Este texto nos habla de una historia ocurrida en un establo hace muchos años. Nos habla de un milagro, de pobres y usureros; también de soldados de Tiberio César y de pastores. Un cuento sobre la solidaridad, recomendado a partir de los 7 años.

Una noche de Navidad
Autor: José Luis García

(Tenemos a nuestra vista el telón del teatro. Entra el Presentador delante de la cortina, que seguirá cerrada hasta que se diga).
PRESENTADOR.-
Hace algunos días ha salido a la luz parte de la historia del origen de la Navidad. Llega al gran público la verdadera historia, esto es, que no había ni buey ni asno en el establo cuando sucedió el nacimiento de Jesús. Esto es tan cierto como que yo estoy aquí, pero hoy os presentamos en este teatro el resto de la historia, que nadie se ha atrevido a contar hasta hoy.
(El Presentador se agarra a uno de los extremos de la cortina).
¡Que se abra el telón!
(El telón se abre hacia los lados y el Presentador sale cogido a la cortina, hacia la derecha, parece como si volara).
(En escena vemos un establo con María, José, Jesús recién nacido en un pesebre, un buey y un asno).
SOLDADO 1.-
(En off).
¡Quitaos de en medio, pastores ignorantes!, ¡paso a los soldados del César!
(Entra Pastor a todo correr).
PASTOR.-
José, María… Debéis marcharos, llegan los soldados de Tiberio.
JOSÉ.-
¿Qué quieren?
PASTOR 1.-
Están cobrando los impuestos, y como no tenemos dinero, se lo llevan todo.
(Entran dos soldados y un usurero/banquero).
SOLDADO 1.-
Si no pagáis los impuestos, nos lo llevaremos todo.
PASTOR.-
¡Esto es un atraco!
SOLDADO 2.-
¡Serás ignorante!, no es un atraco, es un embargo.
MARIA.-
Nuestro hijo acaba de nacer.
JOSE.-
Somos forasteros. Hemos venido para empadronar a nuestro hijo. ¿Debemos pagar impuestos por eso?
SOLDADO 2.-
Se pagan impuestos por todo.
PASTOR.-
Se roba para Tiberio.
AMBOS SOLDADOS.-
¡Viva el César!
SOLDADO 2.-
(Al Pastor).
Como vuelvas a abrir la boca, te llevamos preso.
PASTOR.-
Si no abro la boca, ¿que abro?, ¿las orejas?
SOLDADO 2.-
No te hagas el listo.
PASTOR.-
Entonces, haré como si yo, fuera tu.
SOLDADO 2.-
¿Eh?
BANQUERO.-
Este establo pertenece a unos pastores malolientes que se niegan a pagar los impuestos y los créditos de mis préstamos.
SOLDADO 1.-
Nos llevaremos el buey y el asno.
PASTOR.-
Esto es un atraco.
SOLDADO 2.-
Ya te he dicho que es un embargo, no un atraco; troglodita.
MARÍA.-
Pero, los animales nos dan calor.
BANQUERO.-
Por el calor también hay que pagar.
(Los dos soldados cogen al buey y al asno y salen con ellos).
BANQUERO.-
Pero esos animales no pagan mis intereses.
PASTOR.-
(Agarrando un garrote, apoyado hasta ahora en una de las paredes).
Te voy a pagar los intereses a estacazos.
BANQUERO.-
(Mientras sale a toda prisa).
¡Soldados, socorro, soldados!
(Sale el Banquero, apresurado).
JOSÉ.-
La violencia no conduce a ningún lugar.
PASTOR.-
A ese banquero sí. Lo ha conducido fuera del establo.
(Desde lejos nos llega un barullo tremendo).
SOLDADO 1.-
¡No quiero volverlo a repetir!, ¡abrid paso!
VARIOS PASTORES.-
¿Y entonces por qué lo repites, cabezón?
(El barullo aumenta).
(Entra Pastora, apresurada).
PASTORA.-
Los soldados vienen a echaros de aquí. Dicen que el establo servirá para pagar parte de los intereses de lo que le debemos al banquero.
MARÍA.-
¿Dónde iremos, entonces?
(Entran los dos soldados y el banquero).
SOLDADO 1.-
¡Paso a los soldados de Tiberio César!
PASTOR.-
¡Querrás decir, Tiburro César!
SOLDADO 2.-
¡No es Tiburro, asno, es Tiberio, zoquete!
PASTOR.-
¡Ave, a los soldados de Tiberio Zoquete!
(Los dos soldados desenvainan sus espadas y persiguen al Pastor dando mandobles sin ton ni son; el Pastor corre por todo el establo; uno de los soldados le da con la espada al banquero, que cae al suelo).
BANQUERO.-
¿Serás zoquete?
SOLDADO 2.-
¡No empieces tu también!
SOLDADO 1.-
(Deteniéndose).
¡Basta!, todos fuera de aquí o llamo al Escuadrón.
MARÍA.-
¿Qué es el Escuadrón?
PASTOR.-
Un montón de soldados dirigidos por un cabezón.
(Los dos soldados elevan sus espadas al cielo).
SOLDADO 1.-
¡La furia de la ley caerá sobre vosotros!
(Jesús, en su pesebre, levanta un poco su cabecita).
JESÚS.-
Ji… ji…
SOLDADO 2.-
¿Y éste de qué se ríe?
(El recién nacido mueve una de sus manos en dirección a los dos soldados y el banquero).
(Se escucha una tremenda explosión y cuando se disipa el humo producido, vemos en el lugar en el que estaban los soldados y el banquero, a tres cerdos).
SOLDADO 2.-
(Como cerdo).
Oye banquero, se te ha puesto cara de cochino.
BANQUERO.-
(También como cerdo, claro).
Pues tu tienes cara de gorrino.
SOLDADO 1.-
(Evidentemente, también como cerdo).
¿Qué cochinada es ésta?
MARÍA.-
(A Jesús).
No hijo, aún no es el momento de que hagas milagros.
(El recién nacido, vuelve a mover sus manos en dirección a los gorrinos, y éstos dejan de hablar y comienzan a emitir el clásico “oink, oink” que hace todo cerdo que se precie).
PASTOR.-
Así está mejor, si señor.
PASTORA.-
Será mejor que nos llevemos a estos cochinos a otro establo, no vaya a ser que los embarguen también.
PASTOR.-
(Con el garrote en la mano).
¡Vamos cochinos!
(Y con su práctica pastoril, Pastor y Pastora salen con los tres cerdos).
JOSÉ.-
¿Qué hacemos ahora?
MARÍA.-
Abrigar bien al niño, que ésta será una noche bien fría.
(Se cierran las cortinas del teatro y entra también el Presentador, colgado en ellas).
PRESENTADOR.-
Y esta pudo ser la historia. Poco más o menos, más; o poco más o menos, algo menos. Ser pobres es algo malo, aunque vivir bajo el yugo de los poderosos siempre será mucho peor.
Os deseo que siempre os acompañe el espíritu de la Navidad y os ayude a sonreír en el calor de vuestros hogares.
¡Feliz Navidad!
(Sale el Presentador).
FIN


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Publicado el Lunes 3 de diciembre de 2012

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