Mi niñ@ va al teatro, pero ¿qué teatro?


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Foto: jatriguero

-¿Qué temas son adecuados para niños? En principio todos. Lo que importa es el tratamiento. Elegir una obra de teatro para niños requiere que pensemos en ellos. Cuál es la temática que les interesa. Desde los tres años podemos acercarlos a las funciones de teatro. El teatro de calle, el circo y el de tí­teres son un buen comienzo. Y en la sala, lo normal es que se cansen o se aburran, no hay que alarmarse, es parte del juego; pero hay que estar atentos a los momentos en los que están muy concentrados, porque son momentos muy intensos. Por eso llévale a ver buen teatro, una propuesta que ofrezca algo a un espectador tan especial. No cualquier cosa.

UNO

Hoy no es difí­cil tener la oportunidad de llevar a los niños al teatro, sobre todo en las medianas y grandes ciudades. La oferta está aumentando y cada fin de semana ofrece la oportunidad de llevar a tus hijos, o a los de tu hermano, a una función de teatro infantil. El niño se enfrenta a un elemento sonoro y visual. Y desde esa relación sensorial, el niño espectador, poco a poco, logra comprender y diferenciar; identifica valores, reflexiona y, sobre todo, aprende a conocerse experimentando sensaciones y pensamientos nuevos. La primera relación pues, es la emocional. Le produce sensaciones y estados de ánimo. Pero pronto aprenderá a discernir las reglas del teatro, la convención, los signos, etc…, aprenderá a interpretar, a opinar y a participar.

DOS

Pero no toda la oferta teatral para niños es recomendable. Por mi parte, excluirí­a -de manera general- las animaciones infantiles; sobre todo, aquéllas que incitan al crí­o a gritar hasta dejarse las cuerdas vocales, las que incluyen sorteos y las que solo están compuestas por play backs de canciones grabadas y adornadas con bailes inclasificables. Tampoco recomendarí­a el teatro obligatorio, aquél “obligadamente educativo”, ese que puede servir para completar el programa formativo de la escuela.

TRES

El teatro que el niño ha de ver, es aquél hecho de verdad, un teatro sincero alejado de lo puramente educativo, recreativo u -obviamente- infantiloide. Es una tarea difí­cil, pero se trata sí­mplemente de dirigirse a personas -de pocos años- que piensan, sienten y reaccionan. El niño, como espectador, necesita vivir un proceso de identificación con lo que ve, o con algunos aspectos de lo que está viviendo. Por lo tanto, podemos hacer una selección temática. Buscar obras que partan de o aborden el mundo del niño, tal y como es. Esto incluye enfoques realistas o no realistas.

CUATRO

La vida de un niño está poblada de luces y de sombras, su mundo interior y el mundo exterior luchan por entenderse. Un crí­o sabe perfectamente lo que es la frustración. Aún no ha perdido la facultad de volar con la imaginación. Se enamoran desde muy temprana edad y viven en primera persona las diferencias; entre ellas, la diferencia de sexos. En este sentido el teatro puede aportar al niño caminos de curación, que es lo que se quiere decir cuando los educadores hablan de teatro terapéutico. Todo el teatro lo es. Y también el arte mismo.

CINCO

-¿ Por qué no llevarlos a algunos espectáculos para adultos? Teatro de calle, danza, circo, acrobacia, conciertos representados, etc… el asunto es que pensemos, sin prejuicios, si al niño le va a interesar. Pronto, él comenzará a demandar el tipo de espectáculos que quiere ver, voluntad que nunca hemos de contravenir (aunque sean animaciones en el Corte Inglés) si no queremos caer en la cosa de obligar al niño a ver el teatro que nosotros creemos que debe ver. Cada uno emprende un camino y recordemos que la relación con el espectáculo y con el teatro es siempre personal, única.

SEIS

No han de asustarnos los temas, un nene de tres años ha visto ya muchas cosas en la tele. Y no digamos los mayores. En muchos cines, los menores -acompañados de sus padres- ven pelí­culas clasificadas para trece años. Y recordemos que una pelí­cula de violencia gratuita como “Casino Royale” está catalogada apta para esa franja de edad y no para mayores de dieciocho años. Sin embargo, las pelí­culas que contienen alguna referencia a lo sexual, por muy inofensivas que sean, llevan siempre los dos rombos. El mensaje es claro: La violencia no es peligrosa pero el sexo sí­. Resumiendo, un niño de ocho años -por poner un ejemplo- no puede tragarse ñoñerí­as en el teatro después de todo lo que ha visto. Los padres lo saben. No hablemos de consolas. Y sí­ de doble moral.

SIETE

Podrí­amos reflexionar sobre muchos más aspectos. Pero terminaremos con otra cualidad que el teatro potencia, el espí­ritu crí­tico. Tan bueno como tener sólidas convicciones es disponer de grandes dosis de flexibilidad moral. Primero, no es tan malo que vean animaciones enlatadas y galas infantiloides; ésto les ayuda a comparar y a situar este tipo de espectáculos en contraste con otros más ricos y sugerentes que, a buen seguro, podremos encontrar en la cartelera. De algún modo se aprecia mejor una buena obra viendo, de vez en cuando, algún bodrio. Y segundo, no nos olvidemos del “Ying y el Yang”; nos pueden disgustar algunas cosas de un montaje de calidad del mismo modo en el que, en una pieza superflua o intrascendente, podemos encontrar momentos de verdadera fascinación.