una comunicación í­ntima y directa, y lo hace muy adaptable, así­ como fácilmente transportable;
  • El hecho de que sea un tipo de teatro que se relaciona con los conceptos de “oficio” y de “artesaní­a”, es decir, con un espí­ritu de “el que se lo hace él todo”. Esta caracterí­stica, que a veces ha sido considerada como “la causa de todos los males” atribuí­bles al teatro de tí­teres (consideración desde luego a tener muy en cuenta), es también uno de sus “secretos mejor guardados”. Un secreto que, como todos los que se precien de serlo, exige arduos esfuerzos y disciplinas rigurosas de iniciación para ser desvelado;
  • La caracterí­stica del tí­tere como un “doble” del titiritero es también un valor que lo conecta con las necesidades actuales de “desdoblamiento”, en el sentido de relajar esta supremací­a del Yo Absoluto que ha caracterizado a nuestras actuales civilizaciones, cuyos monoteí­smos de la identidad, con o sin Dios, exigen urgentes procesos de relativización.

He aquí­, a grosso modo y a bote pronto, un resumen de las caracterí­sticas propias del teatro de tí­teres que considero útiles desde el punto de vista de aportaciones substanciales a nuestra actual época de Crisis.

Sin embargo, estas caracterí­sticas, que en un sentido abstracto y teórico pueden ser aplicadas al teatro de tí­teres en general, se presentan en gradaciones muy separadas de intensidad cuando se los observa en la práctica. Y es aquí­ dónde los titiriteros pueden aprovechar la Crisis para afinar en sus respectivos trabajos, buscando la materialización de tales valores, en sus mil maneras distintas de plasmarse. Ante una “crisis civilizacional” como la que nos atañe, “respuestas radicales” como las que el teatro de tí­teres nos ofrece.-  Labores, pues, de ardua experimentación y de riesgo en la búsqueda.

Nota: que nadie tome este texto como un “panfleto moralizante”. En efecto, he dejado para el último párrafo la otra caracterí­stica esencial y básica del teatro de tí­teres: el hecho de que la libertad sea uno de sus principios básicos. Es decir, “soberaní­a” a ultranza y que cada uno haga lo que le da la real gana. Lo que, a todas luces, nos da todaví­a una mayor responsabilidad”¦