75 años del Oro del Guiñol en México

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Martes 24 de Junio de 2008 (Historia de los títeres) por José Bolorino.

Piel de papel manos de palo

El pasado 14 de marzo fue una fecha importante para el teatro guiñol en México: cumplió 75 años de entretener a chicos y grandes con esa magia que lo caracteriza.

En otros países se le llama marioneta de mano, títere de funda o títere de guante; en México se le quedó el nombre francés debido a que en tiempos de Maximiliano, cuando las invasiones franceses, un titiritero llegó a México en las naves invasoras, venía para entretener a los soldados y era manipulador de un Monsiuer Guignol cuyos orígenes se remontan a la ciudad de Lyon y quizá más atrás…

Artículo de Guillermo Murray

Lo cierto es que se fue a vivir a la ciudad de Zacatecas, se casó con mexicana y fundó un teatro cuya técnica había sido olvidada en nuestro país, pues con la llegada de los españoles y durante la Colonia lo que prevaleció fue el arte de la marioneta, tal y como nos las describe Cervantes cuando narra las desventuras del Hidalgo de la Mancha con el Maese Pedro y el Retablillo de las Maravillas.

Pero no prosperó. No al menos como ocurriría en 1933, cuando da inicio la llamada época de oro del guiñol en México.

La primera obra que se escribió para teatro guiñol en México fue “El gigante Melchor”, de la dramaturga y pintora Elena Huerta Busquis.

Elenita, como la llamaban, se había unido a aquel grupo de titiriteros integrado por escultores, pintores, muralistas y artistas de aquel tiempo, que recién habían llegado de Francia, y traían la cabeza llena de fantasía.

Historia singular. Cuando los descendientes de Sandino le piden a Germán List Arzubide que entregue la bandera sandinista a los soviets de la URSS y que no sea el imperialismo yanki la que se apodere de ésta. List Arzubide se envuelve en la bandera, como si fuera un niño héroe y llega a la Unión Soviética, donde queda fascinado por el teatro dirigido a los niños y a los jóvenes. Luego, de regreso, en la Plaza de Luxemburgo en París, se topa con Guignol.

En París se reúne con Diego Rivera, Angelina Bellof, Germán y Lola Cueto y mi maestro Roberto Lago; juntos deciden regresar a México y crear el teatro de títeres nacional. Lo hacen. La idea germina.

El entonces Departamento de las Bellas Artes, dependencia de la incipiente Secretaría de Educación, conforma el primer teatro guiñol de México. Son tres grupos: el primero llevó por nombre El Nahual, en él estuvieron los Cueto y Roberto Lago; recibió este nombre que significa “nuestra alma gemela”, por el poema para títeres homónimo escrito por Lola Cueto. El segundo se llamó Comino, a este grupo Germán List Arzubide, padre del estridentismo, le dedicó su producción como dramaturgo. Lo dirigió Loló Alva de la Canal, hermana de Ramón, quien no puedo continuar en el cargo, porque le llamaron a pintar el mural del Día de Muertos en Janitzio. Y el tercero, de nombre Rin rin renacuajo, dirigido por Graciela “Gachita” Amador, tuvo este nombre por el poema sinfónico de Silvestre Revueltas, quien compuso El renacuajo paseador basado en un cuento de la tradición latinoamericana, cuya autoría se atribuye al colombiano Rafael Pombo.

Son muchos los recuerdos que nos quedan de esta época. Las publicaciones de Roberto Lago que en su conjunto se llamaron La hoja del titiritero independiente, razón por la cual las UNIMAS de Latinoamérica honran su memoria, llamando así al periódico digital que nos une, que anteriormente dirigió Ana María Allende y que hoy lleva a efecto nuestra querida Susanita Freire. El libro más conocido de Roberto, Teatro guiñol mexicano. Las obras para teatro de títeres que escribió Germán List Arzubide y que afortunadamente se han compilado en la antología Comino.

Tenemos también, desde 1995, la Fundación Cultural Roberto Lago AC, que dirige Gabriel Díaz Góngora, a quien todos conocemos como Tito Díaz, heredero no sólo de la colección de títeres de Roberto Lago, sino también la que le dejó su padre, el maestro José Díaz, quien fuera uno de los integrantes del Grupo Petul, dirigido por Rosario Castellanos y uno de los pilares del trabajo de alfabetización con títeres no sólo en México, sino también en Venezuela, pues junto con Lago crearon el teatro guiñol alfabetizador del país hermano. Se pueden comunicar con Tito a su correo fcrlac95@hotmail.com Pues desde hace años busca, sin encontrar, un espacio físico donde crear el Museo. Las autoridades de México no escuchan o no quieren hacerlo.

Tenemos, también, por supuesto, la colección de títeres originales y réplicas que se conservan en la sala El guiñol de Bellas Artes del Museo Nacional del Títere, en Huamantla, Tlaxcala. Colección en la que me basé para crear la exposición El Oro del Guiñol de México: 1933-1960, que se exhibió en el Museo Nacional de Culturas Populares en 1995 y que fue mi último homenaje a mi querido maestro, Roberto Lago, quien falleció al poco tiempo; tuve la alegría de que el vio este trabajo.

Exposición e investigación sobre la que nos basamos la doctora Sonia Iglesias, entonces directora del departamento de investigación del Museo de Culturas Populares y yo, para crear el libro Piel de papel, manos de palo. Historia de los títeres en México (premio FONCA 1995. Véase imagen anexa) Al que hoy, más humildemente llamaría “una historia más de algunos títeres en México”.

Cierro entonces este brevísimo recuento, con el ánimo de haber despertado en los lectores el ansia por conocer más acerca de la historia de nuestro arte. Tito en Mérida, el Museo en Huamantla y un servidor en Morelia, hemos querido recordar, cada uno a nuestra manera, ese tiempo dorado en el cual los títeres tuvieron una misión.

El autor de este artículo es Guillermo Murray.
Este artículo forma parte del concurso de artículos sobre títeres convocado por titerenet y está publicado bajo una licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 2.5 España.

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