Teatro Chileno de Muñecos Candelilla

Teatro Chileno de Muñecos Candelilla

Antes, los caminos eran de tierra. Siguiendo la huella, eran atravesados por carros. Luego fueron máquinas. Hoy día, hay otros caminos; casi invisibles se diría: los caminos de la informática, caminos virtuales. Y siguiendo esa huella, es que conocí la historia de una familia. Tres generaciones rendidas al encanto del teatro de títeres. Y es esto, el hecho de contar con un elenco generacional en latinoamérica, lugar donde hacer arte siempre fue muy difícil, lo que atrajo mi atención. De ellos, de su vida y su entrega, habla ésta nota.

Comienzos.

Allá en Chile, en Santiago, viven unos que dedican todo su tiempo a producir magia. No son magos; son titiriteros. Es el teatro Candelillas y su historia está llena de fantasía. Conocí a una de las integrantes, Elizabeth Guzmán, que fue mi guía en ese recorrido por el tiempo.

“El teatro de títeres Candelilla es fundado en 1958 – me cuenta Elizabeth- en la ciudad de Santiago de Chile, por el matrimonio de Tito Guzmán y Luchita Flores, gracias al entusiasmo y al amor por los títeres … (luego) se han ido incorporando al elenco sus hijos y nietos …”

La historia dice que él, Don Tito, estudiaba teatro en la Universidad de Chile; y que fue allí donde tomó contacto con la titerería. También sabemos que Luchita estudiaba corte y confección. Fue Tito quien convenció a Luchita. Así empezó todo.

“Las primeras funciones eran en el salón de la Parroquia Santa Cristina, en Santiago. Allí comenzaron las funciones …empezaron con una adaptación de Capercita Roja; pero también escribían sus obras. La primera fue ‘El Rey que no sabía sumar’ … Hasta el día de hoy se presentan en el repertorio, que ha aumentado a 30 obras activas.”

Y desde ese día, no pararon. Aprendieron a vivir de su oficio, dedicándole todo el tiempo. Fueron su mejor escenario las escuelas.

La familia.

El matrimonio tuvo ocho hijos, los cuales engrosaron las filas del teatro de títeres, que en su comienzo se llamó Teatro de Títeres de Tito Guzmán. Todos, y cada uno de ellos, aprendieron el oficio de sus padres y colaboraron en los proyectos.

“Somos ocho hermanos. Todos se dedicaron a los títeres; y mis hermanas siguen como técnicas y ayudantes. Sergio (su hermano) tiene su propia compañía. Y yo sigo trabajando sólo con títeres …”

Me atrae mucho la situación, porque me parece casi irreal; la posibilidad de vivir enteramente, no sólo dos personas, sino una familia entera, del arte de los títeres aquí, en suelo americano. Pues siempre le ha sido muy difícil a los artistas hacer de su arte, un modo de vida. Pero en este caso, al perecer, sí se pudo.

“ …(ellos) siempre han vivido puramente de los títeres. Desde que empezaron.”

La carpa y los veranos.

Llevaban varios años de oficio, cuando Tito Guzmán y su familia fueron a probar suerte a la playa. En los veranos, la gente de Chile va a las playas; y estas se llenan de atractivos. Así fue que fueron a dar a algo parecido a un parque de diversiones.

“ … empezamos a trabajar para una señora que tenía un teatro y lo ponía junto a un parque de juegos … pero la señora nos trataba muy mal a todos y a mi padre no le pagaba. Sólo nos daba la comida …”.

La necesidad tiene cara de hereje, dicen. Y de esta situación desagradable, nació la idea de armar su propio teatro ambulante.

“En el año 70 construyeron el teatro móvil, con capacidad para 70 personas … lo pusieron en la playa, todos los veranos, hasta el año 2004 …”

Una estructura de láminas de madera, con techo de carpa se armaba cada verano en los predios linderos a los balnearios, generalmente junto a un patio de juegos. Históricamente, el arte de los títeres encontró lugar en el parque de atracciones y las ferias. ¿Por qué sería esta la excepción?. Así, cada verano, toda la familia se trasladaba hacía la costa; y allí se quedaban durante toda la temporada.

“…(íbamos) hasta con la abuela. Poníamos todo en un camión y nosotros íbamos en tren … Y no sólo estábamos los 8 niños; sino que llegaban también mis primos y mi tío Toño, que ahora tiene su propia compañía de marionetas”

Toda la familia vivía dentro del teatro, que contaba con las instalaciones necesarias.

“El teatro lo diseñó Tito. Tenía tres camarines con cocina … luego estaba la boca con la sala de sonido y repisas para los títeres … (después) venía la sala: el mismo Tito diseñó las bancas, que nosotros pintamos de diversos colores ..”

Elizabeth me cuenta y yo recuerdo la novela “Pequeño Teatro”, de Ana María Matute. Los Guzmán, con esta carpa, han recorrido todo el litoral central de Chile. Fieles, allí estaban verano tras verano.

“ … Verano tras verano, sí, toda la temporada. Los dos meses. Crecimos a la orilla del mar y con títeres…”.

Dedicados al teatro para niños, realizaban cuatro funciones diarias. Imaginemos la situación: de frente el mar, el sol. Debajo la arena … y, de pronto … el anuncio de los títeres. Creo que ningún niño se mantendría al margen de tanta alegría.

“A veces mis hermanos sentaban al Michael Hueso (un títere) en una silla de playa, en la arena, con un cartel … otras, repartíamos volantes vestidos de payaso y cabezudos …”

Una tradición estival, en eso se transformó la carpa de los Guzmán. Pues con el tiempo, ni siquiera tuvieron que presentarse o anunciarse.

“La gente nos buscaba … Luego, el público creció y venían con sus hijos y nietos a las funciones …”.

La carpa fue una gran aventura, que duró 34 veranos. Siempre se sustentó sola, sin apoyo; como gestión privada. Allí creció la familia. Y fue este crecimiento, los proyectos personales de cada uno, que hicieron que el verano de 2004 fuera el último para el teatro ambulante.

La televisión.

Pero los años son más largos que un verano, y la vida continua. Regresados de la carpa, la compañía retomaba sus tareas habituales, dando funciones en las escuelas, en los cumpleaños, en eventos. Pero, casi llegando a la década del 80, un espacio nuevo se les presentaba: la televisión.

“Empezamos en la televisión, ayudando a otra compañía. Mi padre les hacía los muñecos y a mi me llevaban para manipularlos. Yo tenía 13 años … íbamos mi papá, yo y mi hermano mayor Manuel …”

Esos fueron los comienzos en la tele, colaborando con otros titiriteros. Pensemos en esto: para esa altura, los Guzmán estaban consolidados en el teatro de títeres; hasta el punto que un elenco contratado en la televisión, debía solicitar sus servicios. Esto no duró mucho. Después de un tiempo, jugaron en primera.

“ … Después, otro canal nos contrató a nosotros directamente. Allí, yo ya tenía 15 años …”.

Estuvieron seis años, trabajando para el canal 11, con un programa llamado “Los Bochincheros”. Luego pasaron a otro canal, el 13, donde durante dos años formaron parte de “Teleduc” y “Éxito”. Después, la televisión dejó de tener lugar para ellos.

Son cincuenta años de oficio titiritero. El espacio comprime, aquí, en internet. No puedo contarles todo en una sola entrevista, sin que ustedes pierdan la cabeza leyendo. Pero todavía faltan muchas cosas: los tiempos de dictadura, la vuelta a la democracia, los nuevos proyectos, los festivales organizados por Candelillas. Cosas que deben ser contadas. Por eso, mis estimados lectores, en la próxima entrega tendrán la segunda parte de la entrevista a este testimonio del oficio familiar titiritero. Tres generaciones haciendo y viviendo por y para los títeres. Hasta la próxima.


Publicado el Lunes 29 de junio de 2009

Etiquetas: