Guiñol del Teatro Candelilla

Guiñol del Teatro Candelilla

Fueron pasando los años y los integrantes de la compañía fueron creciendo. También pasaron los años para los países. Sobre todo aquí, en latino américa, que atravesó procesos difíciles.
Hemos tenido crisis económicas duras; convulsión social; golpes miliares; y luego, democracia: aprender a vivir en democracia, con sus idas y vueltas.

En esta segunda parte, iluminaremos este lado de la historia de Candelilla.

La dictadura

Chile soportó 17 años de dictadura. Fue esa, la de Pinochet, una de las dictaduras más duras. Obviamente, y no iba a ser la excepción, el desarrollo de las artes estaba suspendido. Como en todo régimen de facto, sólo importaba “el orden y el trabajo”. Así que, en pos de eso, estaba dirigida la política. Esto afecta cualquier expresión. Además, debe agregarse el condimento de “la censura”.
A pesar de esto, de la hostilidad de un contexto como este, Candelilla siguió adelante. Siguieron con su trabajo, autofinanciándose.

“ …jamás con algún proyecto gubernamental. Es que estábamos en plena dictadura …”

Pero lo sorprendente de todo esto, no es que se hayan auto subsidiado. Sino el haber podido trabajar sin ser molestados, como si se desplazaran por un universo paralelo al de aquél Chile.

“Estaba todo el país con censura. Nosotros siempre trabajamos con eventos, en todas partes; porque nuestros cuentos eran clásicos …”

Parece que al censor le gustaba mucho Caperucita. Bueno, humorada al margen, más sorprendente que esto, es el hecho que en un momento determinado su trabajo toma una posición política, aunque no manifiesta.

Elizabeth me cuenta que sintieron necesidad de ir a dar un apoyo moral a las presas políticas. Así que se fueron con su teatro a los penales, donde estaban alojados los detenidos del régimen.

“ … hicimos funciones en la carcel, para las presas políticas; con miedo. Pero jamás nos pasó nada, porque teníamos una estrella, creo …”

Y sí que la tenían. Y también la tuvieron aquellas detenidas, presas políticas, que tuvieron la suerte de alegrar su tristeza con los títeres de Candelilla.

El camino a la democracia y su retorno

Durante los ochenta, la dictadura empezó a temblequear. Se le iban aflojando las piernas. Mucha gente de la cultura hizo fuerza para que cayera; desde sus lugares. Chile necesitaba un cambio, necesitaba aire y libertad. Así, de a poco, muchos artistas participaron en movimientos para retornar a la vida en democracia. Candelilla también.

Hasta que al fin, cuando la década se extinguía, las botas dejaron de brillar. El pueblo eligió representantes: a partir de ese momento, la vida civil sería organizada y decidida por civiles. Un montón de posibilidades se presentaban.
La gente de las artes esperaban, no en vano, que ahora se impulsaran las disciplinas artísticas. Su país lo necesitaba, luego de tanto ran – tan – tan de tambores. Sin embargo, no fue así.

Es cierto que empezar, siempre es difícil. Pero si para ello se elige a personas poco calificadas, es más difícil aún.
Paradójicamente, con el regreso de la democracia, los Guzmán vieron como sus posibilidades laborales mermaban.

“Cuando llegó la democracia quedamos fuera del sistema. Todo empezó a desarrollarse con proyectos. Llegó gente de otros países a ocupar los cargos de cultura y ellos tenían a sus amigos. No reconocieron nuestra trayectoria; ni siquiera el apoyo que dimos para la vuelta de la democracia …”

Esto afectó gravemente a la compañía. Recordemos que toda la familia vivía de este oficio. Y pronto se quedaron sin trabajo.

“ … Estábamos muy mal. Mis hermanos ya habían dejado los títeres; incluso mi hijo …Trabajaban en fábricas, para mantener su familia …”.
Qué mordaz ironía. Quién debió enaltecer a los artistas, terminó por hacer el trabajo de su oscuro antecesor.

Pero, como dicen los chinos, de la crisis nace la oportunidad. A raíz de esta triste situación, surge una nueva etapa para Candelilla: la era de los festivales.

Los Festivales

Desmoralizada, pero no rendida, Elizabeth se empecinó en revivir la compañía que, en definitiva, era revivir su familia, su vida.
Con motivo de los cuarenta años de existencia del grupo, se le ocurrió organizar un Festival Internacional, en el año 2000. ¡Vaya tarea!, si tenemos en cuenta que no recibían apoyo alguno. Y que, además, estaban atravesando un mal momento económico.

“Todo ha sido autogestión. Los grupos que vinieron, hicieron funciones en las escuelas que siempre nos recibían …”

El ingenio sobre la fuerza. Ese fue el lema implícito. Elizabeth apeló a su voluntad. Nació allí el Festival Internacional de títeres “Candelilla”.
Este festival, no es como los demás. Tiene un toque de polvo de hadas. Sí. Cuando uno ve imágenes, fotos, no puede dejar de empaparse con la calidez que despide. Es todo muy íntimo, muy reconfortante. Como un viaje entre amigos de toda la vida a un lugar místico.

Los participantes se alojan en casas de familia. Allí comen, también. Entre todos se encargan del transporte, la organización y las eventualidades. Por último, Don Guzmán los recibe en su casa, con una cena, que termina siendo una fiesta.

A ese primer llamado, respondieron elencos Argentina, Perú, Bolivia y Chile. Pero con el tiempo, la convocatoria fue creciendo. Hasta hoy, han recibido compañías de Argentina, Perú, Bolivia, Brasil, Colombia, Cuba, España, República Checa, Venezuela y Uruguay. En total, 56 elencos en 9 años.

También han podido conseguir ayuda de algunos municipios, que aportan una pequeña subvención que sirve para costear los alimentos y el traslado interno.

Podríamos decir, y en esto estoy totalmente convencido, que hay otra manera de llevar el oficio adelante. No necesariamente con grandes inversiones y muchos gastos. Claro que nos merecemos un hotel de cinco estrellas; pero por aquí, la realidad es otra. Y creo que el ejemplo de Elizabeth y Candelilla nos sirve para aprender.
Al revés de lo que la lógica haría suponer, este año harán el Primer Festival Nacional Candelilla, con elencos y compañías chilenas.

Los talleres

Dentro del marco de los festivales, también ocurren otras cosas. Imaginemos a los Guzmán como gente interactiva, que gusta de relacionarse. Siendo que son así, no podemos esperar que las cosas vayan en una sola dirección. Así que incorporaron talleres y clínicas de formación, que han ido cobrando vida propia y se mueven con sus propios tiempos y ritmos.

Pero, además, han abierto en su hogar una escuela de formación. Aquí se dictan talleres anuales. Se enseña Artes Titiriteras, a los niños.
Y, además, ha surgido una rama dentro de los talleres, que podría denominarse de “Formación de titiriteros”. Se le ofrece a dos muchachos jóvenes, que asisten al taller de artes titiriteras, aprender el oficio. Así, de a poco, van formando nuevos titiriteros.

Hasta aquí, la historia de esta gran familia. Voy a terminar como empecé. Es destino de los titiriteros ser trashumante; el viajar de un lugar a otro, con sus historias. Los caminos han cambiado: antes eran de tierra; ahora hasta los hay virtuales. Es así que conocí un grupo de personas que han dedicado su vida, y las de su descendencia, a un sueño: que el mundo sea colorido.

Teatro trasgeneracional. Algo que no es muy común por estas tierras. Pero, lo más sorprendente para mi, fue encontrar en ellos la certeza de que vivir en la magia es posible. Gracias.


Publicado el Lunes 6 de julio de 2009

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