Muñeca saltando

Muñeca saltando


Fotografía de BL1961

Como mi exposición para abrir el debate no debería hacerse eterna, voy a ir poniendo sobre la mesa, a través de Titerenet, los distintos bloques que conforman el planteamiento que posteriormente expondré de forma más sintética en Galicreques, enriquecido con las aportaciones y puntos de vista que queráis aportar a través de Titerenet.

Mi intención es publicar tres artículos:

  • En situación: Este artículo que vas a leer en el que intento mostrar una perspectiva del teatro de títeres que tal vez no sea la más habitual.
  • Internet como oportunidad: Donde pretendo aclarar muchos malos entendidos sobre internet, su supuesta utilidad para el mundo del teatro y la forma sensata de aprovecharlo, sabiendo lo que se hace y para qué. Procuraré incluir bastantes ejemplos prácticos y útiles, de andar por casa.
  • Titerenet ¿para qué?: Intentaré mostrar para qué sirve realmente Titerenet, cómo funciona, las dificultades que enfrentamos y qué papel juega en el mundo del títere.

Espero que buena parte de los asistentes a la mesa redonda y de los profesionales que visitan Titerenet encuentren estos temas tan apasionantes como me lo parecen a mí. Titerenet es sólo una parte de la exposición, consecuencia inevitable de los planteamientos que se presentan. Sin embargo, lo importante de esta discusión, lo fundamental, no es Titerenet. En este caso no somos protagonistas, porque lo verdaderamente importante es el conocimiento realista y lo menos distorsionado posible de la realidad del teatro de títeres.

Antes de pasar a la primera parte, puntualizo que en todo momento me refiero al teatro de títeres en España, que presenta diferencias sustanciales con el de América latina en los aspectos que aquí se tratan y que no tienen nada que ver con consideraciones artísticas.

En situación

El teatro de títeres en España hoy en día aún lleva parte de la inercia del empujón que supuso la creación de festivales en los años 80. No hay que olvidar que la semilla de esos festivales que florecieron en España nos llegó a través del Atlántico.

Muchas de las compañías de títeres más importantes nacieron de ese caldo de cultivo, en la misma década que esos festivales, y en no pocas ocasiones se da una relación simbiótica entre unas y otros.

¿Cuál es el panorama actual (social, cultural, económico y laboral) del teatro de títeres? Nadie lo sabe a ciencia cierta, porque a nadie le interesa saberlo. Lo que tenemos son visiones parciales desde distintos puntos de vista, principalmente los de las compañías y los festivales, datos fragmentados y dispersos.

En el caso de las compañías debemos tener en cuenta que existen diferentes categorías y que no todas pueden compartir el mismo punto de vista.
No es lo mismo una S.L. constituida hace 10 o 15 años, que una asociación o un autónomo. No es lo mismo la empresa que cuenta con personal administrativo que el titiritero solitario. No es lo mismo hacer 150 actuaciones al año que 20, y no todas las compañías actúan en festivales o teatros… Por lo tanto, resultaría lógico pensar que no todas las compañías ven el mundo del títere de la misma forma, y menos cuando no hay un conjunto de datos homogéneos y accesibles para todos. La realidad puede ser del color del cristal con que se mire.

El grueso de las funciones de teatro de títeres son aquellas contratadas por ayuntamientos y diputaciones, que se desarrollan en la calle o en espacios no convencionales para el teatro (centros cívicos, casas de cultura, colegios…). Sin disponer de todos los datos, pero con una buena muestra, me atrevería a decir que este tipo de funciones puede representar entre un 75% y un 90% del total como mínimo. El resto estaría dividido entre salas, teatros, festivales, muestras, redes, etc.

¿Por qué contratan tantos títeres los ayuntamientos? ¿Por su gran calidad? ¿Porque lo aprecian como una oferta cultural muy valiosa? Evidentemente hay ayuntamientos y ayuntamientos, pero en muchos casos el parámetro que marca la diferencia es sólo uno: el precio. Los ayuntamientos contratan títeres porque es muy barato, más que por ejemplo contratar a una orquesta.
Claro está que no es sólo cosa de precio, también se tiene muy en cuenta que son actividades que funcionan, que las plazas se llenan (como lo harían por otra parte con casi cualquier otra actividad) y los niños quedan encantados, por lo tanto los padres también. Contratar espectáculos de títeres como actividad sociocultural es una apuesta segura y asequible.

El público… Que pase.

Tal vez me lluevan palos por decir esto, pero creo que el público ocupa a día de hoy un puesto muy poco destacado en los intereses y prioridades de las compañías en los tiempos que corren, y tiene su lógica.

El público de títeres, ateniéndonos a ese 75%~90% hipotético que mencionaba antes como grueso de las funciones, es un público circunstancial. En su mayoría irá a la plaza cuando se programe una actividad gratuita y más si se anuncia como infantil, para sacar a pasear a los niños. Es una actividad, es gratis y es el momento, pues se va. Como mucho, tirarán más “Los tres cerditos” que “Estupor trascendental del títere”, pero nadie (o casi nadie) dice “¡Anda! Viene la compañía Mengano Teatro. Son buenísimos, hay que ir a verlos”. La gente de la calle no conoce a las compañías de títeres. No hay un “Circo del Sol” en el mundo de los títeres. Por supuesto está el caso de compañías que son habituales de una población y que tiene su público, que los espera con ganas año tras año, pero ese no es el grueso del público del teatro de títeres.

En general, si eliminamos los teatros y salas de Madrid y Barcelona, que son casos teatrales únicos en España, el público de teatro de títeres no paga por las funciones. Mejor dicho, no paga entrada, porque las funciones sí que las paga. El que paga (cuánto tarde es otra cuestión) es el Ayuntamiento. Por lo tanto, al primero que tiene que satisfacer la compañía con su oferta es a éste.
Para decirlo de una forma simple: los folletos, trípticos, cartelería e incluso las páginas web se hacen pensando en los programadores (más mal que bien, pero esa es otra cuestión que veremos en la segunda parte), pero casi nunca en el público.

Suponemos que todos los ayuntamientos son ejemplares y un modelo en la gestión, también para programar teatro, por lo que contratarán a compañías de reconocido prestigio y espectáculos buenos, novedosos, divertidos o educativos y que dejen huella, por supuesto después de que el gestor cultural haya visto dichos espectáculos. Por eso, ellos harán de filtro y se preocuparán por el público, lo que obligaría a las compañías a hacer buenos espectáculos para sobrevivir, puesto que los ayuntamientos se regirán por criterios de calidad para contratar.

Todos sabemos que esto sólo es así en contadas ocasiones. Nos guste o no, hay un importante volumen de contrataciones en las que no se aplica ningún criterio de calidad, sólo de precio. A veces hay suerte y se contrata a una buena compañía con un buen espectáculo y a veces no, pero tampoco tiene mayor importancia. Estos suelen ser aquellos lugares donde te colocan a las cuatro de la tarde en agosto en medio de un párking, donde un concejal menosprecia a voces a los titiriteros que contrató, o donde una señora en un banco se escandaliza de que te paguen por mover un muñeco. No son cosas que me esté inventando. Son historias reales que he vivido y que oigo casi a diario, y cualquier compañía de títeres seguro que conoce algunas más.

No sé si las compañías compartirán este punto de vista. Tampoco tengo muy claro que una compañía pueda aceptar la idea, o reconocer que el público no es su máxima prioridad, pero creo que puede aceptarse la idea de que el público no es un factor determinante en la contratación de una compañía, en el caso concreto de los ayuntamientos y similares. El público no decide qué compañía actúa, simplemente va a ver títeres o no.

Pero ahí está. Los ayuntamientos continúan contratando posiblemente la mayor parte de las funciones de teatro de títeres en España, aunque tarden más en pagar, por lo tanto la maquinaria que se puso en marcha con la aparición de los festivales sigue funcionando.

Ese impulso del teatro de títeres en España, que estalló en todo su esplendor en los años 80 del siglo pasado dando muchos más frutos que los evidentes, creo que se está debilitando, por diversos motivos que habría que analizar por separado. Esa pérdida de fuelle, lógica y comprensible después de casi 30 años, unida a una crisis que está afectando de forma muy directa a los ayuntamientos, a la financiación y a los presupuestos, puede acabar siendo un fuerte varapalo para el tejido del teatro de títeres dentro de unos años.

Sé que muchos titiriteros no estarán de acuerdo conmigo. Hoy se están consolidando y desarrollando grandes proyectos para el títere, se siguen creando festivales y casi todos los veteranos continúan en pie; es cierto, pero todo eso, a pesar de su gran importancia es sólo una pequeña parte del teatro de títeres. Puede que la que mayor orgullo nos proporcione a los propios titiriteros, como muestra de lo importantes que somos, pero ni el teatro de títeres puede seguir siendo lo que es hoy sólo con los festivales, ni los grandes proyectos tienen asegurada su financiación en los próximos años, ni ninguno de esos elementos representa el grueso de la facturación de la mayor parte de compañías. Pero además, y tal vez lo más importante, es que ahí fuera hay una multitud que se interesará por el títere si se le da la oportunidad, y prácticamente nadie los está teniendo en consideración. ¿Estamos siendo conformistas?

No es mi intención presentar un panorama apocalíptico, ni mucho menos. La situación del teatro de títeres en España, a pesar de todo, es muy buena, tan buena que cada uno se conforma con lo suyo y lo desliga del conjunto. Lo que quiero mostrar es una visión un poco más amplia de la actividad del títere, más allá de un elitismo cultural -contra el que no tengo nada- poniendo sobre la mesa una realidad que muchos no se quieren ni plantear porque piensan que no les afecta.

Además de posibles problemas se ven también grandes oportunidades, un panorama con un enorme potencial que para desarrollarse necesita una mayor cohesión y datos fiables que nos permitan saber dónde estamos exactamente y hacia dónde vamos. Vivimos en la era de la información y esto tiene su importancia, porque la relación de la gente con la información y entre sí está cambiando. Y todo es información, incluso un espectáculo de títeres.

En este escenario, internet como medio de comunicación y difusión representa una gran oportunidad. Pero hay que tener cuidado, porque el significado, las formas y las implicaciones de “comunicación y difusión” no son ya exactamente las mismas que se te pueden venir a la cabeza. No hablo de publicidad, ni de correo electrónico.

En la segunda parte veremos cuál es la utilidad real de internet para la gente del títere en particular, y del teatro en general.

Te invito a rebatir, discutir o ampliar cualquiera de los planteamientos expuestos. Puedes hacerlo un poco más abajo, en los comentarios.


Publicado el Jueves 10 de septiembre de 2009

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