El arte como vehículo para manifestar una idea, respecto del mundo que lo rodea

El mundo está cambiando. No sólo por sus movimientos sociales, sus avances y retrocesos; sino, también, porque pasan cosas que están más allá de nuestro alcance, de nuestras expectativas. Hablo de las catástrofes, de los imprevistos (¿lo serán?) de la naturaleza; hablo de cómo eso nos deja desnudos, impotentes y pequeños. En definitiva, hablo sobre un hecho que debiera servir para replantearnos las cosas.

La vida ha tomado un ritmo vertiginoso, demasiada velocidad para todo. La mediatización de las relaciones sociales contribuye a que las distancias sean invisibles, no existan. Podemos hacer muchas cosas en muy poco tiempo, casi sin esperar, sin disfrutar de los procesos. Obviamente, la velocidad tiene sus blancos y negros: aspectos positivos y otros no tanto.
Esta opinión no intenta ser un sermón sobre los tiempos; no. Muy por el contrario, me surgió la idea de que, ante algunos hechos, debemos parar, mirar y repartir nuevamente. Digo esto, ahora, en estos días, en que en Chile están viviendo una situación de emergencia, a raíz del terremoto de escala 8.8, que destrozó todo; digo esto, luego de que, en Haiti, un terremoto devastara casi en su totalidad al país. Pienso ¿qué estamos haciendo nosotros por nosotros mismos? ¿estamos siendo plenos y felices, ahora que tenemos muchas cosas para poder serlo?. Creo que no, que aún no lo somos.

¿En qué se relaciona esto con el teatro de títeres?. Bueno, nuestro oficio, nuestro arte, es un arte enteramente popular. Y cuando utilizamos el adjetivo “popular”, decimos que está íntimamente ligado al pueblo, a la gente. Y esto es lo que interesa: el teatro de títeres no puede estar ajeno a todo lo que nos acontece. Si el teatro occidental tuvo siempre como característica el ser un lugar para repensar a la sociedad y sus problemática, los títeres como entidad teatral no deben ser menos. Es más, nuestro arte tiene herramientas para plantear eso y mucho mas. Su lenguaje grotesco es una herramienta pedagógica de gran importancia, capaz de transmitir ideas profundas, con gran economía de recursos y alta efectividad.

Un terremoto ha destrozado nuestro lugar, nuestra cotidianeidad. La tierra se está acomodando; nos demuestra, cada vez que se despereza, su fuerza, su poder. Y así como nosotros, por ir a velocidades cada vez mayores, no vemos a nuestro alrededor, ella no mide en costos: todo pasa a ser escombro, incluso nosotros.
Entonces, digo, este tipo de cosas debieran servirnos para ver lo que estamos haciendo. Y eso nos incluye, nos pone en una situación de mucha responsabilidad: nuestro arte debe ser un vehículo para transmitir ideas, valores, sentimientos, vivencias y emociones, sensaciones afines al hombre, que permita recrearnos, crecer, mejorarnos.

El mundo está cambiando. Y nosotros también. Los titiriteros ¿podremos ir a la par con eso?.

Desde esta redacción, en algún lugar del mundo, todo nuestro apoyo a los colegas chilenos, en está dura situación.


Publicado el Lunes 1 de marzo de 2010

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