Aprovechando que Guaira -Gabriel Castilla- me dijo que podía usar aquí en Titerenet cualquiera de los guiones contenidos en sus libros, no he podido resistirme a trasladar a estas páginas virtuales su obra titulada “Sueño del niño dormido”, en la que, entre otras cosas, nos demuestra que con pocos recursos se puede construir una historia conmovedora. ¡Gracias, Guaira!

Sueño del niño dormido.
De Gabriel Castilla.

Pieza para teatro negro.

Personajes:
Fernando: Niño. Guante celeste con esfera blanca y lisa de cabeza.
Patricia: Niña. Guante rosa con esfera blanca y lisa de cabeza.
Balón: La esfera blanca de la cabeza de la niña en guante negro.

Fernando entra por la izquierda trayendo el Balón y lo pone en el suelo.
Mira en derredor y opta por un lugar hacia dónde patearlo. Lo cambia de sitio. Toma impulso.
Corre hacia él pero éste se desliza hacia la derecha.
El niño detiene su carrera sorprendido. Se aproxima lento, cauto, y veloz lo toma y lo regresa a su sitio.
Se retira, corre, y esta vez el Balón va hacia la izquierda.
Otra vez, con cautela y velocidad lo apresa.
Descansa un momento. Y después lo hace botar en el piso pero en seguida el Balón rebota aquí y allá sin que él logre tocarlo.
Cuando puede tenerlo lo golpea con la cabeza una y otra vez sin dejarlo caer pero en seguida queda suspendido en el aire.
Fernando salta tratando de alcanzarlo y el Balón se desplaza a los lados.
Cuando logra prenderlo lo coloca en el suelo para patearlo, toma carrera pero éste se corre. Él pasa de largo, el Balón le golpea el trasero y se ubica detrás suyo.
El niño lo busca perseguido por él que a ratos da en su cabeza y torna a ocultarse.
Fernando, triste, se sienta en el proscenio.
El Balón rueda hacia él. Lo golpea suavemente pero el niño sigue alicaído. Sube por su cuerpo y baja por el otro costado. Bota incitándolo y él sigue indiferente. El Balón deja de jugar. Se va yendo despacio y Fernando se lanza sobre él. Forcejean. Trata de zafarse y lo lleva a rastras por toda la escena hasta que, agotados, quedan en el centro descansando. Al rato el Balón bota sobre su cuerpo.
Pero el niño ya se ha dormido. El Balón reposa junto a él.
Al tiempo el Balón se eleva dejando ver que ya es la cabeza del cuerpo de Patricia que se despereza y se sienta a un lado y permanece indiferente y quieta.
Fernando, siente su presencia y se despierta.
La descubre. La observa.
La toca y ella se aparta.
La toca otra vez y ella hace lo mismo.
Fernando trata expresivamente de llamar su atención.
Ella lo mira, ausente.
Él se acongoja y se sienta aparte.
Patricia se desplaza un poco. Otro poco y queda junto a él.
Fernando está inmóvil, conmocionado.
Ella le da un empellón.
Él se hace a un lado, azorado.
Vuelve a empujarlo.
El niño reacciona y la empuja a su vez. Así el uno y el otro, divertidos, hasta que quedan mirándose de pie.
Él traga saliva.
Ella mira el suelo.
Él salta jugando para disimular.
Ella le toma la mano.
Él tiembla.
Ella lo besa.
Él se desploma.
Ella se acurruca a su lado.
Dormitan.
Ahora Fernando se despierta y se extraña mirándole la cabeza. La acaricia con ternura.
Se incorpora. La toma con sus manos y la eleva convertida otra vez en Balón.
Lo lanza al aire.
Y así.
Se van yendo hasta desaparecer.

APAGÓN LENTO.

Esta obra es una de las que componen el libro: Slurp, Obras de títeres y una rutina para payaso


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Publicado el Domingo 2 de octubre de 2011

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