Mironescópio: a Máquina do Amor

Mironescópio: a Máquina do Amor

La idea de atraer al público con propuestas íntimas y casi personalizadas lo he visto algunas veces pero pocas con el acierto en el envoltorio y en la justificación con los que A Tarumba ha creado su espectáculo. La razón está en la temática escogida: una combinación de Erotismo y Voyeurismo que exige, por su propia naturaleza, un contacto íntimo y directo con el espectador.

El planteamiento es atrevido y radical: se recibe al público, no más de entre 12 y 15 personas, en un espacio íntimo sin separación entre titiriteros y espectadores. El espacio es tórrido y oscuro, iluminado a base de lucecitas rojas, y ambientado con música insinuante y envolvente. Entretanto, unos actores-manipuladores que responden a los nombres de Dr. Erotikone, Madame Gigí, Dr. Ambrósio, Madame Mimí Koi Koi, Madame Fru-Frú y Madame Sissí atienden al respetable. Como puede imaginar el lector, las Madames van adecuadamente vestidas o más bien poco vestidas –aunque sin destapes ni top-less– según la más exquisita moda vintage mientras los señores lucen elegantes trajes repletos de pedrerías y adornos del París más chic de los años veinte. Pero lo que importa aquí es el tono del recibimiento, que será también el general del espectáculo y que lo cruza de principio a fin: un tono de humor fresco y una pompa protocolaria trufada de deliciosas ironías, de segundas intenciones y de una falsa ingenuidad desde la que es posible hablar con absoluto descaro y libertad de los apetitos más íntimos, delicados e inconfesables de los seres humanos, hombres y mujeres. Un tono dual y ambiguo, en el que se habla de una manera pero se obra y se ve de otra, y que constituye sin duda uno de los principales logros de la propuesta.

O Paradiso

O Paradiso

Para desarrollar su idea, A Tarumba ha inventado unos aparatos con forma de cajas oscuras, provistas de un agujerito por el que mirar, y que esconden cada uno de ellos mundos, personajes e historias distintas pero todos girando alrededor del tema erótico. Son los “mironescópios”, cada uno de ellos servido y accionado por una Madame o por un Monsieur, y por el que sólo puede mirar un único espectador. En ellos vemos lo que no nos dicen las palabras, pues cada una de sus mirillas nos abre a escenarios de placer y de seducción, cuando no de frescas ironías o de salvajes ocurrencias. No desvelamos los contenidos para no anticipar lo que debe mantenerse en la intimidad y en el secreto.

El esquema es perfecto: mundos encerrados en cajas mágicas que unos anfitriones medio magos medio Madames nos ofrecen para que entremos en ellos a través de la mirada íntima y personal, siempre indiscreta, con absoluta libertad para entender e imaginar lo que queramos. Exquisita la variedad de los temas, la realización llena de color y de sensualidad de cada una de las escenografías, así como las historietas inventadas por Rute Ribeiro y Luís Vieira, que en ningún momento rozan lo chabacano sino que se mantienen en un sutil equilibrio entre la corrección refinada del “cómo se dice” y la descarnada realidad de “lo que se dice”.

Potente también la idea de un espacio de universos múltiples encerrados en cajas misteriosas por las que sólo se puede mirar uno a uno a través de una pequeña mirilla, y con el añadido de unos cascos de audio que te aislan del entorno y te absorben hacia lo que se abre dentro. Visto un mundo, se vuelve a la atmósfera perfumada, oscura y ambigua del entorno hasta que otro de los oficiantes te invita al siguiente “mironescópio”. Una hora de inmersión erótica en sucesivos mundos jocosos y refinados que te sacan de la banalidad urbana del día a día.

“Mironescópio: a Máquina do Amor” es un espectáculo que se abre a universos de múltiples posibilidades, eróticas en este caso, el mejor lubrificante para que los espectadores, siempre desconfiados ante las novedades del género, entren sin chistar y sin la menor resistencia a espacios multidimensionales de narrativas no lineales. Sin duda, una de las mejores pedagogías para los futuros que nos esperan –o para los presentes que nos acechan…–.


Publicado el Sábado 27 de marzo de 2010

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