Mobarak, héroe iraní


Fotografía de Giorgio Cossu
Fotografía de Giorgio Cossu. Títere de la compañía Kheineh Shab Bazi de Irán

Estos días que Irán está de actualidad, viene a cuento pronunciarse sobre este pequeño héroe popular llamado Mobarak, que representa en la cultura iraní lo que Pulcinella en la italiana. Un personaje poco conocido en Europa y que comparte con la máscara napolitana muchas de sus características.

De entrada, ambos hablan con la lengí¼eta y ambos son la expresión de un espíritu individualista y libertario, con grandes dosis de picaresca y sin miedo a la procacidad. Ambos van dirigidos también a un público popular de plaza, compuesto de mayores y chicos, aunque en la actualidad, como suele suceder con estos héroes antiguos, se los tiende a relegar al público infantil.

Tuve la oportunidad de ver una actuación de Mobarak hace muchos años en un festival en Holanda, y me sorprendió su extraordinaria vitalidad. En vez del típico retablo de títere de guante, vi una marioneta de pequeñas dimensiones ”“no pasaría de los dos palmos”“ manipulada con hilos desde un pequeño teatrillo que ocultaba en su parte de arriba al manipulador. Llevaba un sombrero parecido al fez turco, y curiosamente tenía la cara negra. El vestido y el sombrero eran rojos. A su lado, dos músicos con un tambor y una flauta acompañaban la acción con pequeñas interpelaciones al personaje.

La importancia que los modernos titiriteros iraníes dan a Mobarak se refleja en el mismo nombre del festival de marionetas de Teheran, llamado precisamente Mobarak International Puppet Theater Festival, y que se celebra en el mes de agosto.-  Creo que ahora los titiriteros representan a Mobarak con distintas técnicas del teatro de títeres, como es lógico que suceda cuando un personaje del pasado es llevado al presente y tratado desde perspectivas de actualidad.

Hoy, vemos emocionados como el espíritu de Mobarak se ha encarnado en una gran parte de la población iraní que, sin miedo alguno, ha salido a la calle para afirmar su dignidad y exigir la anulación del colosal fraude con el que el régimen los ha querido engatusar. En vez de la lengí¼eta, la voz sumada ”“o el silencio a veces”“ de miles y miles de personas que reclaman lo que es suyo: el voto y la dignidad. El sudor y el humo de los disparos les cubre de negro la cara, como Mobarak, y el vestido rojo del personaje es el vermellón trágico de la sangre derramada estos días.

Se dice que Pulcinella, nacido en el Renacimiento, representaba el espíritu libertario e individualista que en la época empezaba a implantarse en las ciudades italianas. Un espíritu que no tardaría en expandirse por toda Europa, como lo hizo la famosa máscara napolitana, a modo de jocoso mascarón de proa de las libertades, desdoblándose en sus primos y hermanos (Polichinelle, Punch, Don Cristóbal, Petrushka, Lazlo”¦). Hoy, este espíritu, eterno e inquietantemente vivo, al que la sociedad de consumo ha intentado con bastante éxito domesticar, renace ya no en simples individuos sino en poblaciones enteras, consciente de que los poderes no pueden con el anonimato de la calle.

En efecto, Mobarak muere y revive en la lucha iraní por nuevos espacios de libertad. Como titiriteros que somos, cabe desearle larga vida y éxito en sus renovadas aventuras.

Puedes encontrar más fotografías de Mobarak en la galería del fotógrafo Giorgio Cossu, quien amablemente nos ha cedido la fotografía que ilustra este artículo.