Cuando el público es protagonista


Foto: djwudi

Nos llega con prontitud el primer artí­culo para el concurso Titerenet. Nos lo enví­a Silvina Waisman, que nos dice antes de entrar en su escrito: “Hola, a todos!! Ya sé que de subjetividades está hecha esta experiencia (y cuál no???… por más intentos de objetividad que pongamos). Así­ que no dejaré para el último dí­a el enví­o del material ya que el 31 de enero es mi cumpleaños y no quisiera estar ese dí­a tan atareada que se me pase despacharlo.
Manos a la obra, no dejemos para mi cumpleaños :-)))) lo que podamos hacer hoy:

Mi nombre: Silvina Waisman
Nacionalidad: Argentina (vivo en Buenos Aires pero amo la Patagonia… y de vuestro bello paí­s, Asturias y la Costa Blanca, también… parece que mi especialidad son los extremos.)

Interactí­teres: Cuando el público es protagonista.

Por la Lic. Silvina Waisman
silvinawaisman@gmail.com

Los múltiples protagonismos de la audiencia

Un escenario vací­o”¦ telas, tí­teres, música.
Una audiencia”¦ pero una audiencia especial, diferente a aquella de un teatro tradicional, en el que un conjunto de espectadores presenciarán la trama que otros protagonizarán en un escenario.
En el teatro tradicional, el público va arribando a la sala, va tomando su lugar en las butacas. A veces, llegan personas solas, a veces en pareja o en pequeños grupos. Seguramente habrán leí­do o escuchado comentarios sobre la trama de la historia y se disponen a presenciar su despliegue, sus matices”¦ Se preparan con expectativa para disfrutar del talento de un grupo de actores que los harán vibrar de emoción, de placer estético, como le ocurre a quién observa el arte de unos pocos elegidos.
La audiencia en Interactí­teres, es, en cambio, varias veces protagonista.
-¿De qué manera?
Como se dirí­a en una función de Playback Theatre: “Vamos a ver!”?:

Interactí­teres es un teatro de improvisación. Aquí­ ya hay una primera diferencia con el teatro tradicional: el público va llegando y no sabe lo que va a presenciar. Puede haber un tí­tulo, pero no es más que una consigna convocante, un disparador de la imaginación para lo que acontecerá. No habrá un libreto. Ni actores ni espectadores saben hacia dónde fluirá. De lo que pueden estar seguros, si ya han tomado parte alguna vez, es que aquello que cobrará forma en el escenario tendrá absolutamente que ver con la trama de ese momento presente que actores, conducción, músico, iluminador y público compartirán.
En ese sentido, Interactí­teres es, como cualquier teatro de improvisación, una apuesta a la espontaneidad. Un desafí­o a capturar la fugacidad de un momento presente, multiplicado en fractales hacia el futuro, hacia el pasado, hacia el reino de lo posible.

Hay una segunda diferencia: en el teatro tradicional, cada uno está solo con su historia, aquella que se revela í­ntimamente al resonar con la trama que se despliega en el escenario. El punto de partida de Interactí­teres, en cambio, es preparar a la audiencia para una experiencia grupal, para una forma de arte colectivo, para la creatividad en equipo.

No hay recetas fijas para romper el hielo: cada encuentro de Interactí­teres es una creación exclusiva. No serán nunca iguales las necesidades de un grupo pequeño, que las de un gran conjunto de 50, 60, 80 personas. Se trata de facilitar las condiciones para que este conjunto de personas, ajenas, extrañas, desconocidas entre sí­ vayan alcanzando con tranquilidad ese estado de fluidez y soltura que haga posible descubrir potencialidades dormidas, y quizá también desconocidas, y combinarse con otros en una producción conjunta.
El desafí­o es personal y es a la vez grupal, ya que cada individuo tendrá como tarea la propuesta lúdica de crear junto con otros, en un tiempo breve, en condiciones acotadas por un encuadre pre-existente y con una temática lo suficientemente lejana de su cotidianeidad habitual como para que no sirvan los esquemas aprendidos y repetitivos.
La preparación de la audiencia para un encuentro de Interactí­teres es una preparación para la creatividad. El tema puede ser libre. Así­ y todo sorprende de qué manera van surgiendo en los distintos grupos historias aparentemente disí­miles que llevan, sin embargo, un hilo conductor. Es por esto que cada grupo de la audiencia atravesará una trama que les convoca en forma directa. Y esta trama será como una fotografí­a multidimensional de ese momento presente compartido.
Entonces, es este sentido, otra gran diferencia de Interactí­teres con el teatro tradicional: esta manera de ser, individual y grupalmente protagonistas.

Un momento para que las personas vayan probándose en la circulación del protagonismo, una vivencia que en lo cotidiano de cada uno no siempre logran experimentar.

Interactí­teres comienza aquí­ a encontrarse con puntos en común de otras formas de teatro de improvisación: el teatro espontáneo, el psicodrama público, el playback theatre, ya que éste es el momento de la puesta en común de todas las producciones colectivas.

Sobre el tapiz que forman los retazos de todas estas aventuras se irán despertando las resonancias subjetivas. Un recuerdo, una emoción que alguien del público quiere compartir, una historia que tiene para contar.

Si el primer momento fue un desafí­o lúdico, una apuesta al encuentro, un acompañamiento para la creatividad conjunta, este segundo momento de Interactí­teres bucea en el interior de cada uno de los presentes. Porque todos tenemos una historia real, un sueño, una fantasí­a, un aprendizaje que vale la pena compartir. En este sentido, Interactí­teres es también el soporte de una obra de arte instantánea y colectiva en una “muestra”? viviente. Un soporte y no una vitrina. Recuerdo el “Museo Participativo de Ciencias”? que lleva por lema la frase
”?Prohibido no tocar”?, abriendo las puertas a la curiosidad infantil con el principio de base de que sólo se aprehende realmente aquello que se puede tomar en las manos. Compartir la historia o el sueño personal desde una vivencia, es otra forma de “tocar”?, de llegar de una manera intangible, etérea, de hacer contacto con los otros ”“ahora sí­- cercanos.

De esta forma Interactí­teres es un soporte abierto al contacto con los otros, ofreciendo a esos otros cercanos, una pequeña pieza de arte í­ntimo.
Este es el momento más delicado y fecundo de estos encuentros para cuya conducción recomiendo el máximo cuidado y pericia. No importa que el objetivo del trabajo no sea clí­nico. En encuentros destinados a la investigación social, al abordaje de temas de interés de la comunidad o a las intervenciones en Instituciones o actividades de desarrollo de los recursos humanos, afirmo igualmente la necesidad de una idoneidad profesional probada para el rol de conducción.
Es entonces éste el momento de involucrarse de manera individual en el grupo. Y es por la misma condición de confiabilidad alcanzada en ese grupo de personas que cada participante puede hacer contacto con su subjetividad.
La delicadeza y pericia de la conducción asegurará que aquello que se abra al grupo pueda ser elaborado y acompañado luego en las emociones que cada uno experimenta.

Para el lector interesado en la profundidad de las emociones que se involucran en un abordaje desde la palabra, el juego, el movimiento del cuerpo, las técnicas escénicas (role playing, utilización de la voz) el empleo de estí­mulos abiertos para la proyección de contenidos inconscientes, como telas, tí­teres, dibujo, etc., sugiero bibliografí­a sobre Psicodrama, Teatro Espontáneo, Técnicas Proyectivas.

Narrador, guionista, director, escenógrafo”¦

Quien presta su historia será acompañado por la conducción en la puesta en escena. Será el momento de decidir qué personajes escenificarán la historia, cuáles serán los momentos, los distintos actos de representación que lleven de la narración a la escena. De la emoción al sí­mbolo, del sí­mbolo a la acción.
En la puesta en escena de la historia narrada hay otra especificidad del trabajo con tí­teres en Teatro Espontáneo: una doble elección de los actores espontáneos que tomarán los roles necesarios en la escena. La primera elección recae sobre el tí­tere-personaje adecuado para ese rol a representar. Y aquí­ entra en juego todo lo que llamamos”¦

La “Cocina”? de Interactí­teres.
Es ese espacio donde se mezclan las texturas, los sabores, los perfumes, los recuerdos. Momentos de amor y de conexión donde juntos, a veces, o a solas en otras ocasiones, los integrantes de la compañí­a vamos construyendo los muñecos que portarán NUESTRA versión de un personaje. Amor, porque nos ponemos a trabajar para poder ofrecer un espejo para las vivencias de quienes participarán del próximo encuentro, espejo que siempre deforma y deformando, enriquece. Una oferta amorosa donde empezamos prestando nosotros nuestras propias historias al construir el personaje para alimentar las recuerdos de los otros. Este préstamo nos devuelve con intereses las miradas de todos los que han ido eligiendo, en cada encuentro, ese personaje que construimos. Y estas elecciones y estas nuevas miradas, dan lugar a las miradas cómplices en el equipo: nosotros SABEMOS porque ya hemos trabajado esa historia mientras modelábamos, pintábamos, uní­amos retazos para los vestidos, haciendo lugar para el mate o el café y las confidencias entre el revoltijo de materiales.

Ponerse en los zapatos del otro.
Se amplí­a la visión cuando es posible ubicarse desde distintas perspectivas. Es justamente cuando se puede mirar desde el punto de vista del otro, cuando la comunicación entre las personas puede hacerse una realidad.
Se rescata nuevamente la riqueza de la historia propuesta. Ya que no existe en el universo un problema que no contenga en sí­ mismo la solución. La respuesta está contenida siempre en la pregunta. Quien pregunta, sabe. En realidad, al preguntar, se pregunta a sí­ mismo, ya que la elección de la pregunta (o de la historia) muestra que hay allí­ un saber que para revelarse necesita de un interlocutor.

-¿Para qué Interactí­teres?
Trabajar con grupos de la comunidad, coordinar un proceso de capacitación, asistir a la formación de un equipo de alta cohesión, nos coloca ante la alternativa de tener en cuenta las distintas modalidades perceptuales de cada uno de sus integrantes. Las técnicas vivenciales llaman al espacio de juego al sentido de la vista, del oí­do y del tacto, las sensaciones propioceptivas (percepción interna del movimiento, el sentido kinestésico).
Como la palabra lo sugiere, cuando utilizamos una técnica vivencial estamos proponiendo a las personas que experimenten una vivencia. Es decir, que estén dentro de la situación, escuchen, vean, huelan, sientan.
Para poder percibir una vivencia es necesaria la momentánea supresión del razonamiento. Esto propicia una concentración total que suspende el pre-juicio y el juicio mientras se lleva a cabo la tarea, de modo tal que puedan aflorar sensaciones, saberes intuitivos, emociones, fragmentos de recuerdos, nuevas simbolizaciones. Precisamente los elementos que más necesitamos cuando intentamos estimular la creatividad de un grupo dado.
Los tí­teres como recurso proyectivo permiten un contacto estrecho con las emociones, a la vez que se convierten en un escudo protector momentáneo de la identidad, proporcionando la distancia necesaria para acercarse a esas emociones.

Cada encuentro de Interactí­teres es un aprendizaje de protagonismo creativo, de protagonismo circulando sanamente, posibilitando la creación colectiva. Las metáforas que un encuentro de Interactí­teres propone a sus participantes se constituyen en imágenes tan ví­vidas y duraderas como una pelí­cula, un cuadro, una obra teatral, una experiencia ritual comunitaria.
La historia de los pueblos, la historia de los grupos, la historia de las instituciones, la historia de las familias, tienen elementos que se repiten cí­clicamente. Cuando es posible algún aprendizaje, las historias en lugar de repetirse, se recrean permitiendo avanzar hacia otras alternativas posibles.
Cada vez que Interactiteres permita a alguien recordar la historia, recrearla, multiplicar las opciones, habremos logrado una oportunidad más de cumplir nuestro objetivo.