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En esta entrada, traducida del inglés de una entrevista realizada por Sarah Tanguy, Ron Mueck nos habla de la génesis y realización de su conocida obra Big Man.

Durante la entrevista, Mueck nos habla de su desafí­o al utilizar en esta época las técnicas tradiciones de diseño y construcción, en contraposición al diseño por ordenador. Lo cual resulta curioso, porque ha sido precisamente internet ”“la tecnologí­a- quien primero se ha ocupado de mostrar la obra del escultor.

Veamos cómo modela sus esculturas Ron Mueck.

Sarah Tanguy: -¿Cómo y cuándo surgió la idea de jugar con las escalas en tus figuras?

Ron Mueck: Nunca hice figuras de tamaño natural porque nunca me ha parecido interesante. Todos los dí­as vemos gente a tamaño natural.

ST: -¿Alteras la escala para provocar un impacto emocional y psicológico?

RM: Más bien, hago las cosas para que no parezcan tan normales.

ST: Con Big Man, -¿sabí­as de antemano que ibas a trabajar en una escala gigantesca?

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RM: Él no comenzó siendo grande, sino surgió de otra pieza que yo habí­a esculpido, una pequeña figura de un hombre envuelto en mantas, para la que no utilicé ninguna referencia, ni tampoco ningún modelo, sino que salió totalmente de mi imaginación.

En esa época yo trabajaba como artista residente en la National Gallery y ellos tení­an una clase de dibujo. Yo trabajé allí­ y di mis primeras clases, y lo disfruté mucho.
Cuando volví­ a mi estudio y vi la pequeña figura del hombre envuelto en mantas, pensé, “-¿Cómo serí­a si hiciera lo mismo, pero trabajando con la vida, dándole un aspecto más real?”.
Yo nunca trabajo con modelos vivos. Yo utilizo fotografí­as o referencias que veo en los libros, tomo mis propias fotografí­as o miro en mi interior.

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Sin embargo, yo intenté encontrar un modelo real, parecido a aquel pequeño individuo envuelto en mantas. Localicé a uno que era fí­sicamente similar, y trabajé en mi estudio con él durante tres horas, hasta que me di cuenta que él no me iba a ayudar a salir adelante con mi proyecto.

Sus miembros no eran lo bastante flexibles. Su vientre tení­a su propia forma. Aquel hombre no podí­a adoptar la postura de mi pequeña escultura. Por otro lado, yo tampoco me sentí­a bien teniendo un modelo en mi estudio. Me di cuenta de que me intimidaba tener allí­ a alguien con el que tení­a que relacionarme.

Tení­a allí­ a un hombre desnudo y completamente afeitado. Él no tení­a ni medio pelo en el cuerpo. Todo eso me impedí­a estar a gusto. Pensé, “bien, -¿qué hago yo aquí­ con un hombre desnudo?”.

Así­ que le pedí­ que se sentara en una esquina mientras yo pensaba todo esto. Él entonces me sugirió algunas poses y tomó alguna de esas posturas ridí­culas que suelen realizar los modelos. Eran falsas y artificiales, y me di cuenta de que todo aquello no me serví­a para nada.

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Yo trataba de reunir todo mi valor para decirle que se marchara. Lo miré, allí­ sentado en la esquina, tratando de decidirme. Él no estaba tan enfadado como lo parece estar Big Man, pero tení­a esa misma posición. Y pensé en ese momento, “-¡Qué buena idea!”, y así­ nació la pose de Big Man.

Primero hice un boceto en arcilla de él en esa posición, aproximadamente de un pie de alto. En ese momento pensaba que ese podrí­a ser el tamaño final de la escultura.

Tomé algunas fotografí­as de lo que hací­a, como hago a menudo, porque considero que si fotografí­o mi trabajo, puedo verlo de una manera diferente. Es como cuando te miras en un espejo, y te das cuenta de todas las imperfecciones y asimetrí­as, que no puedes ver de otra manera, porque las has mirado durante demasiado tiempo.

Luego, mientras miraba esas fotografí­as, y en una de ellas, dibujé una pequeña figura que parecí­a mirar el boceto de arcilla. Así­, que a ojo de buen cubero, me di cuenta que la relación a escala entre el boceto de arcilla y la figura dibujada podí­a ser como de ocho pies. Con el dibujito al lado, a él se le veí­a muy grande. Y pensé, “bien, puedo intentar hacerlo a ese tamaño”.

Una vez decidida la escala, tomé mas fotografí­as. Tomé una de perfil, de la que saqué, dibujándolas, las lí­neas del contorno y todo eso lo llevé a papel. Después dibujé todo en papel marrón a tamaño de siete u ocho pies. Y una vez lo terminé, decidí­ que lo harí­a así­.

A partir de ese enorme boceto monté la armadura con alambre y lo cubrí­ todo con yeso.

ST: -¿Es el yeso el que le da esa tonalidad amarillenta?

RM: Yo utilizo un yeso dental más duro que ‘el yeso de Parí­s’, que tiene esa pigmentación amarilla, aunque luego lo pinto todo.

Fuente: Sculpture.org


Actualización 15/01/2012:

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