Isabel Padilla, directora del Teatrito La Rana, junto a amigos.

Nuestro arte se caracteriza por el andar. Con más o con menos, los titiriteros nos movemos de un lado a otro. Adaptamos nuestro trabajo a las posibilidades del lugar y seguimos adelante. Pero, si bien tenemos esa posibilidad, también es cierto que si nuestro oficio quiere un lugar en el mundo de las artes escénicas (lugar que le corresponde por lejos y que, desde siempre, le es escamoteado) debe poder detentar un lugar dónde desarrollarse a nivel escénico. Esa es la importancia de los centros, de las salas, de los pequeños o grandes teatros dedicados al arte de los títeres.

En Latinoamérica ser artista es una proeza; mucho más lo es administrar un lugar en el que se presenten los trabajos. Claro que hay categorías, más o menos reconocidas; teatros mejor montados y otro no tanto; espacios oficiales, comerciales y otros alternativos. Pero vayamos a lo que nos interesa: verdaderos espacios dedicados a los títeres. Bueno, los hay; sí. Y dentro de las expectativas, se puede decir que son buenos. Y eso es lo que quiero destacar: que toda esa calidad, esa eficiencia en el trabajo, detrás conlleva un esfuerzo increíble, generalmente con pocos recursos. Porque, de esto se trata la nota, oficialmente se le dedica poco a la cultura. Y, ya que de cultura hablamos, culturalmente habría que entrenar al público: que la sala tiene gastos, que hay que cobrar una entrada y que ver un show de títeres es igual o más gratificante que ir a ver al Hollidays On Ice (sin descalificar aquí los méritos de éste).

Bueno, y para no quedarme en palabras, quejas y chachara, les voy a presentar el caso de una sala dedicada al arte de los títeres, que funciona en la ciudad de León, en México. Se trata del Teatro La Rana.
La Rana tiene tres años de vida. Hasta no hace mucho funcionaba subsidiada por una beca otorgada por el Fondo Nacional por la Cultura y Las Artes (FONCA), otorgado por el Estado mexicano. Pero debido a la crisis, la beca se cortó y la sala estuvo a punto de cerrarse. Y aquí viene lo lindo de nuestro oficio. Porque la sala no cerró: la Cía. Francesa Guignol Des Champs Elysées acudió en ayuda del proyecto, que hoy día continua con su labor.

La importancia de esta acción radica en que, en La Rana, han actuado muchos grupos nacionales, como internacionales, llevando a la región espectáculos de variadas temáticas y de lo mejor. Y también, en la importancia que para nosotros tienen los espacios de difusión, de representación y de creación; para poder acercarnos al público, para crecer en nuestro oficio. Por último, lo excelente de las redes: los vínculos que vamos creando en nuestro andar.

El tema de los espacios, las salas, su creación y su supervivencia, es algo que me parece prioritario. Es por ello que seguiré mostrando aquí otros proyectos, otros lugares que se interesan por el arte del títere; que lo potencian y lo revitalizan.


Publicado el Martes 16 de febrero de 2010

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