Por fin podemos publicar aquí la versión teatral de este antiquísimo cuento titulado “El demonio de la jarra”, para cuatro personajes y una jarra.
Recomendado para seres humanos a partir de los 5 años. Una historia que nos enseña valores fundamentales para la convivencia.

El demonio de la jarra
Autor de esta adaptación: José Luis García

(El espacio está vacío -como le gustaría a Peter Brook-, suena una música misteriosa con cierto aire gitano).
(Entra el Presentador).
PRESENTADOR.-
La historia que vamos a ver hoy no es una narración cualquiera. Se trata del caso del hombre que se encontró con una jarra en la que vivía un demonio.
(Entra Andrés, que es el Presentador número dos).
ANDRÉS.-
Siempre me ha intrigado qué hacen los demonios y los espíritus viviendo en jarras y lámparas maravillosas.
PRESENTADOR.-
Ya sabes que encontrar un buen lugar en el que vivir siempre ha sido difícil.
ANDRÉS.-
Dímelo a mí.
PRESENTADOR.-
¿Otra vez?
HOMBRE QUE ENCONTRÓ UNA JARRA.-
(En off).
¡La, la, lalalá…!
PRESENTADOR.-
¡Se acerca!
ANDRÉS.-
¿El demonio?
(El Presentador, sin dar respuesta a la pregunta, arrastra a Andrés fuera del escenario).
(Entra el Hombre que encontró una jarra).
HOMBRE.-
Me encanta pasear por el bosque.
(Entra Andrés con un árbol, lo coloca en la escena).
ANDŔES.-
Perdón, ha sido un despiste.
(Sale Andrés).
HOMBRE.-
Me ha parecido ver un espíritu del bosque. ¡Oh!, ¿qué ven mis ojos?
PRESENTADOR y ANDRÉS.-
(Que parecen y después de su texto, salen).
¡Una jarra!
HOMBRE.-
Una jarra abandonada en mitad del bosque. Tengo sed. ¿Contendrá agua, cerveza, vino o limonada?
(El Hombre se agacha y recoge del suelo una jarra -que hasta ahora no habíamos visto- y la coloca delante de su cara).
JARRA.-
¡Ábrela!
(El Hombre se asusta y deja caer la jarra. Da una vueltas alrededor del objeto. Vuelve a cogerla y la sacude).
JARRA.-
¡No me sacudas más, merluzo!
(El Hombre vuelve a dejar caer la jarra. Vuelve a dar vueltas alrededor del objeto).
HOMBRE.-
Una jarra que habla.
JARRA.-
¡Ábrela!
HOMBRE.-
He oído hablar de jarras y lámparas que contienen genios, que una vez liberados te pueden conceder deseos.
(El hombre se agacha de nuevo y recoge la jarra. Le da algunas vueltas entre sus manos, como si tratara de decidir qué es lo que debe hacer).
HOMBRE.-
(Mientras sacude la jarra).
¿Hay alguien aquí dentro?
JARRA.-
¿Hay alguien ahí fuera?, ¡merluzo!
(El Hombre vuelve a dejar caer la jarra. Vuelve a dar vueltas alrededor del objeto).
HOMBRE.-
(Que coge de nuevo la jarra).
Nunca he leído que un genio liberado de una jarra haya causa mal a quien lo liberó.
(Asoman Presentador y Andrés).
PRESENTADOR.-
Es posible que se deba a que ha leído poco.
ANDRÉS.-
O que lo haya leído y lo haya olvidado.
AMBOS.-
Todo es posible.
HOMBRE.-
Voy a abrir la jarra.
ANDRÉS.-
¿Eso es bueno o malo?
(Salen ambos).
(El Hombre destapa la jarra. Escuchamos un dramático estruendo y al lado del Hombre vemos a un extraño ser de aspecto repugnante y de un color indefinido, que ríe con una risa algo asquerosa).
DEMONIO.-
666 días encerrado. Estaba a punto de volverme cuerdo.
(El Hombre se ha ido alejando poco a poco del Demonio).
DEMONIO.-
No temas, merluzo. Debo recompensarte por haberme liberado. Te otorgaré tres deseos.
HOMBRE.-
(Asustado).
¿Habla usted conmigo?
DEMONIO.-
¿Acaso ves a algún otro merluzo?
(Un pez atraviesa la escena, de derecha a izquierda, o de izquierda a derecha, según las indicaciones del director de escena, del regidor o del cuñado del gestor cultural).
(El Hombre señala al pez, mientras balbucea sonidos sin sentido o recita los titulares de la prensa diaria).
DEMONIO.-
(Después de observar la salida del pez).
Ese no me vale, es un rodaballo.
(Según la creatividad del constructor de turno, puede ser un rodaballo, un lenguado, un besugo o un mero; no tiene la menor importancia).
HOMBRE.-
¿Tres deseos?
DEMONIO.-
Yo debo concederte tres deseos. Y una vez concedidos, tu debes concederme uno a mí.
HOMBRE.-
Nunca leí que tenía que concederte un deseo.
DEMONIO.-
No tengo la culpa de que leas poco. ¿Cuál es tu primer deseo?
HOMBRE.-
He caminado mucho tiempo por el bosque y tengo mucha sed. Deseo tener a mi alcance una buena jarra de limonada.
DEMONIO.-
Tu deseo es una orden para mi.
(Una jarra aparece en un extremo de la escena y los brazos del hombre se estiran de manera espectacular hasta alcanzarla. Sin embargo, debido al gran tamaño de los brazos, al tratar de beber, el hombre vierte sobre su cabeza el contenido de la jarra).
HOMBRE.-
¿Qué ha sucedido?, mis brazos son enormes y no he podido beber ni una gota de la jarra.
DEMONIO.-
No es mi culpa. Has pedido tener a tu alcance una jarra de limonada, la has alcanzado; no hablaste de beberla, merluzo.
HOMBRE.-
No eres un genio, eres un demonio.
DEMONIO.-
Déjate de pamplinas. Te quedan dos deseos. Piensa bien en lo que quieres antes de pedir.
HOMBRE.-
No tengo que pensar nada. Sé cual es mi siguiente deseo.
DEMONIO.-
Como quieras, pero recuerda que para los demonios la maldad es una virtud.
HOMBRE.-
Deseo que mis brazos vuelvan a ser como siempre y que nunca jamás vuelvas a deformar mis brazos.
(El Demonio estira sus brazos, se escucha una explosión y el Hombre vuelve a recuperar su aspecto de siempre).
DEMONIO.-
Ahora me toca a mi pedir un deseo.
HOMBRE.-
Me queda un tercer deseo.
DEMONIO.-
No te queda ninguno, merluzo; acabas de pedir dos deseos; primero, que tus brazos recuperen su aspecto normal y segundo que jamás vuelva a deformar tus brazos.
HOMBRE.-
¡Has hecho trampa!
DEMONIO.-
Te dije que pensaras bien tu deseo. Mi deseo es que ocupes mi lugar en la jarra, ya que esta jarra maligna no puede quedar vacía.
HOMBRE.-
No voy a entrar ahí.
DEMONIO.-
Mi deseo es una orden para ti.
(El Demonio vuelve a estirar sus brazos y el Hombre desaparece de nuestra vista. El Demonio recoge la jarra del suelo y la tapa).
HOMBRE.-
Sácame de aquí.
DEMONIO.-
Adiós, merluzo y muchas gracias por ser tan simple.
(Ríe).
Me he quedado más a gusto que un arbusto.
(Sale el Demonio).
JARRA.-
¡Sáquenme de aquí!
(Entran el Presentador y Andrés).
PRESENTADOR.-
Esta historia nos enseña que siempre es conveniente pensar antes de actuar.
ANDRÉS.-
(Mientras coge la jarra del suelo).
Si no piensas, no actúes. Voy a sacar a este pobre merluzo de aquí.
PRESENTADOR.-
(Mientras Andrés destapa la jarra).
¡No!
(Con un explosión, desaparece Andrés y aparece el Hombre).
HOMBRE.-
¡Albricias, estoy libre!
(El Hombre tapa la jarra y sale de escena a toda prisa).
ANDRÉS DENTRO DE LA JARRA.-
¡Sácame de aquí!
PRESENTADOR.-
Ya imaginaba que ibas a decir eso.
(El Presentador coge la jarra y con ella da vueltas por la escena, pensando en qué hacer. Se acerca hasta el árbol, deja la jarra junto a él y sale de escena).
(Al momento vuelve a entrar con una cuerda entre sus manos. Se acerca hasta la jarra y ata el tapón de la jarra al árbol).
PRESENTADOR.-
Agítate un poco.
ANDRÉS DENTRO DE LA JARRA.-
¿Me vas a beber?
PRESENTADOR.-
¡Agítate te digo!
ANDRÉS DENTRO DE LA JARRA.-
¡Cómo me bebas te indigesto!
(La Jarra comienza a dar saltos, que la alejan del árbol).
PRESENTADOR.-
¡Más!
ANDRÉS DENTRO DE LA JARRA.-
Me estoy mareando.
(La Jarra sigue con sus saltos, hasta que tensa la cuerda y salta la tapa).
(Escuchamos la explosión mágica, desaparece el árbol y aparece Andrés).
PRESENTADOR.-
Tapa la jarra.
(Andrés quita la cuerda de la tapa y obtura con ella la jarra).
PRESENTADOR.-
Esta última situación nos enseña algo más.
ANDŔES.-
No puedo pensar, estoy mareado.
PRESENTADOR.-
Que cualquier elemento en escena debe cumplir una misión.
ANDRÉS.-
¿Y el mareo para qué sirve?
PRESENTADOR.-
Y como podéis ver esta historia ha quedado redonda, la situación resuelta y ningún elemento superfluo en escena. Así podemos decir para acabar aquello de “colorín colorado…”.
ANDRÉS.-
… Yo me voy que sigo mareado.
(Salen ambos personajes, el Presentador con la jarra en sus manos).
FIN


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Publicado el Lunes 13 de agosto de 2012

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