El Toto Villarroel y una marioneta

El Toto Villarroel y una marioneta

Organizado por el colectivo Popurrí del Sur y estudiantes del Instituto Municipal de Teatro de Avellaneda, el festival contó con la presencia de algunos notables del arte titiritero como la Señora Sarah Bianchi, la compañía Payasititeres de Chile, Horacio Peralta, Pablo del Valle, Antonaeta Madjarova, compañía El Ñaque, entre otros. Se dieron charlas, pequeños talleres, se proyectaron audiovisuales, se representaron obras.

El festival no revestía fines de lucro, tan sólo se pedía la colaboración del público con un alimento no perecedero, para cubrir las necesidades de las escuelas del norte.

Hasta acá una crónica de lo más común ¿no? Pero lo cierto que no es así. El festival es una excusa, una forma creativa de solicitar, de advertir acerca de algo más triste: la desaparición de una escuela de formación profesional y humana.

Hagamos un poco de historia. El proyecto, la idea de Toto Villarroel, cobró forma por los años 80. Nació como un pequeño taller, con dos años de duración y, poco a poco, fue sumando contenido, estructura y alumnos. Hasta cobrar vida propia, ocupando un espacio que le pertenecía y le era necesario. La misma compartía su existencia, y algunos contenidos, con el Instituto Municipal de Teatro.
Allí se formaron muchos de los titiriteros de esta nueva generación. Aprendían de técnicas, estudio de la voz, actuación, construcción y demás cosas tan necesarias para el buen desempeño profesional que hoy día se requiere.

El propio Toto Villarroel daba clases allí. Y cómo me dijera un colega, la Escuela fue más que un lugar de formación en títeres, fue una escuela de vida. Lugar de formación; lugar de educación; se forjaron actores y, al mismo tiempo, seres sociales comprometidos desde su arte con la realidad circundante.

Todo esto se apagó. La Escuela con entidad propia ya no existe. Se la redujo a unas cuantas materias que pasaron a formar parte de la curricular del Instituto de Teatro. Y no está mal que un actor entienda de títeres, claro que no. Pero el teatro de títeres es un arte per se. No hace falta que el teatro de actores nos preste nada, aunque compartamos mucho, tengamos muchas cosas en común.
El ser titiritero es una profesión, con todas sus partituras en el atril. Reducir una carrera a un grupo de materias, dentro de otra carrera, es reducir las posibilidades de hacer crecer este arte. Lo es desde el momento mismo que el buscador, ese que está dentro de nosotros, no encuentra parangón, un lugar donde desasnarse; pero, también lo es a los ojos de terceros, al interior de una cultura e idiosincrasia que, aún, no entiende y concibe al arte titiritero como un Arte.

En estos días, donde el mundo está patas para arriba como Gregorio Samsa la misma mañana que despertó convertido en cucaracha, no es buena señal el perder espacios de educación, cerrar escuelas. Se trata de abrirlas, más que clausurarlas.
Habrán tenido sus motivos, claro que sí. Pero el daño es irreparable.

Es por ello que el pasado fin de semana, coincidiendo con el Día del Niño, ese amigo tan caro a nosotros, tan cercano y tan curioso que, justamente, nos pide que lo tomemos de la mano y le mostremos el mundo, en esos dos días se llevó a cabo un pequeño festival; que de pequeño no tuvo nada.

Nota: Si te interesa apoyar la iniciativa de reabrir la escuela, se ha abierto un grupo en Facebook.


Publicado el Jueves 13 de agosto de 2009

Etiquetas: , ,