Crónica de una actuación


Se trata de la crónica de la actuación el primer domingo de octubre de la compañí­a “Interactí­teres. Compañí­a de Tí­teres y Teatro Espontáneo”, celebrada en el Museo Argentino del Tí­tere.

La ha reaizado y nos la ha enviado Silvina Waisman y dice así­:

Si un sueño fue mi maestro…

Otra noche más en el museo, y sin embargo, siempre única. Otro encuentro entre esta pequeña Compañí­a de Tí­teres y Teatro Espontáneo: Selva, Julián y yo, Silvina, poniendo a “Interactí­teres” frente a la audiencia, como una red virtual para “saltar al vací­o” de contar frente a otros una hisoria personal… y verla luego apropiada por otras miradas. Esas miradas de otros, elegidos, pero no por eso menos “otros”, y por lo mismo, enriquecedoras…

Esta noche nos convocaba la invitación a contarnos “Hisorias de Sueños Imposibles”. Y fue entonces prestar nuestra propia escena, la de este pequeño grupo de tres preguntándose por los sueños: “Yo quiero ver historias sobre Sueños Imposibles”.

Y entonces, los debates:

-Los sueños, -¿no son siempre imposibles?, -¿no es desde su misma “imposibilidad”, desde su propio lugar de “sueños”, cómo nos animamos, cachetazo a la frustración, mediante al empecinamiento de hacerlos realidad?

–¿Qué es la vida?- un frenesí­, se contesta Segismundo-. Qué es la vida? Una ilusión… Si toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son… Entonces… -¿Por qué no?

Y van despertándose en nuestra escucha, y desfilan luego frente a nuestros ojos retazos de sueños imposibles, que se vuelven a poco realidad. Y si en la escena sí­, entonces, -¿en la vida cómo no?

Un inhallable enamorado que nos acepte con nuestros desvelos por hacer de este mundo un rincón mejor para recostar la propia existencia, que esté dispuesto a compartirnos sus sueños…

Una viajera estudiante en este paí­s “extraño” de tango y mate, de melancolí­a y bandoneón, paisajes para la nostalgia y cumpleaños a solas:

-Amigos… Amigos que me saluden en este próximo cumpleaños, tan lejos de mi paí­s y de mi gente- Y el acordeón de Julián le desgrana las notas de un “Cumpleaños Feliz”. Y hay tí­teres que le muestran una historia: la de las llamadas telefónicas en la noche y amigos a la distancia. Y hay sueños hechos realidad, con abrazos reales y lágrimas compartidas.

Y alegrí­a.

Alegrí­a es la sensación que alguien del público que no esperaba estar aquí­ quiso compartir. Quiere ver representada la alegrí­a, porque “no esperaba, no sabí­a que esto que vine a ver, me iba a emocionar tanto…”

Un aplauso del final hace circular desde el calor de las palmas todas las historias que aún no fueron contadas, todas las emociones que no nos animamos a expresar ni compartir.

Un aplauso que es para todos, porque la vida es siempre más increí­ble que la ficción… Porque los sueños imposibles no son más que la propia posibilidad a la que no le hemos creí­do… Y aún no le hemos dado ocasión.

Un aplauso compartido cuando entendemos que somos nosotros los que escribimos dí­as tras dí­a el guión de nuestra vida.

Así­ ha sido y así­ es esta crónica de Silvina, que la ofrecemos y compartimos desde esta redacción virtual de Titerenet, que flota entre la red, alimentando, siempre, sueños imposibles.