Un títere aventurero

Un títere aventurero

Hay que decir antes de nada que Antoine de Lastours no es un títere hecho para el escenario. Cada verano le hago a mi hija un títere con el que nos vamos de viaje. Es un títere para jugar, para hacerse fotos, para vivir aventuras. Eso no quiere decir que no pueda servir para actuar, pero en ese caso quizás fuera mejor ponerle varillas a las manos o hacerle alguna variación en el guante.

Íbamos a ir a visitar varios castillos por Francia, así que el personaje de este año no podía ser otro que un caballero medieval con nombre francés. Hacía tiempo que tenía una pequeña jarrita de hojalata, de esas de adorno, comprada en un chino, que al darle la vuelta daba la sensación de ser una cabeza con nariz.

Con una broca para metal y un taladro le hice los dos agujeros que iban a ser los ojos. Antes probé a ponerle chapas, botones u otros elementos que le hicieran de ojos (¡probar, siempre hay que probar!), pero le daban aspecto de robot, en lugar de caballero andante. Así que me decidí finalmente por hacerle dos agujeros.

Rellenando la cabeza para colocar la varilla

Rellenando la cabeza para colocar la varilla


Venía entonces el problema de cómo colocarle la varilla a una jarrita de hojalata. La varilla debe estar sujeta firmemente a la cabeza y si la pegaba a la lata no iba a durar dos asaltos. Opté por coger una esponja. La recorté un poco para que encajara dentro teniendo en cuenta que no podía meterla tanto que la esponja se viera por los agujeros hechos para los ojos. La pegué con cola de contacto, hice luego un agujero en el centro de la esponja, le puse cola de contacto a la varilla y la encajé dentro. En cuanto aquello se secó, la cabeza estaba perfectamente sujeta.

Tenía entonces una cabeza de hojalata completamente reluciente con una esponja amarillo chillón dentro. Aquello había que aviejarlo e igualarlo un poco. Así que cogí betún de judea y le di una manita a la lata, a la esponja, para darle un aspecto que no permitiera saber que eso era una esponja, y, ya puestos, a la varilla en la parte que iba a ser el cuello del muñeco.

Pegando la varilla

Pegando la varilla


Para vestirlo corté una pieza rectangular de una tela dorada que tenía. El derecho era muy brillantoso, pero el revés daba un aspecto de cota de malla perfecto. Hice un agujero en el centro, puse cola de contacto en la varilla y algo en la tela. Apoyé la cabeza en el suelo, dejando al muñeco cabeza abajo y varilla arriba y le puse el vestido cuidando que los extremos largos de la tela, es decir, el frente y la espalda del vestido, quedaran bien alineados con el frente de la cabeza y su cogote. Este cuidado se podría evitar si la pieza del traje fuera circular, el resultado no creo que variara demasiado, pero yo soy un poco cuadriculado y me dio por hacer la pieza del vestido así. El caso es que los pegué y para que aguantara bien los tirones lo reforcé con una goma elástica.
Reforzando la varilla con una goma

Reforzando la varilla con una goma

¡Ya tenemos nuestro muñeco de varillas!

Pero siempre me gusta ir a más. Así que, ¿por qué no ponerle unas manos? Las manos pueden hacerse de varias formas: coserlas al traje y dejarlas huecas para poder meter los dedos; o bien hacerlas de una pieza más rígida y ponerles una varilla… Pero Antoine de Lastours tenía que poder coger objetos (por ejemplo, una espada). Así que elegí unos limpiapipas. Se podría hacer con cualquier otro tipo de alambre, pero el del limpiapipas tenía la flexibilidad necesaria. Hice la forma de la muñeca y los dedos. No me compliqué demasiado e hice sólo tres dedos. Para más hubiera necesitado un alambre más largo. Retorcí el alambre en la parte de los dedos para que no perdieran la forma. Le puse un poco de relleno en la palma de la mano. Corté dos piezas de la misma tela del traje con la forma de la mano, las pegué al alambre y cosí los bordes. Ya estaban las dos manos. Las pegué al vestido del muñeco y lo reforcé, dándoles un par de puntadas.

Dándole forma a las manos

Dándole forma a las manos

Ajustando un poco más

Ajustando un poco más

Uniendo manos y tela

Uniendo manos y tela

Las manos de un caballero

Las manos de un caballero




Ahora sí, ya estaba nuestro caballero listo para salir en busca de aventuras. Con esas manos podía coger una espada, un lápiz, señalar un camino… Sólo ponerle una pequeña capa roja para darle algo más de color… Y que no pase frío, claro.

Antoine apuntando maneras

Antoine apuntando maneras

Como ya he dicho, este muñeco se ideó y construyó para jugar. Lo suyo es que llevara unas varillas en las manos. Pero a los niños esas varillas les suelen importar un pimiento. Cogen la mano del muñeco con la suya y la mueven a su gusto sin necesidad de varilla, que al final sólo representan el riesgo de metérselas en un ojo. Sin embargo, las posibilidades de cambiar este muñeco son infinitas. Se le podrían poner las varillas para hacer un títere con una gran expresividad. También podría hacerse un traje como el que lleva el títere de guante, de tal forma que las manos del muñeco fueran los dedos del manipulador. En el casco se le podría poner el tapón de una botella, pintado para que quede igualado con el resto de la cabeza, y que de él salga un penacho. Se puede hacer con fieltro el escudo de armas del caballero y pegárselo en el pecho. Se podría hacer un escudo y ponérselo en una mano. O una espada. Se podría transformar en un robot…

Mil transformaciones para hacer un muñeco diferente, más a vuestro gusto. El caso es que os divirtáis haciéndolo y jugando con él, porque… qué son los títeres sino puro juego.

Las aventuras de Antoine de Lastours en el Tropoblog.


Publicado el Lunes 31 de agosto de 2009

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