La Canija


canijaHe aquí­ un espectáculo que dará qué hablar: “No me toques la copla”, obra de la compañí­a La Canija, formada por Marga Carbonell y Miren Larrea.

Ya vi un fragmento del mismo en “Animata Cabaret”, un precioso y muy aconsejable conglomerado que junta varios números de un grupo de brillantes titiriteras afincadas en Barcelona, y quedé muy impresionado. Ahora he tenido la oportunidad de verlo entero en el Llantiol, un histórico café teatro de Barcelona situado en pleno Barrio Chino por el que han pasado infinitud de grupos y artistas de todos los calibres.


Provisto de una enorme sencillez, sustentado sólo en la voz, la música y una impecable manipulación, Marga y Miren logran unas cotas de virtuosismo raras veces alcanzadas en estos pagos. Tres únicos personajes bastan para los cincuenta minutos que dura la obra: la cupletista Carmen Solé Malasombra, su perra Daisy y la señorita Pili, la Canija propiamente dicha, hermana de la primera. Hay también un cuarto personaje invisible pero audible, representado por Mireia Nogueras, en el papel de Jeissy, que interviene puntualmente desde la sala siempre con la gracia habitual de esta actriz-titiritera.

La cantante, un muñecote grotesco y llorón, suspira dí­a y noche por la copla, mientras dialoga con su perrita que le sigue con la más absoluta de las fidelidades perrunas. El contraste entre las voces y los gestos de la diva y la perra es uno de los ingredientes más logrados del espectáculo, de una gracia enorme. Mientras la cantante va desgranando sus penas y su nostalgia por la copla, la perrita le acompaña con ladridos, gruñidos y otros mil sonidos de una gran expresividad. El dúo es extraordinario y al final te quedas con las ganas de ver de nuevo a la surrealista pareja en acción.

Ante las debilidades patológicas de la cupletista, su hermana Canija se ve obligada a intervenir para calmar al empresario y contentar al público. Se trata de un personaje situado a las antí­podas de la cantante, no sólo por tamaño sino por psicologí­a: fresca, llena de desfachatez, directa, buscona y valiente, se lanza al escenario y lo ocupa con su cuerpo pequeño. Habla, canta y baila flamenco. La labia cáustica y acerada de Miren Larrea da voz a este personaje entrañable y disparatado, mientras las dos manipuladoras consiguen que baile flamenco con-  una gracia y una maestrí­a apabullantes. Parece ser que a veces presentan el espectáculo con un guitarrista tocando en vivo, lo que debe ser un gozaso. Creo que a los fanáticos del flamenco les encantarí­a este espectáculo y se destornillarí­an de la risa viendo a la Canija bailar con tanto “duende” y desparpajo, mientras va soltando sus perlas al público. Hay aquí­ muchas millas aún por recorrer del personaje, pues uno se lo puede imaginar interactuando con cantantes y, por qué no, con bailarines. Algo que, según me confesó Marga, tienen pensado hacer algún dí­a.

Mucha poesí­a y esperpento hay en esta obra, dotada de un humor negro, fiero y elegante. Voces aplomadas, refinadas y cáusticas, tanto la de la cupletista ”“en sus remilgadas arengas new age y su desmelenada sensibilidad coplera”“ como en la Canija ”“artista nacida del hambre, ocurrente, práctica y cí­nica.-  Ambas titiriteras han trabajado duro para llegar a tanta precisión en los bailes y a sincronizar la manipulación de los muñecos a cuatro manos. Igualmente en la creación de los tres logrados personajes. Toda una lección de rigor, empeño y espontaneidad.

En el Llantiol de Barcelona, el sábado 21 de marzo, a las 18:30. Para otras funciones, ver web Llantiol. -¡No se lo pierdan!