Vivo del cuento y te lo cuento
Versión para imprimir Sábado 5 de Julio de 2008 (Textos) por José Luis.

El otro día, por razones que no vienen al caso, andaba yo absorto con la lectura del prólogo que escribió Amando Lázaro Ros a las obras completas de Sir Arthur Conan Doyle, editadas en 1960 por la Editorial Aguilar.
El prólogo es impresionante y las consideraciones que hace el señor Lázaro Ros -aunque dedicado por su autor a comentar la literatura y los autores literarios- fue leído por mi como si se refiriera a las artes escénicas, a los autores que se dedican a ella y a los gestores que la promueven.
Leed y meditad sobre un texto escrito hace 38 años por uno de los traductores más prolíficos que ha tenido el mundo de la traducción en castellano.
Leed y meditad, meditad y leed. Pero ante todo, que no pare la fiesta.
Mi padre siempre dijo de mí que vivía del cuento y para darle la razón mi hermana también se hizo titiritera y así ambos nos dedicamos a vivir del cuento, cada uno con el suyo.
¿Viven los titiriteros del cuento?, ¿viven los autores teatrales del cuento? Algunos lo niegan, otros afirman que la época en la que el teatro contaba una historia ha terminado, los más iluminados afirman que ha llegado la era del teatro visual.
Ese es otro cuento, no uno chino, sino más bien de perogrullo.
Dice a este propósito Lázaro Ros:
“¿Que es un cuento? El relato de un suceso que se sale de la rutina diaria y de la medida corriente. Pero la sazón y la salsa del relato es el saber contarlo, el tener al auditorio pendiente de los labios del narrador. La vida de los grupos humanos ha sufrido muchas modificaciones desde la época de las cuevas de Altamira; al compás de esas modificaciones han ido cambiando los temas de los cuentos, es decir, los sucesos que se salían de la rutina y excedían a la medida corriente. Lo que no ha cambiado, ni puede cambiar de manera fundamental, es el arte de contarlos”.
Dramaturgia, decimos, cuando nos ponemos cultos.
Algo más adelante el prologista afirma que saber contar una historia es tan importante a la hora de elaborar una novela, como una obra de teatro, un guión para televisión o para la radio.
“Yo no quiero que se escriban novelas calcadas en los cuentos de las cuevas prehistóricas. No es eso. Me limito a llamar la atención de los novelistas y de las gentes de letras en general -titiriteros y aprendices de su arte incluidos- sobre esta perogrullada de que no hay tortilla auténtica sin huevo y que quien no ha sabido contarnos bien un cuento a lo largo de cuatrocientas páginas -o a lo largo de una hora de función teatral- no ha escrito una novela -ni tampoco una obra de títeres para niños, niñas, abuelos o gestores diplomados. Como no nos sirve café quien puso malta en la cafetera. Los mestizajes del cuento con la psicología barata y el psicoanálisis de a perra gorda nos han traído esas novelas -y obras de teatro- mulatas, cuarteronas y ochavonas que leemos con desgana y cerramos con el ¡uf! de quien se ha quitado una carga de encima.
Si por privarse de lucir su talento literario con descripciones de tormentas, amaneceres y clarores de luna, y su saber con lecciones de historia anti-esto y pro-lo-otro, le va a salir la criatura con un antojo morado en un carrillo, escríbalas; pero ¡colóquelas todas juntas al final del tomo, en un apéndice, fuera de la novela! No faltarán refinados valerosos que las lean. Pero deje que el cuento discurra sin entorpecimientos para que el lector no se salte la página y murmure entre dientes: ‘¡Pelmazo!’.
Lector: Me vuelvo a las cuevas de Altamira. Puedes llamarme a boca llena troglodita, que no me ofende la verdad”.
El teatro -incluso el de títeres- estará siempre lleno de historias y los trogloditas como yo siempre aplaudiremos ese cuento bien contado, esa historia bien construida que nos hace abrir los ojos a lo grande y exclamar con asombro: ‘¡Ugh!’
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Un comentario en “Vivo del cuento y te lo cuento”
‘¡Ugh!’ yo también soy troglodita.







Marcelo Rocca
5 de Julio de 2008 a las 11:12