En este intransigente mundo del teatro, tan lleno de cultos, los que no somos sino meros cómicos debemos rescatar del olvido a nuestros abuelos intelectuales. Y es que la gente del pueblo también tenemos nuestro pequeño intelecto.

Bien es sabido que muchos de los que nos dedicamos a este oficio y arte mantenemos, ante un mar de señores y señoras cult@s, que el teatro de títeres nace, se alimenta y sobrevive gracias al teatro popular.

Me permitirán “vuesas mercedes” que ante la estrechez de mi intelecto y de mi mentón, ose referir algunas citas del libro que reseño. y que nos lleva con buen pie, desde el paso del siglo XVI al sainete rápido del siglo XX, mientras pasamos con algo de hambre por el entremés, el sainete y el género chico.

“En la tradición del teatro cómico popular abundan las obras dramáticas de corta duración y de autor culto, destinadas al público en general con el fin de entretenerlo mediante la utilización de burlas y caricaturas. Además, el espectador reconoce los temas, los ambientes y los personajes porque proceden de una tradición constantemente actualizada”.

Si no hablasen de otra cosa, diría yo que hablan de títeres y marionetas; a fe mía.

“Sin perjuicio de su finalidad cómica, a veces, aparece una intención de crítica social más o menos evidente”.

O bien, para nadar hay que guardar la ropa.

Ya a finales del siglo XVI estaba bien arraigada la lucha teatral entre el bien y el mal, entre los cultos y los cómicos. Tanto, que un autor cómico, o un cómico metido a autor, como lo fue Luis de Quiñones, define el entremés en uno de los suyos:

“Entremés es una salsa
para comer la comedia;
entremés es un donaire,
hablando con reverencia,
que hay muy pocos que le acierten
y infinitos que le muerdan;
que hay cual y cual que le alabe
y nadie que lo agradezca”.

“En esta definición vemos dos características: una, acompañante e incluso remedio de una comedia; otra, el poco aprecio de los cultos y, sin embargo, su gran dificultad”.

Pero no quiero terminar esta entrada sin una salida o final, en la que menciono a Carlos Arniches y sus “cuadros”, inmersos ellos en el “sainete rápido”.

El texto entrecomillado habla de Madrid, pero pongamos que hablo de cualquier ciudad.

“Estos cuadros pintan un ambiente que el ‘otro’ Madrid, el del Centro, desconoce. Se trata de un Madrid que se esconde, bajo apariencia alegre y desenfadada, en un mundo triste, desgraciado, cuyos habitantes se hunden en la desesperanza, a veces conformista”.

Terminamos en triste aunque hemos hablado del teatro cómico. Una paradoja, o tal vez, no.
O como decía uno de mis abuelos: Vive Dios, que como yo, no hay dos.

El Teatro Cómico Popular
Editorial Castalia
Edición a cargo de Beatriz Pérez Sánchez y Ángel Muñoz Calvo
ISBN: 84-7039-899-7

Si quieres hojear el libro, puedes acudir a los Previos de Google.


Publicado el Miércoles 7 de abril de 2010

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