
La edición 2009 de Teatralia ya ha puesto en escena uno de sus platos más apetitosos, al menos desde el punto de vista titiritero. Una Antígona de papel, un intento de desarrugar el mito se estrenó hace ya año y medio en Francia y estos días ha pasado por el Centro de Producción Audiovisual de Autor de Madrid. La compañía Les Anges au Plafond (Los Ángeles en el Techo) estuvieron a la altura y nos regalaron un espectáculo de gran belleza plástica, una revisión del clásico de Sófocles en papel arrugado, con títeres de bella factura en un escenario de tonos terrosos, papel de todo tipo, luces, sombras y mucha magia.
Entramos y nos encontramos una escena con público enfrentado, un ambiente íntimo ambientado por dos violonchelos. Todo es cercano, sensitivo. Una escena sobre el suelo, ante nosotros. No se ve títere alguno, sólo otras dos mujeres que pasean por el mundo en papel. Entonces Camille Trouvé empieza a descubrir uno a uno los personajes, esos títeres de belleza arrugada que ella misma soñó y construyó. Se nos presentan los personajes y la historia comienza.
Un Creonte venido a menos en su minúsculo trono, su gracioso pájaro asesor, la valiente Antígona… son sólo algunos de ellos, que además de compartir alma de papel, eran manipulados todos por Camille Trouvé. Así comienza su largo recital de manipulación a la vista. Se oculta y se muestra tras ellos, o bajo ellos, salta, corretea, pero siempre con esa mirada apasionada que les insuflaba una vida que llegaba hasta las gradas. Muy cerca, aunque invisible la mayor parte del tiempo, una cuarta mujer asiste y cierra el perfecto manejo del espacio escénico.
El espectáculo, al que se le podría achacar demasiada complejidad argumental para un público infantil-juvenil, va cogiendo forma y enganchando al público. Pero sobre todo, va dejando huella su belleza visual. La música de los chelos, los detalles ambientales realizados con sombras, todo confluye hacia lo mismo: un espectáculo de bella manufactura, muestra de dominio sobre personajes, accesorios y espacio escénico.

Entre delicadas melodías o danzarines pizzicatos, la maestría de Camille Trouvé sigue calando en el público. Ya sea dando vida a Antígona, al apesadumbrado Creonte o a los divertidos soldados (creando un muy logrado efecto de triple personaje), sus registros y su ilusión elevan la elegancia del montaje a altos niveles. Es un montaje arriesgado y de aparatosa implementación, pero el resultado merece la pena. Las cuatro mujeres demuestran su —nunca mejor dicho— savoir faire y dejan un buen sabor de boca final.
En definitiva, un despliegue visual y escénico de alto copete, que rematado por una historia un poco menos densa habría creado un espectáculo irrepetible. De todas formas, lo es. Por ello, al final nos quitamos ante ellas el sombrero invisible y aplaudimos a rabiar como niños…
Publicado el Martes 10 de marzo de 2009
Etiquetas: Teatralia


