Muchas historias ha dado de sí Don Quijote de la Mancha, y las leyendas que hablan de Sancho Panza como gobernador de la Ínsula de Barataria son casi infinitas.
La obra que hoy presentamos pretende ser una gota en el mar que aún sigue inspirando la pluma de Cervantes. Una gota humilde, diminuta; pero tan redonda como Sancho, gobernador de la Ínsula más famosa del mundo.

Sancho Panza, gobernador
Autor: José Luis García

(Espacio vacío. Se escucha el sonido de una multitud que vitorea).
(Entra el Presentador).
PRESENTADOR.-
¡Bravo, viva…! ¡Alegraos querido público! ¡Un gran hombre ha sido nombrado gobernador de la Ínsula de Barataria!
(Continúa el sonido de la multitud).
SANCHO.-
(En off).
¡Dejadme en paz!, ¡no quiero y no quiero!
PRESENTADOR.-
Parece que comienzan los problemas en Barataria.
(Entra Sancho).
SANCHO.-
(Que habla con alguien que está fuera de escena).
Yo no sirvo para esas cosas, hombre.
PRESENTADOR.-
¿Algún problema?
(Sancho que no ha visto al Presentador con anterioridad da un grito del susto al escuchar la voz del Presentador).
SANCHO.-
¿Eres un fantasma?
PRESENTADOR.-
No.
SANCHO.-
¿Un muerto viviente?, ¿un ánima?, ¿un demonio?
PRESENTADOR.-
Nada de eso, soy el Presentador.
SANCHO.-
¿Y qué presentas?
PRESENTADOR.-
La historia de Sancho Panza, gobernador.
SANCHO.-
¡Por mi abuela, ese soy yo!
PRESENTADOR.-
Estás en lo cierto.
SANCHO.-
¿Y qué sucede en la historia?
PRESENTADOR.-
Que el nuevo gobernador de Barataria, como es costumbre en la villa, debe resolver algunos problemas de difícil solución.
SANCHO.-
Eso me dicen los de ahí fuera, pero yo no quiero. Yo no sirvo para resolver problemas.
PRESENTADOR.-
¿Y para que has dejado que te hagan Gobernador?
SANCHO.-
Pues como todos, para engordar mi tripa y mi bolsa.
PRESENTADOR.-
Pero si no demuestras que puedes resolver los problemas, elegirán a otro como gobernador, que será el que engorde en tu lugar.
SANCHO.-
¡Por las barbas de mi señor!, eso no estará bien. ¡Que vengan esos problemas!
PRESENTADOR.-
¡Bien dicho!
SANCHO.-
¡Y mejor bicho!
(Entran el Labrador, que lleva una tela entre sus manos, y el Sastre).
PRESENTADOR.-
Atento, ahí llegan los problemas.
SANCHO.-
Parecen dos tiparracos muy estirados.
PRESENTADOR.-
Escucha, Sancho; va tu panza en ello.
SANCHO.-
Silencio y a degüello.
LABRADOR.-
Buenos días.
SASTRE.-
Buenos días.
SANCHO.-
Buenos días.
PRESENTADOR.-
Calla y escucha.
SANCHO.-
Callado como un cerdo de hucha.
LABRADOR.-
¿Qué opinas de esta tela?
SASTRE.-
Es una tela de buena calidad.
LABRADOR.-
Además de buena, me ha costado mucho dinero.
SASTRE.-
Estupendo digo, por decir algo.
LABRADOR.-
Me han dicho que eres buen sastre.
SASTRE.-
El mejor de esta villa, aunque me esté mal decirlo.
LABRADOR.-
¿Puedes hacer una caperuza con esta tela?
SASTRE.-
Puedo, pero no trabajo gratis. Eso, por lo que dicen, sólo lo hacen las gentes de teatro. Te cobraré diez reales.
LABRADOR.-
El trabajo es vuestro, pero sólo te pagaré ocho.
SASTRE.-
Ocho, a la una; ocho, a las dos; ocho, a las tres. Te lo haré por ocho reales.
(El Labrador le da la tela al Sastre).
LABRADOR.-
(Que se aleja del Sastre en dirección a Sancho y el Presentador).
¡Hasta mañana!
SASTRE.-
Hasta mañana.
(El Labrador se acerca hasta los otros dos y el Sastre manosea la tela, mientras la observa con detenimiento).
LABRADOR.-
(A Sancho y Presentador).
El Sastre no ha protestado con la rebaja que le he hecho.
SANCHO.-
Más vale ocho de diez, que cero de nada.
LABRADOR.-
No, eso significa que piensa quedarse con el paño que sobre. Seguro que sobrará paño para otra caperuza.
(Al Sastre).
¡Un momento y otro momento!
(Se acerca al Sastre, que sigue ensimismado con la tela).
LABRADOR.-
Sastre…
SASTRE.-
El mejor para evitar un desastre.
LABRADOR.-
¿Puedes hacer dos caperuzas en lugar de una?
SASTRE.-
No hay problema, pero te costará ocho reales más.
(Se separan de nuevo Sastre y Labrador).
LABRADOR.-
Estoy seguro de que aún sobrará tela y ganará un buen dinero vendiéndola…
PRESENTADOR.-
¡Alto!
(Sastre y Presentador quedan inmóviles como estatuas).
Estimado público, para no cansaros con tanta caperuza os diré que el desconfiado Labrador, volvió para decirle que hiciera tres caperuzas, luego cuatro y al final hasta cinco. A lo que accedió el Sastre.
SANCHO.-
Mal asunto, quien de todo desconfía, de si mismo tampoco se fía.
PRESENTADOR.-
Y ahora llega el problema que tienes que resolver.
SANCHO.-
Con tanta caperuza me había olvidado del bendito problema.
PRESENTADOR.-
¡Acción!
(Labrador y Sastre se acercan a toda prisa hasta Sancho).
SASTRE.-
Señor Gobernador.
SANCHO.-
(Mira hacia atrás y hacia los lados hasta darse cuenta de que el gobernador es él).
¿Eh?, ¿oh? ¡Ah!
(A voz en grito).
¡Decidme gobernados!
SASTRE.-
Señor, este hombre ha venido hoy a recoger las caperuzas, pero no las ha querido y tampoco quiere pagarme el dinero por el trabajo.
LABRADOR.-
Señor Gobernador, este es un listo y es él quien debe pagarme el dinero que me costó la tela.
SANCHO.-
¿Eh?, ¿oh?
PRESENTADOR.-
Dile que te enseñe las caperuzas.
SANCHO.-
(A todo grito).
¡Enseñadme las caperuzas!
(El Sastre le muestra una de sus manos).
PRESENTADOR.-
(Al público).
Las caperuzas son tan pequeñas que tiene colocada una en cada uno de los dedos de su mano.
SANCHO.-
Pequeñas, muy pequeñas caperuzas.
SASTRE.-
Si tenía que hacer cinco con la tela que me trajo, yo no podía hacerlas más grandes.
SANCHO.-
¿Eh?, ¿oh?
PRESENTADOR.-
Eres el Gobernador, tienes que decidir; debes resolver el problema.
SANCHO.-
¿Eh?, ¿oh? Los dos sois unos listos, vale. Decido que tú, por desconfiar del Sastre, te quedarás sin paño y sin caperuzas. Y tú, Sastre, querías darle una lección a este desconfiado, lo has conseguido, y con eso te bastará para considerarte pagado, porque el trabajo de hacer las caperuzas no te lo pagará nadie. Podéis iros, gobernados.
(Sastre y Labrador salen cabizbajos).
(Se escucha el sonido de una multitud que vitorea).
PRESENTADOR.-
¡Bravo, viva…! ¡Alegraos querido público! ¡Un gran hombre ha sido nombrado gobernador de la Ínsula de Barataria!
(Continúa el sonido de la multitud).
SANCHO.-
¿Y ahora puedo al menos engordar la tripa?
(Se escucha el sonido de una multitud que vitorea).
PRESENTADOR.-
¡Un gran hombre ha sido nombrado gobernador de la Ínsula de Barataria, que más grande aún quiere ser!
(Continúa el sonido de la multitud).
SANCHO.-
(Mientras sale con el Presentador).
¿No ha estado mal verdad?
PRESENTADOR.-
Todo lo contrario, ha estado muy bien.
(Salen ambos).

Fin


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Publicado el Viernes 20 de abril de 2012

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