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Este es un modesto y titeril homenaje a Romeo y Julieta, en clave de humor y en una versión, no sólo libre, sino casi libertina.
Recomendado a partir de los 7 años.

Romeo y Julieta – Historia de amor junto a una maceta
Autor: José Luis Garcí­a

(Un jardí­n, con arbustos y macetas con flores. En un extremo, un edificio con un balcón).
(Julieta asoma en el balcón. Busca a alguien en el jardí­n).
JULIETA.-
Romeo, Romeo. -¿Dónde estás?, que no te veo.
ROMEO.-
(Que se incorpora junto a una maceta con flores).
-¡Aquí­, Julieta!, junto a esta maceta.
JULIETA.-
-¡Oh, mi amor!
ROMEO.-
Tú eres mi flor.
(Coge una flor de la maceta, con la intención de arrancarla, pero tira de ella, más no puede sacarla del tiesto; tira de ella, hasta que finalmente cae Romeo al suelo, cuan largo es. Inmediatamente se levanta de un salto casi atlético).
Estoy bien, amor mí­o.
(Cae de nuevo al suelo).
JULIETA.-
-¿Romeo?… No dice ni pí­o.
(El padre de Julieta aparece en el balcón, junto a su hija; viene del interior del edificio).
PADRE.-
-¿Con quién hablas, hija?
JULIETA.-
Hablo contigo, padre.
PADRE.-
No trates de liarme. -¿No estará por aquí­ ese Romeo?
JULIETA.-
-¿Romeo?, no creo; no lo veo.
PADRE.-
Ya sabes que te he prohibido que te veas con ese sinvergí¼enza, hijo del odiado Montesco.
JULIETA.-
-¿Y por qué odiamos a los Montesco?
PADRE.-
Ni remota idea, hija. Mi padre ya los odiaba, igual que mi abuelo.
JULIETA.-
Eso no tiene sentido.
PADRE.-
Nada tiene sentido en esta vida. Yo lo único que quiero es que mis nietos odien a los Montesco.
(Sale el Padre).
JULIETA.-
(Después de comprobar que su padre se ha alejado).
Romeo, -¿dónde estás?, que no te veo.
ROMEO.-
Aquí­, Julieta, aplastado junto a la maceta.
(Se incorpora).
JULIETA.-
-¿Qué podemos hacer?, ya has oí­do a mi padre.
ROMEO.-
No desesperemos. Cuando los enamorados tienen problemas, el destino acude en su ayuda.
JULIETA.-
-¿Y esa tonterí­a?
ROMEO.-
La leí­ en un libro de teatro. Al fin y al cabo, la vida es un teatro inmenso.
CONDE PARIS.-
(En off).
-¿Dónde estás Julieta?
JULIETA.-
Escóndete, Romeo; es el Conde Paris. Le diré que mi padre no me deja enamorarme de él.
ROMEO.-
Ese Conde Paris es un cursi.
JULIETA.-
Y también el hijo bastardo del rey. -¡Escóndete!
(Romeo se oculta).
(Entra el Conde Paris).
CONDE.-
-¿Cuándo te casarás conmigo, Julieta?
JULIETA.-
Sabes que no puedo. Mi padre no te ve con buenos ojos.
CONDE.-
-¿Cómo va a hacerlo, si es tuerto?
(Aparece el Padre en el balcón, tiene una maceta en sus manos).
PADRE.-
Sinvergí¼enza, Montesco.
JULIETA.-
No padre, no es…
PADRE.-
Calla, no lo defiendas.
(Arroja la maceta por el balcón y ésta da en plena cabeza al Conde, que cae al suelo, no sabemos si desmayado o muerto).
JULIETA.-
Era el Conde Paris.
PADRE.-
-¿Qué quieres decir con “era”?
JULIETA.-
Le has dado con la maceta en todo el colodrillo.
PADRE.-
Maldición de faisán. Ese Conde era el hijo bastardo del Rey. Iré a la cárcel.
(Romeo se levanta del suelo).
ROMEO.-
Yo puedo llevármelo, señor. Y dejarlo tirado junto a una taberna. Pensarán que ha sido una pelea entre borrachos.
PADRE.-
-¡El Montesco!
JULIETA.-
(Que trata de disimular).
-¿De dónde sales, Romeo?
ROMEO.-
(Sin enterarse).
De donde siempre, Julieta, de al lado de la maceta.
PADRE.-
-¿Qué haces aquí­, Montesco?
ROMEO.-
Amo a Julieta.
JULIETA.-
Yo nada sabí­a.
ROMEO.-
-¿No serás sorda como mi tí­a? Mil veces te lo digo cada dí­a.
PADRE.-
Jamás daré mi consentimiento.
ROMEO.-
Puedo llevarme el Conde y librarle a usted de la cárcel.
PADRE.-
Hazlo.
ROMEO.-
Sólo si acepta nuestro matrimonio.
PADRE.-
No pienso casarme contigo. Además, tengo mujer.
ROMEO.-
No quiero casarme con usted, sino con su hija. Si acepta, me llevaré al Conde.
PADRE.-
Eres un listillo.
ROMEO.-
Liarle a usted es sencillo.
PADRE.-
-¿Eh?
JULIETA.-
Papá, Romeo puede llevarse al Conde y librarte de la cárcel.
PADRE.-
Tendrí­as que casarte con él.
JULIETA.-
Puedo hacer ese sacrificio por ti, padre.
PADRE.-
Dime Montesco, -¿tu padre te permitirá casarte con una Capuleto?
ROMEO.-
Mi padre no protestará, mientras tenga vino para brindar.
PADRE.-
De acuerdo. Llévate al Conde a la taberna. Y que no falte el vino.
ROMEO.-
Sus deseos son órdenes para mí­.
PADRE.-
Comienza a gustarme este muchacho.
(Sale el Padre).
JULIETA.-
Romeo, mi padre tiene razón, eres un listillo.
ROMEO.-
Y te amo como un chiquillo.
JULIETA.-
-¿Y cuándo nos casaremos?
ROMEO.-
Mañana mismo, antes que tu padre cambie de opinión. Adiós Julieta, me llevo al Conde antes de que despierte.
JULIETA.-
-¿No está muerto?
ROMEO.-
Sólo inconsciente. El Conde es un cabezón. Por eso insisto en que nos casemos mañana, antes que tu padre descubra que en lugar de muerto, el Conde ha quedado descompuesto.
JULIETA.-
Eso haremos, Romeo.
ROMEO.-
Adiós Julieta.
(Romeo arrastra al Conde).
No será cadáver, pero pesa como un muerto.
(Sale con el Conde a rastras).
JULIETA.-
Ay, Romeo; te quiero, aún cuando no te veo.
(Entra en la casa).
FIN


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