
Fotos: Jesús Solo de Zaldívar. El Público espera la Ópera.
Los días 6, 7, 8 y 9 de diciembre el Teatro Echegaray programó cuatro días seguidos de Ópera. Dos compañías, Nona Teatro y la Camerata Lírica de España, hicieron un total de 8 funciones. Llenazo total y éxito de público. La Gran Música para los más pequeños, un género creciente que entrecruza caminos y educa, entretiene.
Valoración crítica de las tres obras que estuvieron en cartel.
“¡Qué grande es Mozart!” de la Nona Teatro, es un espectáculo didáctico que tiene su defecto en su principal virtud. Se cuenta la vida del gran músico con claridad pero también este excesivo “dar con cuchara” al pequeño espectador y familia, su vida y milagros, lastra el ritmo del espectáculo y distancia la Ópera en sí misma, pues sirve de ejemplo para la narración y actuación de los dos clowns. Son ellos los que cuentan la vida de Mozart, nos divierten, nos traen, nos llevan, compartimos admiración por el genio y su obra. Pero la música cantada y los mismos intérpretes de los fragmentos de la Ópera elegidos, corren el riesgo de despertar solamente un interés museístico. A ello contribuyen los ropajes, la actitud y el distanciamiento espacial de los cantantes con respecto al público. Es difícil competir así con la cercanía de Garzón, el payaso desastroso que tanta gracia y simpatía despierta durante la función.
El ambiente circense que logra la compañía funciona, la complicidad con la platea es total. Y además, lo cuentan todo o casi todo de Mozart: Salzburgo, Martí i Soler, la prolijidad del músico y sus 700 obras, su temprana muerte con 35 años, la obra incompleta, el Réquiem, Salieri, Lacrimosa, etc…Y muy bonito el final de la obra con todos coreando ¡Qué grande es Mozart! ¡Mozart es un grande!

En el balcón. La Batuta Mágica.
La misma compañía estrenó al día siguiente y por partida doble, a las 11 y a las 13 horas, “La Batuta Mágica”, ópera para niños basada en “El barbero de Sevilla” de G. Rossini. Al ser un día especial, José Manuel Grazón, el director, habla al público antes de comenzar la función. ¡Esta vez, se trataba de ver y oír la Ópera directamente! evidentemente adaptada y seleccionada para la ocasión. Estaba claro que, en éste caso, la compañía afrontaba un reto mayor. Para los más pequeños fue quizás, un reto demasiado grande, alejado todo didactismo y una vez que ha tomado protagonismo la música, la voz y la interpretación de los cantantes. Hubo muchos momentos muy buenos, momentos en los que la propia Ópera, sin intermediarios, seduce a un público entregado.
El primer dúo de Lindoro, el pretendiente, y Fígaro, el Barbero, hace presagiar el disfrute sin ambages, de la Ópera. Además el Teatro Echegaray permite escenas como las del propio Lindoro disfrazado de don Basilio, andando por enmedio de la grada; un gran acierto que el engaño que los enamorados perpetran sobre don Bartolo, el viejo que pretende casarse con Rosina, se desarrolle en una suerte de comedia de enredo que termina en boda al mejor estilo Molière.
Los dos últimos días fueron para “Orfeo. El supercantante” por la Camerata Lírica de España. De los tres espectáculos, es el más arriesgado, su tono poético, -el tema lo permitía-, la desnudez del escenario y de las voces, el complejo y obligado resumen de una historia que cruza las entrañas del Averno para devolver a la vida a Eurídice, etc… son elementos que dan más densidad a la propuesta, pero también más enjundia.
Orfeo, ayudado por Cupido, seduce con su canto a Caronte para rescatar a su amada. También ellos utilizaron las gradas, allí subió Orfeo perseguido por el alma de Eurídice a la que no podía mirar si quería escapar con ella. Lo sorprendente de ésta propuesta es que quizás los pequeños se divirtieron menos, pero se sobrecogieron más. Y al terminar estaban llenos de preguntas, recordaban los nombres de Eurídice y de Orfeo. En cuanto a Cupido, como siempre, fué el más olvidado, “¡Ah, el de la flecha!”, respondía algún niño.
Los efectos sonoros, las proyecciones, los apuntes contemporáneos en la coreografía, el contínuo lamento de Orfeo, las referencias a la Divina Comedia, la voz en off del barquero, etc… dan pistas de la valentía de este espectáculo que tiene su eje más frágil y a la vez más poderoso, en la tensión dramática sostenida entre el canto y la declamación.
Más fotos en arpa.







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